La siniestralidad laboral baja, pero 358 personas trabajadoras han muerto en seis meses

La siniestralidad laboral baja, pero 358 personas trabajadoras han muerto en seis meses
La incidencia de los siniestros laborales mortales en jornada desciende un 4,1%, en una tendencia que CCOO relaciona con la reducción de la temporalidad y la precariedad. El sindicato advierte, sin embargo, del aumento de las muertes por caídas, atrapamientos y aplastamientos, riesgos evitables mediante medidas preventivas básicas

Un total de 358 personas trabajadoras han muerto en accidente laboral durante los seis primeros meses de 2026, cinco menos que en el mismo periodo del año anterior. La siniestralidad laboral continúan mostrando una realidad difícilmente asumible: prácticamente dos personas mueren cada día como consecuencia de su trabajo o en los desplazamientos relacionados con él.

Los últimos datos del avance de accidentes de trabajo del Ministerio de Trabajo y Economía Social registran además 303.853 accidentes con baja entre enero y junio, 5.443 más que durante el mismo periodo de 2025, lo que supone un incremento del 1,8%.

El aumento en términos absolutos se produce, sin embargo, en un contexto de crecimiento del empleo. El índice de incidencia de los accidentes en jornada –que mide el número de accidentes por cada 100.000 personas trabajadoras protegidas por contingencias profesionales y permite realizar comparaciones más precisas– disminuye un 1,1%.

La reducción alcanza a prácticamente todas las actividades. Las excepciones son las actividades sanitarias y de servicios sociales, donde la incidencia aumenta un 1,3%. Entre los mayores descensos destacan las industrias extractivas (-5%) y el sector agrario (-4,7%).

Menos incidencia de siniestros mortales

La evolución es más favorable en los siniestros laborales con resultado de muerte. De las 358 personas trabajadoras fallecidas, 290 perdieron la vida durante la jornada de trabajo y 68 en accidentes in itinere. Respecto al primer semestre de 2025, se han producido cinco muertes menos durante la jornada, mientras que las registradas en los desplazamientos de ida o vuelta del trabajo permanecen sin cambios.

La incidencia de los siniestros laborales mortales en jornada disminuye así un 4,1%. El mayor descenso se registra en la industria (-22,3%), seguido de la construcción (-4,5%) y el sector agrario (-3,1%). En los servicios, por el contrario, aumenta un 1,3%.

Por causas, los infartos y derrames cerebrales continúan siendo el principal motivo de muerte; les siguen las caídas; y los atrapamientos, aplastamientos y amputaciones.

Precisamente estos últimos datos muestran uno de los aspectos más preocupantes de la estadística: las muertes por atrapamientos, aplastamientos o amputaciones han aumentado un 25% y las provocadas por caídas lo han hecho un 4%.

Para CCOO, se trata de riesgos conocidos ante los que existen medidas preventivas. “En 2026 no podemos admitir que aumenten un 25% las muertes por atrapamientos, aplastamientos o amputaciones o un 4% por caídas. Son riesgos groseros, prevenibles con medidas simples y baratas”, denuncia Mariano Sanz, secretario de Salud Laboral y Medio Ambiente de la organización.

El sindicato insiste así en una consideración esencial para interpretar unas estadísticas que representan vidas humanas: los accidentes laborales no pueden asumirse como una consecuencia inevitable de trabajar.

“Cualquier accidente de trabajo es prevenible y 358 muertes sigue siendo una cifra intolerable”, sostiene Sanz.

Menos precariedad, menos siniestralidad

El sindicato liderado por Unai Sordo atribuye buena parte de la evolución descendente de los últimos años a los cambios producidos en el mundo del trabajo después de la pandemia y, particularmente, a la reforma laboral de 2022.

La organización de trabajadoras y trabajadores señala la reducción de la temporalidad y de la rotación en la contratación, dos factores de precariedad estrechamente relacionados con una mayor exposición a los riesgos laborales. Esta transformación ha coincidido, además, con un fuerte crecimiento del empleo, que alcanzó los 22,78 millones de personas ocupadas en el segundo trimestre de 2026.

El sindicato también relaciona la evolución con un mayor crecimiento de actividades intensivas en conocimiento, empleos de mayor valor añadido y ocupaciones cualificadas que presentan índices de siniestralidad más bajos. Junto con la reforma laboral, CCOO señala las subidas del salario mínimo interprofesional y las inversiones vinculadas a los fondos europeos de recuperación.

La lectura sindical resulta relevante porque introduce una cuestión que trasciende las políticas específicamente preventivas: la calidad del empleo también protege la salud y la vida. Reducir la temporalidad, la rotación y otras formas de precariedad puede disminuir la exposición a situaciones de riesgo, aunque por sí solo no sustituye las obligaciones empresariales de prevención ni la necesidad de garantizar su cumplimiento.

Los últimos datos contienen, además, una señal que CCOO considera necesario vigilar. El descenso de la incidencia de los accidentes con baja en jornada se ha moderado desde el 1,8% registrado hasta mayo al 1,1% hasta junio. En los mortales, la reducción ha pasado del 4,6% al 4,1%.

Todavía es pronto para determinar si se trata de una oscilación coyuntural o del inicio de un cambio de tendencia.

Accidentes que permanecían fuera de las estadísticas

CCOO introduce además una cuestión poco visible en las estadísticas oficiales: el posible efecto de la regularización extraordinaria de personas migrantes cuyo plazo de solicitudes terminó el pasado 30 de junio.

La organización considera que la incorporación a la legalidad laboral de personas que hasta ahora trabajaban en situación irregular puede hacer aflorar también accidentes laborales que anteriormente permanecían ocultos.

Muchas de estas personas desempeñan su actividad en ocupaciones especialmente precarias y con índices elevados de siniestralidad, por lo que el sindicato considera posible que este proceso modere en los próximos meses el descenso estadístico de la incidencia.

De producirse, un eventual aumento debería interpretarse con cautela: no necesariamente significaría que se estuvieran produciendo más accidentes, sino que una parte de la siniestralidad hasta ahora invisible comenzaría finalmente a contabilizarse como laboral.

Para consolidar la reducción, el sindicato reclama que el Congreso tramite urgentemente la reforma de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y del Reglamento de los Servicios de Prevención remitida por el Gobierno a las Cortes.

Mariano Sanz considera la actualización de la normativa “la gran asignatura pendiente de este Gobierno en materia laboral” y reclama a los grupos parlamentarios que permitan completar su tramitación.

Los datos del primer semestre permiten constatar una mejora: disminuye la incidencia de los accidentes laborales y, con mayor intensidad, la de los mortales. Pero la estadística también establece los límites de cualquier lectura complaciente. En seis meses, 358 personas han salido de sus casas para trabajar y no han regresado con vida; otras miles han sufrido lesiones, algunas graves.

Que una parte de esas muertes siga produciéndose por caídas, atrapamientos o aplastamientos obliga a mirar más allá de los porcentajes. La prevención de riesgos laborales no es un trámite administrativo ni un coste empresarial: es la obligación de proteger la vida y cuidar la salud de quienes trabajan.

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