León XIV advierte ante la UNESCO del riesgo de que la IA refuerce el poder y la cultura del descarte

El Papa advierte ante la UNESCO de que las nuevas tecnologías pueden ponerse al servicio de las personas o convertirse en instrumentos de “dominación e injusticia” y cuestiona una sociedad que descarta vidas cuando las considera improductivas
León XIV ha reclamado ante la UNESCO una educación capaz de preservar el sentido de lo humano frente al desarrollo de la inteligencia artificial, la concentración de poder y una cultura que mide el valor de las personas por criterios de eficiencia y productividad.
En su segundo gran discurso de este viernes en París, el Papa ha situado la educación, la ciencia y la cultura ante una pregunta que considera urgente: “¿Qué significa ser humano?”. Una cuestión que adquiere nuevas dimensiones cuando capacidades tradicionalmente humanas se transfieren progresivamente a las máquinas.
“En este momento concreto, debemos reconocer que mientras muchas de las ‘obras humanas’ es la guerra; porque en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y de matar”, ha advertido.
Desde esta perspectiva, León XIV ha planteado que las nuevas tecnologías pueden contribuir al desarrollo humano, pero también alimentar nuevas formas de desigualdad y dominación si pierden de vista su finalidad.
“Nuestros esfuerzos en este ámbito deben garantizar que las nuevas tecnologías sigan estando al servicio de la persona humana, en lugar de convertirse en un instrumento más de dominación e injusticia”, ha reclamado ante representantes de los Estados miembros de la UNESCO, organizaciones internacionales, mundo académico y sociedad civil.
La intervención desarrolla desde una perspectiva educativa y social algunas de las cuestiones planteadas horas antes en el Palacio del Elíseo. Allí, León XIV había reclamado discernimiento ético ante una inteligencia artificial que “invade y condiciona nuestra vida cotidiana”. En la UNESCO, el Papa profundiza en qué ocurre cuando la tecnología y la eficiencia terminan condicionando la consideración que merece cada persona.
Cuando la eficiencia decide quién resulta útil
León XIV ha llamado la atención sobre una paradoja: mientras se atribuye “inteligencia” a los sistemas computacionales, las sociedades pueden terminar negando aquello que reconocen como específicamente humano.
“Mientras se atribuye ‘inteligencia’ a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se juzgan según el criterio de la eficiencia y, cuando se considera que ya no son productivas, son rechazadas y descartadas”, ha advertido.
El Papa contrapone esta lógica a una concepción de la persona marcada desde el nacimiento por la necesidad de otras personas. “Somos pobres por nacimiento”, afirma, porque necesitamos “pan y palabras, cuidados y afecto”. Esa dependencia no desaparece completamente en la edad adulta.
Olvidarlo, advierte, puede llevar a considerar la vida no como un don, sino como “un producto” susceptible de explotación. Frente a ello reivindica el cuidado y la responsabilidad como condiciones propias de la existencia humana.
Esta concepción atraviesa también su reflexión sobre la educación. León XIV ha recuperado el Pacto educativo global impulsado por Francisco y ha defendido una formación que no se limite a transmitir conocimientos y capacidades.
“Ninguna educación está completa si no aborda la cuestión del sentido”, ha afirmado, antes de recordar la propuesta de Juan Pablo II de educar para ayudar a la persona a “ser” más y no solamente a “tener” más.
La inteligencia artificial lleva esta cuestión a un nuevo terreno. Los sistemas pueden correlacionar datos, señala León XIV, pero “no pueden responder a las preguntas sobre el sentido de la vida humana, que tiene sus raíces en la experiencia vivida”.
De la Torre de Babel a las nuevas formas de dominación
Para explicar los riesgos asociados al poder, León XIV ha recurrido a la imagen bíblica de la Torre de Babel, que expresa en su primera encíclica Magnifica humanitas.
Babel representa para el Papa una unidad construida mediante la dominación, donde el poder termina ocultando su rostro humano y provocando explotación e injusticia.
El pontífice traslada esa imagen al presente para advertir de una globalización sin fraternidad que puede adoptar “formas rapaces de neocolonialismo”, imponer ideologías y multiplicar “contactos sin vínculos” hasta reducir la vida humana al comercio.
También la comunicación digital forma parte de este problema. León XIV reconoce que las nuevas tecnologías han permitido conectar instantáneamente a personas de todo el mundo, pero advierte de que una comunicación más rápida “no necesariamente” es más verdadera.
Sin un fundamento ético compartido, sostiene, los canales de comunicación pueden multiplicar información falsa, tergiversar palabras y dificultar el diálogo.
De ahí que el Papa vincule la educación con la búsqueda de la verdad, que considera “una cuestión de justicia social y equidad histórica”, y respalde el trabajo de la UNESCO para promover un uso responsable de los medios y herramientas digitales.
El cuidado de quienes pueden ser considerados “improductivos”
La prueba que propone León XIV para evaluar una sociedad aparece al final del discurso: observar cómo trata a las personas más pequeñas, pobres y vulnerables.
El Papa menciona expresamente a los niños en el vientre materno y en los escenarios de guerra; las personas con discapacidad física e intelectual; las personas mayores; los migrantes y refugiados; y “todos aquellos a quienes la arrogancia excluye por considerarlos improductivos”.
“Ellos son la verdadera prueba de nuestras afirmaciones sobre el respeto a la dignidad humana”, ha sostenido.
La educación, la ciencia y la cultura quedan así vinculadas a una determinada concepción del desarrollo: cultivar, en lugar de explotar; cuidar, frente a la posibilidad de saquear; y poner los conocimientos al servicio de la vida.
León XIV extiende este planteamiento al cuidado de la Casa Común. La crisis ecológica, sostiene, es también una “crisis antropológica”, porque la forma de relacionarse con la naturaleza revela igualmente qué consideración se tiene del ser humano.
El horizonte final vuelve a ser la paz. El Papa ha reclamado a la UNESCO reconstruir la confianza entre los pueblos en un momento en que las instituciones internacionales afrontan una “crisis de eficacia” y el diálogo puede ser considerado un obstáculo para actuar.
Frente a esa deriva, ha reivindicado la educación como instrumento para superar los temores recíprocos, la ciencia al servicio de la vida y la cultura como espacio de encuentro entre los pueblos. “La confianza alimenta nuestra esperanza en la caridad, es decir, en el servicio al bien del prójimo”, ha afirmado.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



