Paula Domingo, religiosa vedruna de la Asociación Elín, en Ceuta: “El amor al prójimo no entiende de fronteras”

Paula Domingo, religiosa vedruna de la Asociación Elín, en Ceuta: “El amor al prójimo no entiende de fronteras”
Foto | Paula (tercera por la izuquierda) junto a Cande y migrantes acompañados por la Asocación Elín (vedruna.org)
Desde hace más de veinte años, Paula Domingo comparte vida y compromiso con personas migrantes y refugiadas en Ceuta. A través de la Asociación Elín, trabaja por la defensa de sus derechos y por la creación de espacios de acogida, convivencia y dignidad en una de las fronteras más desiguales de Europa.

 ¿Cómo describiríais la situación que vive Ceuta desde finales de julio?

La gente se siente desamparada y hay agresividad. Estamos ante una crisis humanitaria sin precedentes. Murieron más de 140 personas y entraron 80.000 en una ciudad de 84.000.

En todo este tiempo, el Estado apenas ha hecho nada y el Gobierno de la ciudad no deja que nadie salga hacia la península. Los recursos, los campamentos y tiendas, no tienen condiciones y los trámites son muy lentos. Nadie asume sus competencias ni está poniendo los recursos necesarios para lo que está pasando en uno de los países más ricos de Europa, según dicen.

Cruz Roja está repartiendo entre más de 4.000 raciones de comida al día. Calculamos que hay unas 1.000 mujeres, también de 12, 13 y 14 años vagando por ahí.

¿Cómo están los ánimos de la población?

Sienten desamparo, agresividad, miedo. Es comprensible. Pero estas personas que están aquí no son invasoras. Una invasión no se hace a nado o entrado a pie. Son víctimas de la geopolítica, fueron engañadas. Algunas salieron hace mucho tiempo de países en guerra como Sudán y Mali, otras son perseguidas por su orientación sexual en sus lugares de origen… Marruecos es una dictadura que recibe mucho dinero de España y de la Unión Europea para que controle las fronteras.

¿Cuál ha sido el trabajo de la comunidad Vedruna y la Asociación Elín durante estas semanas?

Llevamos semanas acompañando, acogiendo y reclamando justicia para las personas que siguen siendo víctimas de una situación que se agrava cada día. Han pasado ya casi dos meses y miles de personas continúan viviendo en la calle en Ceuta, sin saber qué ocurrirá con ellas. Tratamos de estar a su lado, documentar su situación y exigir a las administraciones que garanticen los derechos. Recibimos insultos, nos persiguen por ello.

No hemos reunido con los departamentos ministeriales que han pasado por aquí, con los representantes de la ciudad. Nos piden información, pero luego no ponen soluciones.

La Iglesia local hace lo que puede, la Asociación Cardijn acoge a unas 60 personas en extrema vulnerabilidad, familias con hijos y personas LGTBI. Vecinos y colectivos han habilitado recursos propios y espacios improvisados para ofrecer acogida temporal.

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En el centro de la ciudad siguen funcionando los hoteles y restaurantes, las tiendas… En los barrios de la periferia hay más problemas. Por las noches hay ataques a las personas migrantes, a pesar de la presencia de la policía y el ejército.

¿Qué os impulsa a mantener este compromiso?

El Evangelio, La Parábola del Buen Samaritano, Mateo 25… El amor al prójimo no entiende de fronteras, culturas ni diferencias. Jesús nos invita a acercarnos a quien sufre, y a responder desde la compasión activa. No podemos pasar de largo.

Llevamos 27 años en Ceuta acompañando, acogiendo, defendiendo derechos y tratando de sensibilizar sobre lo que lleva a alguien a emprender el viaje migratorio. Hablamos de personas que buscan mejorar sus vidas, que es lo que hacemos todo y todas. Personas que huyen de persecuciones, de guerras, que quieren darle un futuro a sus hijos e hijas. Buscan una vida mejor, como haríamos cualquiera en su situación.

La protección internacional, los derechos humanos, la legislación humanitaria se tiene que respetar, a un lado y otro de la frontera. No es una opción que dependa del momento o la política, es un deber ineludible ante personas cuya dignidad está siendo vulnerada.

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