La crisis de la OIT entra de lleno en la batalla por su dirección

La crisis de la OIT entra de lleno en la batalla por su dirección
La Organización Internacional del Trabajo afrontará el próximo 7 de septiembre una reunión extraordinaria para decidir una reducción de hasta 73 puestos de plantilla, dentro de un ajuste que puede afectar a unos 120 empleos. La decisión coincide con el cierre de las candidaturas para dirigir el organismo: el actual director general, Gilbert F. Houngbo; la vicepresidenta segunda española, Yolanda Díaz, y el excanciller peruano Javier González-Olaechea competirán en noviembre por hacerse cargo de una organización sometida a una fuerte presión financiera y política

La carrera por la dirección general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha quedado definitivamente configurada como una elección a tres en un momento especialmente delicado para la agencia tripartita de la ONU encargada de promover la justicia social, el trabajo decente y establecer las normas internacionales del trabajo.

El plazo de presentación de candidaturas concluyó el 31 de agosto con la incorporación del peruano Javier González-Olaechea, que se enfrentará a Yolanda Díaz y al actual director general, Gilbert F. Houngbo. Los tres pertenecen el grupo gubernamental, uno de los tres mandantes que forman la singular estructura tripartita de la OIT junto con los representantes de las organizaciones empresariales y de las organizaciones de trabajadores y trabajadoras.

Esta circunstancia resulta relevante porque serán precisamente esos tres bloques los que participen en la elección. El Consejo de Administración, órgano ejecutivo de la OIT, está formado por 56 miembros titulares: 28 representantes de los Gobiernos, 14 de los empleadores y 14 de los trabajadores. Entre sus competencias se encuentra elegir al director general.

La votación secreta tendrá lugar el 16 de noviembre, después de un evento público con los candidatos previsto para el 23 de septiembre y de las audiencias privadas del Consejo de Administración el 9 de noviembre. El mandato comenzará el 1 de octubre de 2027.

Pero la campaña entra ahora en una fase marcada por un problema más inmediato: cómo preservar la capacidad de actuación de una OIT que necesita reducir considerablemente sus gastos por los impagos de Estados Unidos.

Una reunión extraordinaria por los recortes de plantilla

El Consejo de Administración ha convocado para el próximo 7 de septiembre una reunión extraordinaria, dedicada específicamente a la “reducción del número de puestos en el contexto de la aplicación del marco de las medidas de contingencia para el bienio 2026-2027”.

La documentación preparada por la Oficina Internacional del Trabajo calcula que, aun prolongando las restricciones en gastos distintos del personal y manteniendo congelada la contratación hasta diciembre de 2027, será necesario conseguir unos 22 millones de dólares adicionales de ahorro durante el actual bienio.

Eso equivale, según las estimaciones de la propia organización, a reducir alrededor de 120 empleos equivalentes a tiempo completo con efectos desde el 1 de enero de 2027.

El Consejo de Administración deberá pronunciarse además sobre una medida especialmente delicada: reducir hasta 73 puestos de plantilla, lo que permitiría al director general, si finalmente fuera necesario, extinguir contratos de funcionarios con nombramientos sin límite de tiempo. El documento precisa que el conjunto del ajuste continúa estimándose en unos 120 trabajadores.

Se trata de una decisión de carácter excepcional. La disposición del Estatuto del Personal que permite terminar contratos de funcionarios con nombramientos sin límite de tiempo después de una reducción de puestos fue reformada en 1988 y, reconoce la propia OIT, “desde entonces, nunca se ha aplicado”.

El Sindicato del Personal mantiene además una discrepancia jurídica con la Oficina. Considera que el Consejo de Administración carece de autoridad suficiente para efectuar esa reducción sin una delegación expresa de la Conferencia Internacional del Trabajo. La Oficina sostiene, en cambio, que la gravedad de la situación financiera permite al Consejo adoptar la decisión, aunque posteriormente deberá informar a la Conferencia.

La dirección asegura que antes de recurrir a terminaciones involuntarias tratará de reducir su número mediante medidas voluntarias y negociación con la representación sindical.

Los impagos de Estados Unidos, detrás de buena parte de la crisis financiera

La situación presupuestaria ya había entrado en la campaña electoral. Estados Unidos adeuda a la organización alrededor de 280 millones de euros, una cantidad que condiciona gravemente la liquidez de la OIT.

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En ese contexto, Houngbo está intentando recomponer las relaciones con la Administración de Donald Trump y ha dejado abierta la posibilidad de que una persona estadounidense ocupe uno de los principales puestos ejecutivos si Washington regulariza sus contribuciones pendientes.

La cuestión afecta directamente a una de las discusiones centrales de esta elección: hasta qué punto puede mantener la OIT su autonomía y su capacidad normativa cuando su estabilidad económica depende en buena medida de las aportaciones de los Estados.

Houngbo deberá concurrir a la reelección defendiendo la gestión de esta crisis y, al mismo tiempo, explicar cómo pretende reforzar una organización que está reduciendo recursos humanos.

Díaz propone evitar una “gestión del declive”

La candidatura de Yolanda Díaz ha situado precisamente el debilitamiento de la OIT en el centro de su diagnóstico.

Como hemos venido contando, la vicepresidenta española –primera mujer que se presenta a la dirección general de esta agencia– sostiene que la organización se encuentra ante una “encrucijada crítica” y plantea recuperar su protagonismo mediante el fortalecimiento de su capacidad normativa, mayores recursos y una nueva Carta Global de Derechos Laborales que establezca un suelo universal de derechos frente a las transformaciones digital, climática y demográfica.

Su programa reivindica que “la producción normativa constituye el ADN de la OIT y su principal ventaja comparativa en el sistema multilateral” y plantea abandonar cualquier lógica de “gestión del declive”.

La crisis presupuestaria proporciona ahora una dimensión muy concreta a ese planteamiento: la organización tendrá que decidir cómo garantizar el cumplimiento de su mandato con una estructura probablemente más reducida.

Un tercer candidato con perfil conservador y experiencia en la OIT

La principal novedad de los últimos días es la entrada de Javier González-Olaechea, presentado por el Gobierno peruano de Fujimori. Excanciller y antiguo alto funcionario de la OIT, acumula experiencia tanto en la Administración peruana como en organismos internacionales. También ha trabajado en los ministerios de Trabajo, Interior y Energía y Minas y fue asesor del antiguo secretario general de Naciones Unidas Javier Pérez de Cuéllar.

González-Olaechea procede del espacio conservador peruano, mantiene posiciones soberanistas en política exterior y un marcado discurso anticomunista. También ha manifestado su admiración por Elon Musk, en un mensaje en el que contestaba al excolaborador de Donald Trump, cuando  ridiculizaba las políticas LGTBI+ y la cooperación internacional.

Su trayectoria política presenta también episodios controvertidos. En junio de este año difundió en su cuenta de X como “sabias palabras de nuestro pontífice” una imagen que atribuía falsamente al papa León XIV la frase: “El comunismo siempre construye el infierno en la tierra sin alma y sin Dios”. La afirmación no pertenece al pontífice. El episodio se suma a anteriores controversias en Perú relacionadas con sus mensajes sobre el supuesto fraude electoral de 2021.

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