La JOC denuncia que la crisis de la vivienda impide a la juventud obrera construir un proyecto de vida

La Juventud Obrera Cristiana reunirá el 26 de septiembre en Elche a militantes de distintas diócesis para compartir las conclusiones de su campaña sobre vivienda y convertir el diagnóstico de precariedad, ansiedad y falta de autonomía en compromisos y actuaciones locales
La imposibilidad de acceder a una vivienda digna no solo retrasa la emancipación de la juventud trabajadora. También condiciona dónde puede trabajar, cuánto tiempo debe dedicar a desplazarse, con quién puede convivir y qué proyectos personales, familiares o comunitarios puede plantearse. Es la principal conclusión alcanzada por la Juventud Obrera Cristiana (JOC) tras varios meses escuchando y analizando las experiencias de jóvenes de sus diferentes territorios.
El movimiento especializado de Acción Católica protagonizado por jóvenes celebrará el próximo 26 de septiembre en Elche el acto central de “Defender nuestro derecho: todas bajo un techo”, su campaña estatal sobre el acceso a la vivienda. El encuentro no supondrá la clausura del proceso, sino el paso del análisis a la acción: servirá para compartir lo descubierto, concretar compromisos y promover actuaciones locales frente a lo que la organización define como una crisis estructural.
Cuando la JOC puso en marcha la campaña el pasado marzo, se propuso escuchar a las personas jóvenes afectadas, contrastar sus experiencias con datos y estudios e iluminar la reflexión desde el Evangelio y la tradición de lucha del movimiento obrero. Seis meses después, su conclusión es tajante: la vivienda ha dejado de tratarse como un derecho y se ha convertido en una mercancía que limita la libertad y el futuro de la juventud trabajadora.
Vivir con la familia o sobrevivir de alquiler
La campaña ha encontrado situaciones diferentes atravesadas por una misma precariedad: jóvenes que solo pueden plantearse la emancipación si viven en pareja; personas obligadas a aceptar alquileres en malas condiciones; trabajadoras y estudiantes que dedican horas a desplazarse porque no pueden pagar una vivienda cercana; y hogares afectados por el hacinamiento, las humedades, la falta de luz, los problemas de accesibilidad o la ausencia de intimidad.
Para muchas personas jóvenes, la posibilidad de comprar una vivienda ni siquiera aparece ya como una alternativa real. Las opciones se reducen a permanecer en el hogar familiar o recurrir a un alquiler que absorbe buena parte de sus ingresos.
Seguir viviendo con la familia puede proporcionar cierta estabilidad material, pero la JOC advierte de que se trata de una “falsa comodidad”. En numerosos casos no responde a una elección, sino a la falta de recursos. La emancipación queda aplazada, con frecuencia, hasta después de los 30 años.
El alquiler tampoco garantiza una autonomía plena. Los precios obligan a vivir al día, dificultan el ahorro y atan a las personas jóvenes a la necesidad de conservar empleos que muchas veces son precarios. “Aunque dejemos de vivir con nuestros padres, quedamos atados a la necesidad de mantener un empleo”, señala el dosier elaborado por el movimiento.
La consecuencia es que decisiones esenciales quedan sometidas a la capacidad económica. La vivienda determina el lugar de trabajo o estudio, el tiempo empleado en los trayectos y la posibilidad de iniciar un proyecto de vida propio, en pareja o en familia.
“No se trata solo de un problema generacional, sino de una crisis estructural en la que la vivienda se ha convertido en una mercancía, mientras cada vez más jóvenes ven imposible acceder a un hogar digno”, concluye la JOC. El movimiento cuestiona, además, que ante un problema colectivo únicamente se ofrezcan salidas individuales: compartir piso por obligación, alejarse del lugar de trabajo, permanecer en casa de la familia o aceptar condiciones habitacionales indignas.
La exclusión se agrava en el caso de las personas migrantes, que afrontan racismo y prejuicios al buscar una vivienda. La organización también señala el clasismo de requisitos como la presentación de varias nóminas, contratos indefinidos, avales o seguros de impago que dejan fuera a quienes más necesitan acceder a un alquiler.
Más de la mitad del salario por una habitación
Las experiencias recogidas por la campaña ponen rostro a este diagnóstico. Una militante jocista de Madrid, llegó a plantearse vivir sola después de dos experiencias difíciles en pisos compartidos. Descartó la posibilidad al comprobar que le pedían al menos 450 euros mensuales, más gastos, por estudios de una sola habitación, sin amueblar y en condiciones mínimamente aceptables.
Finalmente, encontró una habitación en un piso compartido con otras dos jóvenes por 460 euros mensuales, gastos incluidos. Su salario, sin embargo, no alcanza habitualmente los 900 euros.
“Más de la mitad se me va con el alquiler. Sé que esto no tiene sentido y en mi día a día me supone mucho”, explica. Su testimonio termina con una pregunta que resume la incertidumbre padecida por muchas personas jóvenes: “De momento, a veces no sé muy bien por qué, aguanto. ¿Pero hasta cuándo?”.
Otra militante, de Sevilla, relata cómo emanciparse le proporcionó intimidad, seguridad, capacidad de cuidar su salud mental y un espacio propio en el que crecer. Sin embargo, cuando tuvo que buscar una nueva vivienda con su pareja, se encontró con pisos de 40 metros cuadrados por 700 euros, humedades ignoradas por las inmobiliarias y un desembolso inicial de 1.800 euros entre el primer mes, la fianza y los gastos de gestión.
También se toparon con propietarios que rechazaban formalizar el contrato de manera que pudieran solicitar el bono joven, viviendas para las que se exigían avales, contratos fijos y nóminas suficientes, y seguros de impago que no lograban superar. La subida de los alquileres terminó expulsándolos de su barrio.
“Nos sentíamos un poco frustradas ante todo lo vivido y además concluimos que no podíamos elegir, estábamos muy condicionadas por el dinero”, reconoce.
La posibilidad de regresar a su barrio llegó gracias a los padres de otro militante, que les ofrecieron una vivienda por 400 euros. La joven destaca que sus nuevos caseros los han tratado “con cariño” y los han puesto “en el centro, más allá del dinero”. La experiencia no resuelve el problema estructural, pero muestra la diferencia entre considerar la vivienda una fuente de rentabilidad o un bien necesario para sostener la vida.
“¿En qué momento nos robaron el derecho a vivir plenamente y lo sustituyeron por un simple sobrevivir?”, se pregunta en su testimonio.
De la angustia a la organización colectiva
La JOC identifica como causas de la crisis la conversión de la vivienda en un bien de inversión, la especulación, los abusos del mercado, el aumento de los pisos turísticos, la insuficiente regulación y la falta de un parque suficiente de vivienda pública y social.
El movimiento también alerta de la aceptación social de la precariedad habitacional y de los discursos que sitúan la ocupación en el centro del debate. A su juicio, estos mensajes desvían la mirada de la especulación, alimentan el miedo y dificultan la movilización colectiva. En sus conclusiones, responsabiliza igualmente “a las políticas de derechas” de bloquear las medidas destinadas a controlar las condiciones abusivas y limitar los precios.
Esta realidad tiene consecuencias directas para la salud mental. Las personas participantes hablan de ansiedad, estrés, inseguridad, miedo al futuro, baja autoestima y sensación de fracaso. También describen mudanzas constantes, amenazas de desahucio, pérdida de las redes vecinales y familiares y dificultades para construir comunidad en los barrios.
Ante la culpabilización individual, la campaña propone recuperar la conciencia colectiva. Para la JOC, su identidad cristiana exige poner a la persona por delante del capital, mirar la realidad desde quienes sufren y denunciar las injusticias. Su carácter obrero la lleva a organizarse con otras personas jóvenes, mientras que su condición juvenil reclama un papel protagonista en la sociedad.
El acto central tendrá lugar en el Colegio Salesiano San Rafael de Elche. La jornada comenzará a las 10:00 horas e incluirá actividades para profundizar en las conclusiones, una ruta por un barrio marcado por la lucha por la vivienda digna y un encuentro festivo.
El objetivo será avanzar desde el “ver” y el “juzgar” hacia el “actuar”, de acuerdo con el método de la Revisión de Vida Obrera. La JOC quiere que las conclusiones no terminen archivadas en un dosier, sino que impulsen propuestas y actuaciones locales junto con otras organizaciones y jóvenes afectados.
Porque, como proclama una de las militantes en su testimonio, “la vida digna no puede ser un lujo, el hogar no debería ser un privilegio y soñar no puede convertirse en un delirio”.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



