León XIV pide destinar a combatir la pobreza y cuidar la creación los recursos invertidos en la guerra

El Papa denuncia que los conflictos armados provocan una destrucción social y ecológica que perdura durante generaciones y reclama transformar los instrumentos de muerte en recursos para sostener la vida
León XIV ha pedido reorientar hacia el desarrollo humano integral, la lucha contra la pobreza, la protección de la dignidad y el cuidado de la creación los esfuerzos y recursos destinados actualmente a la guerra.
“Imaginémonos un mundo en el que los esfuerzos que actualmente se invierten en la guerra fueran dirigidos al desarrollo humano integral, al combate de la pobreza, a la protección de la dignidad humana y a la reconciliación de la gente que está dividida”, plantea el pontífice en su mensaje para la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que se celebrará el próximo 1 de septiembre.
El texto adopta como lema la profecía de Isaías: “Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas”. A partir de esta imagen, el Papa relaciona el desarme, la justicia social y la protección ambiental como dimensiones inseparables de la construcción de la paz.
León XIV parte de un mundo atravesado por “múltiples crisis” y un gran sufrimiento humano, mientras se acelera la alteración del equilibrio de la creación. Ambos procesos, sostiene, no pueden contemplarse por separado: constituyen “una única apelación por la sanación y la paz que brota de un mundo herido”.
Una destrucción que perdura durante generaciones
La primera idea central del mensaje es que las consecuencias de la guerra se extienden mucho más allá del campo de batalla. Los conflictos cobran vidas, destruyen familias, obligan a millones de personas a abandonar sus hogares y agravan el miedo, la injusticia y la división.
A esa devastación humana se añade un daño ambiental de larga duración. “La guerra además deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones”, advierte León XIV.
El Papa explica que los conflictos armados y la degradación ambiental alimentan círculos destructivos. La guerra arrasa ecosistemas, contamina recursos esenciales como el aire y el agua y reduce la seguridad alimentaria. Esas consecuencias generan, a su vez, más pobreza, desigualdad y tensiones sociales, capaces de favorecer la aparición de nuevos enfrentamientos.
Las heridas alcanzan así “todo el entramado de la vida”: afectan a las personas y comunidades, deterioran sus relaciones con el conjunto de la humanidad y rompen la armonía con la creación.
Un fracaso político, moral y espiritual
León XIV considera que la guerra muestra la incapacidad humana para respetar la vida y cuidar la tierra recibida. “No es solo un fracaso político, sino también moral y espiritual”, afirma.
La guerra, añade, nace de “deseos distorsionados” y de un uso perverso de la libertad y el poder humanos, por lo que representa “un antitestimonio del Evangelio de la paz”.
El pontífice relaciona la violencia, la injusticia y el daño ecológico con una crisis ética y cultural. Entre sus causas identifica “la pérdida del sentido de los límites, el deseo de dominación, la búsqueda del beneficio inmediato y la incapacidad de reconocer la dignidad dada por Dios a cada persona humana”.
El mensaje sostiene que las estructuras sociales reflejan también el desorden del corazón humano. Por ello, la respuesta necesita reformas políticas y sociales, pero también una conversión personal y colectiva que transforme las relaciones y la manera de ejercer el poder.
León XIV recupera unas palabras de Benedicto XVI para explicar esa relación entre el deterioro interior y la destrucción ambiental: “Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores”.
La conversión ecológica no puede limitarse, por tanto, a “un simple cambio externo”. Requiere reordenar los deseos, sanar las heridas y transformar la indiferencia, la ilusión y la injusticia que atraviesan tanto a las personas como a las estructuras construidas por ellas.
De las armas a los instrumentos de vida
La tercera propuesta del mensaje consiste en convertir aquello que destruye en recursos capaces de proteger y sostener la vida. Para el Papa, la profecía de las espadas transformadas en arados no se dirige solamente a las naciones, sino también a cada persona y comunidad.
“Lo que ha sido utilizado para la destrucción puede ser redirigido hacia la vida: al cuidado de los pobres, al sustento alimentario de los hambrientos y al cuidado de la creación”, señala.
León XIV contrapone las armas a los verdaderos instrumentos para construir la paz. “La verdad, el diálogo, la paciencia, la bondad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el cuidado y el amor”, subraya.
El cuidado de la creación aparece así unido al de los otros “ecosistemas” confiados a la humanidad, como son el de las relaciones humanas y el del propio corazón. La paz comienza en el interior de cada persona, pero debe proyectarse hacia las relaciones, las comunidades y el conjunto del mundo.
Finalmente, el Papa pide avanzar “desde el desierto hacia el jardín, de la división a la comunión y de la violencia a la paz”, para que los recursos empleados en destruir puedan convertirse realmente en medios para combatir el hambre, proteger la dignidad humana, reconciliar a los pueblos y cuidar la casa común.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



