León XIV reclama una Iglesia que desenmascare la desigualdad y la injusticia

El Papa inicia un nuevo ciclo de catequesis sobre Gaudium et spes y pide abandonar la pasividad ante la injusticia, la desigualdad, la discriminación y la violencia para escuchar a quienes sufren y comprometerse con la transformación de la realidad
León XIV ha reclamado una Iglesia capaz de escuchar los sufrimientos de su tiempo, implicarse en la historia y desenmascarar las contradicciones de un mundo que multiplica sus posibilidades científicas, tecnológicas y económicas mientras mantiene a gran parte de la humanidad excluida de los bienes necesarios para vivir con dignidad.
El pontífice inició este miércoles 2 de septiembre un nuevo ciclo de catequesis dedicado a la constitución pastoral Gaudium et spes, uno de los principales documentos del Concilio Vaticano II, centrado en la relación de la Iglesia con el mundo actual.
Frente a una presencia eclesial pasiva o indiferente, León XIV afirmó que los creyentes están llamados a “escuchar con el corazón, dejarse interpelar, involucrarse”. Esta disposición debe conducirlos a hacerse cargo especialmente de quienes sufren injusticia, discriminación y violencia.
El Papa recuperó las palabras con las que comienza Gaudium et spes, que declara que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias” de las personas de nuestro tiempo, sobre todo de quienes viven en la pobreza o sufren, son también las de los discípulos de Cristo.
Esta identificación con la humanidad constituye, según explicó, un elemento esencial de la naturaleza pastoral de la Iglesia. Supone compartir la vida de las personas y abandonar cualquier posición de espectadora desinteresada ante los cambios profundos que atraviesan las sociedades.
Escuchar los signos de la época
León XIV recordó el “deber permanente” de la Iglesia de examinar los signos de cada época e interpretarlos a la luz del Evangelio. Esta tarea exige cercanía con la humanidad y una disposición a dejarse interpelar por los acontecimientos y por las vidas concretas.
El pontífice situó esta escucha dentro de un proceso de conversión eclesial. La Iglesia, señaló, no debe actuar movida por ninguna “ambición terrena”, sino continuar la obra de Cristo, que vino “para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido”.
La opción por las personas empobrecidas tampoco puede entenderse como un añadido político, cultural o sociológico a la fe. Citando al papa Francisco en Evangelii gaudium, León XIV recordó que constituye una categoría teológica que lleva a reconocer a Cristo en los pobres, prestarles voz en sus causas, escuchar sus experiencias y acoger la sabiduría que transmiten.
Esta perspectiva otorga un contenido concreto a la idea de una Iglesia en escucha. Escuchar significa acercarse a quienes sufren, compartir sus dificultades y asumir compromisos capaces de ofrecer respuestas. La solidaridad cristiana, por tanto, no queda reducida a una disposición moral o a una declaración de buenas intenciones.
Las contradicciones del progreso
El Papa dedicó una parte central de la catequesis a las contradicciones que atraviesan la vida contemporánea. El progreso científico y tecnológico ofrece posibilidades cada vez mayores, pero sus beneficios quedan reservados con frecuencia a una parte de la población y no siempre se ponen al servicio del ser humano.
También existe un conocimiento más profundo de las leyes que gobiernan la vida social, acompañado, sin embargo, de una creciente incertidumbre sobre la dirección que debe tomar la sociedad.
La contradicción se hace especialmente visible en el terreno económico. Nunca habían existido tantas riquezas, posibilidades y poder económico, pero “una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria”. La abundancia global convive con una distribución que excluye a millones de personas de los bienes necesarios para vivir con dignidad.
Esta lectura interpela directamente al mundo del trabajo. El desarrollo tecnológico y económico solo puede considerarse verdadero progreso cuando se orienta al servicio de las personas, distribuye sus beneficios, protege a quienes permanecen en los márgenes y permite construir vidas dignas. Una innovación que incrementa la riqueza mientras amplía las desigualdades forma parte de las contradicciones que la Iglesia está llamada a desvelar.
El planeta y la falsa solución de la guerra
León XIV señaló otras dos incoherencias de nuestro tiempo. Por una parte, existe una conciencia creciente de que está en juego el futuro del planeta, pero persiste la incapacidad de renunciar al consumo egoísta. Por otra, las sociedades conocen las consecuencias destructivas de los conflictos y, aun así, mantienen “la ilusión de que la guerra es una vía eficaz para construir la paz”.
De este modo, la crisis ecológica, la desigualdad y la guerra aparecen unidas por modelos que anteponen la acumulación, el dominio y los intereses particulares al cuidado de la vida.
Ante estos desequilibrios, el Papa pidió una Iglesia al servicio del ser humano, capaz de escuchar los interrogantes más profundos de las mujeres y los hombres de hoy. Su misión no consiste en observar el mundo desde fuera, sino en caminar con la humanidad, acompañar a quienes sufren y contribuir a transformar las estructuras que generan exclusión y violencia.
“La alegría y la esperanza —gaudium et spes–” deben ser, concluyó León XIV, los rasgos de una Iglesia cercana a las personas de nuestro tiempo. Una Iglesia cuya credibilidad dependerá de su capacidad para escuchar a los pobres, implicarse ante la injusticia y convertir el Evangelio en servicio.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



