«Tú eres Pedro y te daré las llaves del reino de los cielos»

Lectura del Evangelio según san Mateo (16, 13-20)
Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: –¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
Ellos dijeron: –Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.
Les dijo él: –Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?
Simón Pedro contestó: –Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.
Replicando, Jesús le dijo: –Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo, a mi vez, te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.
Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.
Comentario
Si dividimos, como algunos exégetas proponen, el Evangelio de Mateo en tres partes[1], justo lo que hoy hemos leído es el final de la segunda parte que está dedicada a la evangelización de la zona de Galilea. A partir de ahí comienza, la tercera parte, el periplo que acaba en Jerusalén con la muerte que ya anuncia Jesús en la lectura del próximo domingo.
El texto nos recuerda el lugar, Cesarea de Filipo, zona pagana, donde Jesús tiene con sus discípulos uno de los diálogos más intensos, un diálogo donde acaba implicando personalmente a sus discípulos en la respuesta.
Tiene dos partes, por una parte, está lo que la gente piensa y lo que ellos piensan, a lo que Pedro responde con la síntesis cristológica más importante hecha en el evangelio de Mateo. Por otra parte, está el reconocimiento de Pedro, como cabeza de la comunidad, y la entrega de las llaves expresión de su misión en la Iglesia.
Siempre ha existido la polémica sobre Jesús, y se nota que ocurre desde los primeros años del cristianismo: «¿Quién dice la gente que soy yo?» y en Lucas, por boca de Simeón, dice que será «signo de contradicción».
Jesús no dejó a nadie indiferente: al ser ejecutado, Jesús, para los romanos era un revolucionario político. Alterador del orden público para las autoridades civiles. Para los piadosos un idealista iluminado que pone en peligro la ley de Moisés. Para los zelotes un conservador del que no se podía esperar nada. Para otros un vividor, bebedor, amigo de prostitutas y pecadores. Para el pueblo un profeta, un libertador, un Mesías que terminó frustrado.
Pero la pregunta es personal en este fin de semana. La honestidad no obliga a contestar: «para mí ¿quién es Jesús?».
Lo que dice la gente, tendrá mucho que ver con la imagen que los cristianos estamos dando de Jesús. Lo que dice la gente tendrá que ver con el cómo utilizamos su palabra y su mensaje. Lo que diga la gente tendrá mucho que ver con aquello a lo que estamos comprometidos como cristianos y cristianas, y cómo «hacemos» claro el referente y lo explicitamos, o sea… cómo se explicita nuestra identidad de seguidores de Jesús, el Señor.
Recordar que ser cristiano no es creer en algo, sino creer y seguir a «alguien». Es encontrarnos con alguien vivo que llena de sentido, de forma radical, la vida de todo aquel que se acerca a su persona y empieza a escribir sus historias desde la falsilla más pura del Evangelio (recuerden que falsilla eran aquellos cartoncitos llenos de líneas paralelas que se ponían debajo de los folios transparentes para escribir cartas y no desviarnos o, como decíamos, «para no cambarnos o torcernos») escribir nuestra vida, nuestra historia teniendo debajo la falsilla del Evangelio.
Pero la pregunta sigue siendo un reto: «y tú, ¿quién dices que soy yo?». Nos obliga a preguntarnos si realmente, a ese personaje que ha sido capaz de cambiar la historia de la humanidad le conocemos de verdad, sabemos de su vida, como vivió, lo que significó para los hombres y mujeres de su época. ¿Qué es capaz de aportar al ser humano del siglo XXI? ¿Puede aportar algo a esta sociedad? ¿Tiene algo que aportar a los empobrecidos de la tierra? ¿Tiene algo que aportar ante el dolor, el sufrimiento y la muerte…? ¿Tiene algo que aportar ante la situación frustrante que vivimos hoy: crisis climática, violencia, guerras casi ya mundiales, pandemias, polarización política, deshumanización…?
Quizás estemos esperando a que el mundo se arregle solo por un acto del liberalismo reactivo. No va a ser así, el mundo lo construimos lo seres humanos con propuestas innovadoras que vayan en el sentido contrario de las realidades que se puedan estar moviendo en el liderazgo del mundo. Hace falta nuevos estilos de vida, nuevas relaciones entre los seres humanos… hace falta una propuesta liberadora, fraterna, como la que Jesús presentó con obras y palabras.
«Quien cree en Él está involucrado en la gran obra de renovación inaugurada por el misterio de su pasión, muerte y resurrección, y coopera en la edificación del reino de Dios, aprendiendo a acoger a toda mujer como hermana y a todo hombre como hermano, hijos de un mismo Padre. Así, tanto el anuncio como la experiencia cristiana, guiados por la acción del Espíritu Santo, tienden a generar en el mundo consecuencias sociales» (MH 49).
Hoy no podemos escondernos detrás del consumo como si nada ocurriera, escondernos en nuestras casas esperando que pase el temporal; hoy más que nunca, hay que hacer que la propuesta de Jesús de sentido a este momento de la historia; convertirlo en una oportunidad y ser creativos para llenar de esperanza nuestros barrios y a nuestra gente.
Tenemos que recuperar al Jesús de los caminos polvorientos de Galilea, ese Jesús que nos invita a la adhesión personal, que nos invita a hacer una experiencia de encuentro que llene de sentido la vida de tantos creyentes dispuestos a transformar su vida y la historia que les ha tocado vivir.
La tercera parte del evangelio es algo increíble, Jesús puso en manos de Pedro sus sueños, de forma solemne y con signos inequívocos (roca, atar y desatar, llaves) y, como hemos podido comprobar, Pedro no era perfecto y nunca lo fue… pero quería a Jesús a rabiar. Se había encontrado profundamente con él. También tenemos, nosotras y nosotros, en nuestras manos los sueños de Jesús…
Siempre tenemos que ir revisando como llevamos en nuestras manos esos sueños de Dios. El papa Francisco fue capaz de revisar también su ministerio en la Evangelii gaudium y en el Sínodo.
[1] Esta propuesta es de la Biblia de América, de Verbo Divino. Hay otras propuestas de estructura: Rafael Aguirre Monasterio y Antonio Rguez. Carmona, Evangelios sinópticos y hechos de los apóstoles (2012). Verbo Divino, pág. 294 ss.
•••
Más en Orar en el mundo obrero, 21º Domingo del Tiempo Ordinario.
Apoya y cuida Noticias ObrerasTu aportación hace posible un periodismo comprometido con la dignidad del trabajo, la justicia social y la esperanza. Puedes colaborar también a través de Bizum al 13744. Cualquier aportación, por pequeña que sea, suma y nos ayuda a seguir construyendo, día a día, esta mirada compartida al servicio del bien común

Consiliario general de la HOAC
Cura en Gran Canaria. Diócesis de Canarias
Ordenado el 5 de noviembre 1984 por Ramón Echarren Ystúriz



