Organizaciones cristianas reclaman a Europa avances en la lucha contra la crisis climática y mayor protección a las comunidades vulnerables

Organizaciones cristianas reclaman a Europa avances en la lucha contra la crisis climática y mayor protección a las comunidades vulnerables
Más de 80 organizaciones cristianas han reclamado a los líderes de la Unión Europea que aceleren la eliminación progresiva de los combustibles fósiles y refuercen la protección de las poblaciones más vulnerables ante la crisis climática ante la celebración de la COP31 en Antalya (Turquía).

La coalición ha dirigido una carta conjunta a la presidencia de la Comisión Europea, a su vicepresidencia, al comisario europeo de Acción por el Clima y a la delegación del Parlamento Europeo ante la COP31. En ella reclama que la UE utilice su capacidad de influencia internacional para impulsar compromisos concretos de reducción de las emisiones y situar la protección de las personas más afectadas por el cambio climático en el centro de las negociaciones.

Las organizaciones de inspiración cristianas recuerdan las palabras pronunciadas por el papa León XIV antes de la COP30: “La creación clama a través de las inundaciones, las sequías, las tormentas y el calor implacable… Una de cada tres personas vive en una situación de gran vulnerabilidad debido a estos cambios climáticos”.

El Pontífice añadió que, para estas personas, “el cambio climático no es una amenaza lejana” y que ignorarlas supone “negar nuestra humanidad compartida”.

El llamamiento está liderado por los ocho miembros de la Alianza Europea Laudato Si’ (ELSiA), entre ellos el Movimiento Laudato Si’, CIDSE, Cáritas Europa, el Centro Social Jesuita Europeo (JESC) y Pax Christi Internacional, y cuenta con el respaldo de más de 70 organizaciones cristianas adheridas a la campaña “Europa, Sé Fiel a Nuestra Casa Común”.

Entre las entidades firmantes figuran también Don Bosco Internacional, el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) Europa, Secours Catholique-Cáritas Francia, las Guías y Scouts Católicos de Italia (AGESCI), la Asociación de Misioneros y Religiosos de Irlanda (AMRI), Cordaid, la Red Cristiana Europea por el Medio Ambiente (ECEN) y el Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española.

Una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles

Una de las principales demandas es que la UE impulse una hoja de ruta vinculante para la eliminación progresiva de los combustibles fósiles. Las organizaciones recuperan así el llamamiento realizado por el papa Francisco en Laudate Deum para avanzar hacia el abandono de estas fuentes de energía y proponen como horizonte la eliminación progresiva del carbón en 2030, del gas en 2035 y del petróleo en 2040.

La coalición reclama asimismo eliminar los subsidios a los combustibles fósiles y suspender la concesión de nuevos permisos de exploración. Para las organizaciones cristianas, estos compromisos deben acompañarse de políticas energéticas orientadas al ahorro, la eficiencia y el desarrollo de fuentes renovables.

En este sentido, cuestionan que una mayor electrificación pueda traducirse simplemente en un aumento de la demanda energética. Ante la propuesta de Turquía de alcanzar una tasa de electrificación del 35% en 2035 durante su presidencia de la COP31, ELSiA reclama que este proceso se base exclusivamente en energías renovables y eficiencia energética y que evite nuevas formas de “extractivismo”.

Las entidades plantean incorporar además el principio de “suficiencia” a las políticas europeas, de manera que la transición energética no se limite a cambiar las fuentes de energía, sino que contribuya también a reducir la demanda y el consumo energético insostenible.

“Es vital que el progreso realizado con la eliminación gradual de los combustibles fósiles en la conferencia de Santa Marta continúe hasta la COP31 y más allá”, señaló la directora ejecutiva del Movimiento Laudato Si’, Lorna Gold. A su juicio, la electrificación debe sustentarse “en la eficiencia energética y las energías renovables” y evitar “una creciente dependencia de los combustibles fósiles o el extractivismo”.

Gold afirmó que la coalición representa «las voces de las comunidades religiosas» y reclamó a la UE que utilice su influencia en la COP31 para impulsar el abandono de los combustibles fósiles y la protección de las personas más vulnerables.

Una transición justa y con financiación

La carta reclama también que las decisiones climáticas incorporen una dimensión social. A partir de las negociaciones celebradas en junio en Bonn, las organizaciones piden que la COP31 establezca un mecanismo sólido de transición justa y que la UE dé prioridad a la financiación de una transición socialmente justa en su próximo presupuesto.

Las entidades reclaman que las inversiones europeas respeten estrictamente el principio de «no causar daño significativo», de forma que las medidas destinadas a combatir el cambio climático no generen nuevos impactos sociales o ambientales negativos.

La secretaria general de CIDSE, Josianne Gauthier, subrayó que “la justicia climática comienza por escuchar a quienes ya están soportando la carga más pesada de una crisis que ellos no provocaron”.

Según explicó, las organizaciones asociadas en los países del Sur Global muestran que el cambio climático “no es un desafío abstracto”, sino una realidad que afecta a “la vida, los medios de subsistencia y la dignidad de las personas”.

En este contexto, Gauthier reclamó que Europa asuma en la COP31 su responsabilidad y coloque “la solidaridad, la suficiencia y las necesidades de los más vulnerables en el centro de sus decisiones”.

Junto a la transición energética, la coalición reclama un incremento sustancial de la financiación climática. En concreto, pide triplicar los recursos destinados a adaptación para 2035 y aportar financiación pública urgente para reponer el Fondo de Pérdidas y Daños, que considera insuficientemente dotado frente a las necesidades de las comunidades más afectadas por los impactos climáticos.

Sistemas alimentarios y agroecología

La alimentación constituye otra de las prioridades planteadas por las organizaciones cristianas. La coalición recuerda que los sistemas alimentarios representan alrededor de un tercio de las emisiones globales, mientras que reciben menos del 3% de la financiación internacional destinada a combatir el cambio climático.

Por ello, pide a los gobiernos europeos que contribuyan a desbloquear las negociaciones y establezcan objetivos claros para avanzar hacia sistemas alimentarios resilientes y basados en la agroecología.

La responsable de defensa de la ecología del Centro Social Jesuita Europeo (JESC), Emmanuelle Huet, reclamó a la UE una posición “firme y valiente” ante la COP31, especialmente en un momento en el que, según señaló, la agenda climática afronta retrocesos tanto en el ámbito internacional como nacional.

Huet pidió que los compromisos adoptados en anteriores cumbres climáticas se traduzcan «en acciones concretas y cambios, acompañados de la financiación necesaria».

Las organizaciones cristianas apelan a las instituciones europeas para que avancen en las reducción efectiva del uso de combustibles fósiles, una transición energética socialmente justa, una mayor financiación de la adaptación y las pérdidas y daños y una transformación de los sistemas alimentarios, situando en el centro a las comunidades que soportan de manera más intensa las consecuencias de una crisis climática a la que han contribuido en menor medida.

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