“Nadie debería perder el derecho a ser tratado como un ser humano”

La Iglesia de Madrid y diversas organizaciones sociales reclamaron este sábado el cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) y denunciaron la vulneración de derechos que, a su juicio, persiste en estos espacios durante una vigilia celebrada junto al CIE de Aluche, coincidiendo con la 112 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado.
Bajo el lema “Sostener la esperanza ante fronteras que encierran”, decenas de personas participaron en el acto de oración y denuncia celebrado en las inmediaciones de la estación de Metro de Aluche, a pocos metros del centro de internamiento madrileño.
La convocatoria forma parte de las actividades organizadas en torno a la jornada que lleva por lema “Incluso uno solo de estos pequeños”, niños y jóvenes migrantes.
Aunque los menores no son internados en los CIE, muchos sufren las consecuencias de la separación familiar cuando sus progenitores o adultos responsables de ellos son retenidos en estos centros. Los participantes alertaron de que estas situaciones generan rupturas afectivas y agravan la vulnerabilidad de niños y adolescentes.
El vicario pastoral de la Archidiócesis de Madrid, José Luis Segovia, asistió al encuentro en el que defendió la necesidad de situar la dignidad humana en el centro de las políticas migratorias. “La dignidad no se pierde en las fronteras”, afirmó, al tiempo que recordó que “cada vida en su singularidad irrepetible tiene un valor infinito y debe ser respetada siempre”.
Segovia señaló que la vigilia pretendía convertirse en un “clamor” capaz de interpelar a responsables políticos y a la sociedad en su conjunto. “Queremos hacer visible lo invisible y contribuir a que nuestra ciudadanía cambie la mirada sobre una realidad que, aunque nos interpela y problematiza, bien gestionada nos enriquece”, sostuvo.
Diálogo y encuentro frente a las respuestas simplistas
El responsable diocesano también denunció el clima de polarización creciente en torno al fenómeno migratorio y llamó a la Iglesia a promover “el diálogo y el encuentro” frente a “las respuestas simplistas, el miedo al diferente y la radicalización de los discursos”.
La situación que viven actualmente numerosos migrantes en Ceuta estuvo muy presente durante la jornada.
Varias personas vinculadas al acompañamiento de población migrante describieron las condiciones que afrontan quienes permanecen bloqueados en la ciudad autónoma, caracterizadas, según señalaron, por la incertidumbre, la espera prolongada, la falta de información y las dificultades para acceder a derechos básicos.
En su intervención, Segovia recordó que millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares por causas como los conflictos armados, la persecución, la pobreza o las consecuencias del cambio climático.
A su juicio, con frecuencia son tratadas como “piezas prescindibles de un tablero geopolítico” y quedan expuestas a las redes de tráfico de personas y a múltiples formas de explotación.
Uno de los momentos centrales de la vigilia fue la intervención de varios migrantes que compartieron su experiencia.
“Nadie arriesga su vida cruzando el mar simplemente por placer”, afirmó uno de ellos al tiempo que recordó que muchas personas emprenden estos viajes para encontrar seguridad, libertad o nuevas oportunidades.
El testimonio puso el foco en la incertidumbre administrativa que afrontan miles de migrantes tras su llegada. Según denunció, la espera de una resolución sobre su situación legal genera estrés, inseguridad y miedo ante la posibilidad de no poder trabajar, estudiar o permanecer junto a sus seres queridos.
También cuestionó el recurso al internamiento como respuesta a situaciones administrativas irregulares. “¿Debe privar de libertad a una persona convertirse en una respuesta normal ante una situación migratoria?”, se preguntó.
Aunque los Centros de Internamiento de Extranjeros no tienen consideración legal de prisión, para quienes permanecen en ellos representan una privación efectiva de libertad, al encontrarse alejados de sus familias y bajo la amenaza de una posible expulsión.
“No somos expedientes. No somos números. No somos solamente extranjeros. Somos seres humanos”, ratificó por lo que demandó procedimientos “justos, rápidos y dignos” que les permitan desarrollar un proyecto de vida sin vivir permanentemente bajo el miedo y la incertidumbre.
El testimonio concluyó con un llamamiento a la movilización social y a la defensa de la dignidad humana. Las fronteras pueden separar territorios, pero nunca deben hacernos olvidar nuestra humanidad común”, señaló, antes de recordar que “una persona que busca una vida mejor nunca debería perder el derecho a ser tratada como un ser humano”.
La jornada concluyó con la lectura de un manifiesto en el que las entidades convocantes denunciaron que los CIE “continúan siendo espacios de vulneración sistemática de derechos” y reiteraron su exigencia de clausurar estos centros.
Las entidades reclamaron políticas migratorias basadas en la acogida, la protección y el respeto a la dignidad de las personas migrantes y refugiadas.
La vigilia quiso combinar “oración, denuncia, silencio, testimonio y presencia” como expresión de solidaridad con las personas privadas de libertad en los centros de internamiento y como llamamiento a construir respuestas basadas en la justicia, la paz y los derechos humanos.
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