Un error en la Matriz: ellos son la mayoría

El activista italiano Luca Casarini reflexiona en este artículo sobre la resistencia de Spin Time ante la amenaza de desalojo y sobre lo que esta experiencia de vivienda, acogida y solidaridad representa en una sociedad atravesada por la desigualdad. Casarini recurre a la metáfora de Matrix para presentar Spin Time como un “error” dentro de un sistema que enfrenta a quienes menos tienen mientras preserva el poder y la riqueza de quienes están arriba. Una minoría, sostiene, que actúa con vocación de mayoría desde una convicción elemental: “primero las personas”.
“Hasta que la última persona no tenga una vivienda donde alojarse, de aquí no se mueve nadie“. Las grandes luchas sociales, como ocurre siempre, se sirven de brújulas particulares para orientarse en medio del mar embravecido.
La sencillez de las reivindicaciones concretas parte no de la necesidad política e identitaria de quienes participan, sino de las necesidades materiales y concretas de quienes viven. “Primero las personas” no es, por tanto, un lema en una única dirección. Vale para todos. Ese “primero las personas” ha pesado mucho a la hora de decidir qué hacer. El contexto en el que todo sucede refleja el estado del mundo, y eso también vale para Roma.
Todo discurso y toda práctica de solidaridad son acciones de una minoría. Si no fuera así, por otra parte, no estaríamos en la situación en la que estamos: desde la guerra y el racismo hasta las condiciones laborales de millones y millones de personas. Si Roma fuera Spin Time, y no una gran ciudad presa de los voraces apetitos de la renta y la especulación, que imponen su ley incluso a las administraciones más virtuosas, no sería la Roma que conocemos y que la mayoría de sus habitantes padece cada día. Y si el mundo fuera Spin Time, no habría doce individuos que poseen una riqueza privada equivalente a la de cuatro mil millones de habitantes del planeta que compartimos.
Pero el contexto es justamente el contrario: Spin Time, y todas las experiencias que remiten a un discurso diferente sobre la solidaridad y la cooperación humana, son una minoría. Un “error en la Matriz”. Sin embargo, las minorías activas, con razón, actúan como mayoría aun sabiendo que no lo son. La llamada mayoría, la que grita contra los migrantes y descarga sus frustraciones contra quienes están peor en lugar de enfrentarse a quienes están mejor, en realidad solo es mayoría cuando se la utiliza como masa de maniobra. Además de corazón, le falta alma. Es una “mayoría” minorizada precisamente porque solo resulta perceptible como servidumbre de quienes realmente mandan. Esta “mayoría minorizada” es el instrumento mediante el cual quienes realmente mandan crean el estado de guerra civil.
Que existe una “guerra entre pobres en la que solo ganan los ricos” es una afirmación tan antigua como el mundo. Pero que empujar hacia la guerra civil sea una estrategia de los de arriba para construir el gobierno violento de quienes están abajo no es algo antiguo. El gran temor del Estado, representado desde Maquiavelo en adelante por la guerra civil, se ha transformado en un instrumento para gobernar sociedades asentadas sobre las desigualdades, sobre el saqueo de los bienes comunes con fines privados y sobre el individualismo más desenfrenado, que se pretende imponer mediante la desertificación del Estado del bienestar.
Así es como el concepto de seguridad ha acabado deslizándose hacia los brazos de la militarización, del Estado policial. Y el impulso interno, desde arriba, hacia una situación de guerra civil se produce en el contexto de una guerra global externa, que constituye hoy la única palanca capaz de configurar un nuevo orden mundial. Spin Time, con la sencillez de su decisión de aplicarse también a sí mismo el “primero las personas”, está intentando, en realidad, escribir algunas páginas del manual necesario para aprender cómo se resiste a la guerra civil sin entrar en ella. Cómo se ejerce el conflicto social saboteando la maquinaria que produce continuamente una guerra entre pobres y que garantiza a los ricos que puedan seguir siéndolo.
Un camino difícil, implacable también con las zonas de confort identitarias sedimentadas en tradiciones gloriosas. Pero el “¿qué hacer?” que parte del objetivo principal, aquel de hace trece años, cuando fue ocupado el edificio del antiguo Inpdap –que quienes están excluidos puedan tener una vivienda–, constituye una opción radical, más difícil, más dura. A partir de aquí, de una vivienda para todos y todas, el campo se amplía. La lucha contra quienes se han adueñado de Roma adquiere concreción, se hace carne. Todo lo demás viene después, y viene precisamente porque estos son los cimientos.
Para comprender el sentido de este verano romano de una minoría con vocación mayoritaria, de un “error” que se niega a dejar de producir resultados imprevistos dentro del sistema, hay que vivirlo de cerca. Hablar con quienes ocupan el edificio, con los activistas y las activistas que están aquí, con los voluntarios y las voluntarias de Protección Civil. La imagen de los policías encerrados dentro, observando desde detrás de las rejas del portal ese extraño mundo que está fuera, expresa bastante bien la idea.

Fundador y portavoz de Mediterranea Saving Humans. Miembro del comité organizador del Encuentro Mundial de Movimientos Populares (EMMP). Participante, con voz y voto, en el sínodo sobre sinodalidad convocado por el papa Francisco



