Montse Escribano: “La esperanza nos permite abrir grietas en la realidad”

La teóloga Montse Escribano ha defendido una esperanza cristiana que no consiste en aguardar pasivamente un futuro mejor, sino que empuja a escuchar, involucrarse y actuar colectivamente ante un presente marcado por la incertidumbre, la crisis ecosocial, la soledad y una transformación tecnológica que vuelve a plantear incluso la pregunta por lo que significa ser humano.
Escribano ha desarrollado esta reflexión este sábado en Xirivella (Valencia), durante la conferencia “La esperanza desde nuestras referentes de la Biblia”, organizada por Alcem la Veu València en la parroquia San Francisco de Paula, con la participación del sector Dona de la HOAC y Dones Creients. La convocatoria proponía abordar el compromiso público desde una mirada creyente.
“Vivimos en un tiempo en el que la esperanza es muy difícil”, ha reconocido Escribano. Precisamente por ello, pensarla constituye “una de las cuestiones más radicales y más revolucionarias que hay”.
A partir principalmente de las figuras bíblicas de Sara y Judit, la teóloga ha planteado una pregunta que atraviesa toda su intervención: “¿Cuál es la esperanza que estamos buscando?”. No se trata únicamente de mantener expectativas frente a las dificultades, sino de preguntarse qué futuro se desea construir, con quién y desde qué posibilidades.
Ante un tiempo de desesperanza, miedo, pesimismo o de sensación de decadencia que atraviesan el presente, Escribano ha diferenciado la esperanza cristiana del simple optimismo. Desde la tradición teológica, ha recordado, la esperanza camina junto a la fe y la caridad y constituye un don que debe ser acogido, buscado y puesto al servicio de los demás.
“La esperanza es algo también que nosotras estamos buscando, creando y recreando, porque ya ese don nos ha sido dado”, ha afirmado.
Escuchar como acto revolucionario
En ese recorrido, Escribano ha recuperado el magisterio del papa Francisco y algunos de los verbos utilizados en Evangelii gaudium para describir la acción evangelizadora: “primerear”, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar.
La esperanza exige, en primer lugar, aprender a escuchar. No una escucha superficial ni orientada inmediatamente a proporcionar respuestas, sino una disposición que obliga a detenerse y prestar atención a la existencia de la otra persona.
“Tenemos que ser una Iglesia que aprenda a escuchar”, ha defendido. Y esa actitud adquiere una dimensión particularmente significativa en una sociedad atravesada por las pantallas, la aceleración y el aislamiento.
“Vivimos cada uno cada vez más en nuestra individualidad, en nuestras pantallas, en nuestras preocupaciones, en nuestras historias, y cada vez vivimos en una soledad mayor”, ha advertido.
Escribano ha situado un gesto aparentemente sencillo como expresión de una forma distinta de relacionarse: “La escucha, la detención, alguien que se pare y te pregunte: ‘No, pero ¿cómo estás?’. Eso es revolucionario”.
Esta capacidad de escuchar implica también una responsabilidad pública para las comunidades cristianas. “Hay un servicio que tenemos que hacer a nuestra sociedad y es detectar lo que está pasando, tratar de acompañarlo y tratar de ofrecer algo, algo que sea un poco transformador”, ha señalado.
De lo que falta a las posibilidades existentes
La figura de Sara le ha permitido cuestionar una mirada que define a las personas por aquello que no poseen o no han conseguido. La primera caracterización bíblica de Sara destaca su esterilidad, una circunstancia que, en aquel contexto, trascendía lo biológico y condicionaba profundamente la consideración social y religiosa de una mujer.
Sin embargo, la mujer definida inicialmente por aquello de lo que carece termina siendo portadora de la promesa. Escribano ha utilizado esta inversión para trasladar la pregunta al presente: ¿dónde han dejado de ser fecundas nuestras vidas, nuestras comunidades y la propia Iglesia?
Vivimos en una sociedad que continuamente recuerda “no tienes, no eres, no has llegado”, la teóloga ha propuesto cambiar el punto desde el que se contempla la realidad.
“¿Y si como comunidad empezáramos a pensar todas estas cuestiones desde la abundancia, desde el ‘ya tenemos todo’, desde ‘tenemos el don, tenemos las posibilidades’?”, se ha preguntado.
Escribano no ha presentado esta abundancia en términos materiales ni como negación de las necesidades y sufrimientos existentes. Su propuesta consiste en descubrir las capacidades que ya están presentes y ponerlas al servicio de los demás. La esperanza, ha explicado, “nos permite ver un poco más allá de lo que hay, nos permite abrir grietas, nos permite horadar la realidad”.
Esta perspectiva conduce también a revisar qué esperan las propias comunidades cristianas de su futuro. “¿Qué queremos? ¿Iglesias llenas, para qué? ¿Iglesias con gente joven, para qué? ¿Iglesias que esto siga adelante, pero para qué?”, ha preguntado.
Una esperanza que lleva a involucrarse
Judit ha sido la segunda gran referencia bíblica de la conferencia. Escribano ha recurrido al relato de una mujer que abandona el espacio privado y asume una responsabilidad ante la amenaza que pesa sobre su pueblo.
La imagen de las fuentes de Betulia que comienzan a secarse durante el asedio le ha servido para establecer un paralelismo con el agotamiento de algunos relatos contemporáneos sobre el futuro.
Estudiar, encontrar un buen trabajo, formar una familia y alcanzar progresivamente una cierta seguridad material constituían un itinerario reconocible para generaciones anteriores. Ese horizonte, ha explicado, se ha quebrado para muchas personas.
Por eso, ante unas “fuentes” que se secan y unas fuerzas aparentemente superiores a las propias capacidades, Judit decide actuar. Primero escucha, ora y discierne; después abandona el lugar que se esperaba de ella y se involucra en la suerte de su comunidad.
“Ella podría haber dicho: ‘Este no es mi problema. Yo sola no lo puedo atender’”, ha explicado Escribano. Sin embargo, reconoce que debe “involucrarse” y “comprometerse”.
La teóloga ha destacado además la transformación de la propia identidad de Judit. Al principio aparece definida en relación con los varones que la rodean y con aquellos que ha perdido. A medida que toma decisiones, pasa a convertirse en protagonista de su propia historia y de la respuesta colectiva de su pueblo.
La esperanza adquiere así una dimensión pública: no consiste únicamente en resistir interiormente ante la adversidad, sino en reconocer las propias capacidades y ponerlas en juego junto con otras personas.
Abrir futuro ante la crisis ecosocial y tecnológica
Escribano ha situado finalmente esta reflexión ante dos procesos que están modificando profundamente las expectativas de futuro. “Estamos en un límite ecosocial”, ha advertido, al tiempo que “estamos ante un nuevo proceso tecnológico que va a ser revolucionario” y cuyas consecuencias todavía resultan difíciles de anticipar.
La incertidumbre afecta también a la vida espiritual y puede contribuir a que “nuestras fuentes” se vayan secando. Por eso, frente a un futuro presentado frecuentemente como algo decidido de antemano, ha vuelto a proponer un cambio de perspectiva: “¿Cuál es la abundancia que tenemos? ¿Cuáles son las posibilidades que tenemos cada una de las personas que estamos aquí dentro, como comunidad, como Iglesia?”.
La inteligencia artificial, además, plantea a su juicio una cuestión que va más allá de la tecnología. “La IA nos está haciendo que cuestionemos” qué significa realmente ser humano.
En este sentido, ante una transformación tecnológica que obliga a volver sobre esa pregunta, Escribano ha cerrado su intervención señalando algunas capacidades profundamente humanas que permiten abrir otros futuros: relacionarse, reír, esperar, comprometerse y buscar junto a otras personas.
“Lo humano es reírnos, tener esperanza y buscar la alegría del Evangelio”, ha concluido.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



