La ruptura del ascensor social abre espacio a la extrema derecha entre la juventud

Un informe de RUGE-UGT vincula el avance reaccionario entre una parte de los hombres jóvenes con la precariedad, la vivienda inaccesible, la desconfianza institucional y un ecosistema informativo dominado por las redes sociales. Las mujeres de su generación, mientras tanto, constituyen el grupo más progresista de la sociedad española
La extrema derecha no ha conquistado los valores de la mayoría de la juventud, pero sí ha encontrado un terreno fértil en unas vidas bloqueadas por la precariedad, la imposibilidad de emanciparse, el precio de la vivienda y la pérdida de confianza en que el esfuerzo permita progresar.
Esta es una de las lecturas del informe Sociedad y valores. Desmontando el bulo del fascismo, presentado este 12 de agosto por RUGE, la organización juvenil de la Unión General de Trabajadoras y Trabajadores (UGT). El estudio, elaborado por Ateneo del Dato a partir de una encuesta a 2.000 personas, confronta la intención de voto y la identificación ideológica con las posiciones adoptadas ante problemas sociales y económicos concretos.
Cerca del 70% de la población considera que el sistema recompensa el mérito en menor medida que hace veinte años. Entre las personas jóvenes, el 18,1% cree abiertamente que el éxito depende más de factores externos, como la suerte o los contactos, que del esfuerzo personal.
Las mujeres jóvenes son quienes más desconfían del discurso meritocrático. El informe relaciona esa percepción con la precariedad laboral, la brecha salarial y las dificultades para abandonar el hogar familiar y construir un proyecto de vida autónomo.
La ruptura del ascensor social ayuda a explicar el escepticismo de la juventud hacia las instituciones. Para RUGE, no se trata de una generación menos democrática o desinteresada por la política, sino de una demanda de resultados a un sistema que no consigue garantizar empleo estable, vivienda asequible ni seguridad vital.
“La juventud no es una generación mucho menos democrática que nuestros abuelos y abuelas o que nuestros padres y madres”, defendió en rueda de prensa la secretaria general de RUGE, Belén Guirao.
La presentación del estudio coincidió con el Día Internacional de la Juventud y con el 138º aniversario de UGT, fundada el 12 de agosto de 1888. Guirao recordó a quienes fueron “represaliados, perseguidos, encarcelados, torturados o incluso fusilados” por defender “un país más democrático, más igualitario y con más derechos sociales”.
La brecha que separa a mujeres y hombres jóvenes
El malestar socioeconómico no está produciendo una derechización homogénea. La principal fractura política dentro de la juventud no se abre entre generaciones, sino entre mujeres y hombres.
Las mujeres de 18 a 34 años constituyen el sector más progresista de la sociedad española. Los hombres de su generación, por el contrario, ocupan las posiciones más conservadoras, especialmente ante el feminismo y la migración. La distancia entre ambos grupos es mayor en las primeras edades y se va reduciendo hasta prácticamente desaparecer a partir de los 55 años.
“Las jóvenes son quienes sostienen los valores progresistas de nuestra sociedad”, resumió Guirao.
RUGE reconoce que la derecha radical ha logrado avanzar entre los hombres más jóvenes, pero rechaza que su comportamiento se extienda al conjunto de una generación. “Sería un error, igual que es un error ignorarlo o minimizarlo, convertir esa imagen en el retrato de toda una generación”, advirtió su secretaria general.
Incluso entre los hombres jóvenes, las posiciones conservadoras no abarcan todos los ámbitos analizados. La mayor distancia aparece ante el feminismo y las políticas migratorias, pero convive con apoyos mayoritarios a la corresponsabilidad doméstica, los derechos LGTBIQA+ o la existencia del cambio climático.
El feminismo muestra con especial claridad la distancia entre las etiquetas y los valores. Solo el 43,4% de la población se declara feminista. El respaldo asciende al 63,3% cuando la palabra se acompaña de una definición basada en la igualdad de derechos y alcanza el 93,3% cuando se pregunta directamente por la igualdad entre mujeres y hombres sin utilizar el término.
“La sociedad española rechaza una etiqueta y no el valor”, afirmó Guirao.
Los hombres jóvenes son el grupo que presenta una mayor resistencia a la identificación feminista. El 30% se declara “nada feminista”, apenas el 35,8% acepta la etiqueta y el 63% considera que la igualdad real ya se ha alcanzado. Además, un 55% cree que determinadas dinámicas actuales favorecen a las mujeres en perjuicio de los hombres.
Sin embargo, siete de cada diez defienden que cocinar, limpiar o hacer la compra se reparta al 50%. El discurso antifeminista ha conseguido erosionar el concepto, pero no ha eliminado completamente el apoyo práctico a la igualdad.
La misma contradicción aparece ante los derechos LGTBIQA+. El matrimonio entre personas del mismo sexo recibe un respaldo del 73,9% y la adopción, del 66,7%. Entre los hombres jóvenes, el apoyo al matrimonio igualitario alcanza el 69,8%, pero solo el 53% asegura que se sentiría cómodo teniendo un hijo o una hija LGTBIQA+.
Vivienda y protección social frente al individualismo
Los resultados económicos tampoco muestran una sociedad entregada a la desregulación. El 73,7% de la ciudadanía apoya limitar por ley el precio de los alquileres y el 63,1% reclama aumentar la presión fiscal sobre las rentas altas y las grandes empresas. Las reducciones tributarias generalizadas son rechazadas por el 57%.
Estas posiciones atraviesan parcialmente las fronteras ideológicas. Una parte significativa de la juventud conservadora respalda la regulación del alquiler y tres de cada diez personas situadas en la derecha consideran que el Estado debe asumir el grado máximo de responsabilidad sobre las condiciones de vida de la ciudadanía.
El informe encuentra así una distancia entre el voto declarado y las respuestas ofrecidas cuando desaparecen las etiquetas partidistas. La demanda de vivienda regulada, fiscalidad progresiva y protección pública no siempre se transforma en identificación con la izquierda.
“La gente joven y la sociedad en su conjunto es progresista. No saben que son progresistas”, expresó Guirao.
La afirmación forma parte de la interpretación política de RUGE, pero señala uno de los principales desafíos para sindicatos, organizaciones sociales y fuerzas progresistas. Una mayoría puede compartir medidas asociadas históricamente a la izquierda y, sin embargo, no reconocerlas como parte de un proyecto colectivo capaz de representar sus necesidades.
Para la organización juvenil del sindicato liderado por Pepe Álvarez, la extrema derecha está ocupando ese vacío. Capitaliza problemas reales que las instituciones no resuelven y ofrece explicaciones simples, respuestas emocionales y culpables reconocibles ante cuestiones complejas.
La migración es el ámbito en el que esta estrategia ha logrado una mayor penetración. El 73,3% respalda regularizar a las personas migrantes que viven y trabajan en España, pero el 64,8% defiende al mismo tiempo alguna forma de “prioridad nacional” en el acceso a la vivienda y las ayudas sociales.
Los hombres jóvenes encabezan las posiciones más conservadoras, ya que valoran peor la aportación económica de la migración, la relacionan en mayor medida con la delincuencia y muestran una mayor inclinación a creer que las personas migrantes llegan atraídas por los subsidios.
Los hombres mayores se sitúan en el extremo contrario. Son el grupo que más respalda la regularización, con un 77,7%, y el que menos vincula migración, criminalidad y deterioro del Estado del bienestar.
“No es una cuestión de juventud, es una cuestión social que está calando en todos los entramados de la sociedad”, subrayó Guirao. La representación institucional de la extrema derecha, recordó, no procede exclusivamente del voto juvenil, sino también de personas trabajadoras, autónomas y mayores de diferentes edades.
Una batalla política que se libra en las redes
El nuevo ecosistema informativo facilita la transformación del malestar en desconfianza y la desconfianza en adhesión electoral. El 60,6% de las personas jóvenes se informa diariamente mediante las redes sociales, mientras que la prensa escrita y la radio ocupan una posición secundaria.
Además, el 45,5% de la ciudadanía utiliza contenidos de entretenimiento como puerta de entrada a la información. El informe describe un espacio de pódcast, vídeos e influentes fuertemente masculinizado, en el que las temáticas vinculadas con la extrema derecha alcanzan una presencia del 17,5%, superior a la de los contenidos feministas o prograsistas.
RUGE advierte de que las plataformas digitales no fueron concebidas para verificar la información, sino para mantener la atención, favorecer el conflicto y premiar los mensajes capaces de provocar una reacción emocional.
Las campañas de desinformación habrían conseguido erosionar conceptos como feminismo, igualdad o migración sin destruir por completo los valores que contienen. La batalla política se desplaza así hacia el lenguaje: una parte de la población rechaza las palabras progresistas mientras continúa apoyando buena parte de las medidas asociadas a ellas.
La organización juvenil de UGT considera que las fuerzas de izquierda y los movimientos sociales no pueden dar esa disputa por perdida ni limitarse a dirigirse a quienes ya comparten sus códigos. RUGE impulsará una ruta por distintos territorios con talleres y encuentros destinados a recuperar el significado cotidiano de esos valores y promover la participación juvenil.
“Los jóvenes de derechas existen, eso es cierto, pero no son la mayoría”, concluyó Guirao.
El sindicalismo conserva su utilidad, pero se desconocen sus funcionesLos sindicatos mantienen un reconocimiento social superior al que refleja su imagen pública. El 54,1% de la ciudadanía considera que las condiciones laborales empeorarían si no existieran. La afirmación es compartida por el 73,6% de las personas afiliadas, el 60,2% de quienes participan en organizaciones sociales e incluso el 46,6% de la población situada ideológicamente en la derecha. La afiliación sindical alcanza al 9% de las personas encuestadas y se eleva al 11% entre los hombres jóvenes. Los sindicatos son el segundo tipo de organización con mayor afiliación, solo por detrás de las entidades voluntarias, como las asociaciones de madres y padres. El informe detecta, sin embargo, un notable desconocimiento sobre sus funciones. La negociación colectiva es la actividad sindical más reconocida, con un 46,3%, pero solo el 26,2% de los hombres jóvenes sabe identificarla. Las mujeres jóvenes conocen mejor la intervención de los sindicatos en la defensa de los derechos sociales y la salud laboral. Los datos muestran una distancia entre la percepción institucional y la valoración de su función concreta. Incluso entre sectores poco identificados con el sindicalismo persiste un reconocimiento amplio de su utilidad para evitar el deterioro de las condiciones de trabajo. |
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



