La ONU eleva la alarma climática ante unos fenómenos extremos que golpean ya a miles de millones de personas

Los incendios que afectan a España y Francia, las temperaturas cercanas a los 49 grados en el norte de África y las tormentas mortíferas registradas en Chile forman parte, según Naciones Unidas, de una crisis climática cada vez más intensa, alimentada por la dependencia mundial del carbón, el petróleo y el gas
“La alarma climática está sonando, en todas las direcciones”. Naciones Unidas ha elevado su advertencia ante la sucesión de incendios, olas de calor y tormentas extremas que están afectando a distintas regiones del planeta y que su responsable para el Cambio Climático vincula directamente con el calentamiento global provocado por los combustibles fósiles.
El secretario ejecutivo de la ONU para el Cambio Climático, Simon Stiell, ha advertido de que los costes humanos y económicos de la crisis están aumentando mientras la transición hacia las energías limpias y la protección de los bosques avanzan a un ritmo insuficiente para responder a la emergencia.
En una información publicada en ONU Noticias, Stiell pone especialmente el foco en Europa, donde los incendios forestales han alcanzado lo que describe como “proporciones de pesadilla”. El sur de Francia y diferentes zonas de la península ibérica han sufrido durante las últimas semanas incendios que han arrasado miles de hectáreas de superficie forestal y agrícola.
España figura entre los países especialmente afectados. Andalucía, la Comunidad Valenciana y Galicia han afrontado graves incendios, en un escenario condicionado por meses de sequía y altas temperaturas y que ha obligado a realizar evacuaciones en diferentes localidades.
A las pérdidas ambientales y materiales se añaden las consecuencias para las poblaciones afectadas, desde los desplazamientos y la destrucción de viviendas y explotaciones hasta los problemas respiratorios provocados por el deterioro de la calidad del aire. También son importantes las repercusiones económicas sobre actividades como la agricultura y el turismo.
“Con el mercurio a punto de volver a dispararse esta semana, los terribles costes de esta crisis climática, tanto humanos como económicos, están alcanzando niveles de emergencia nacional”, ha advertido Stiell.
Una crisis que atraviesa continentes
La situación europea forma parte de un escenario mucho más amplio. ONU Noticias recoge temperaturas próximas a los 49 grados en el norte de África, con millones de personas expuestas al calor extremo y una fuerte presión sobre los sistemas sanitarios y las redes eléctricas.
En Japón, las temperaturas extremas han vuelto a romper registros, mientras Chile ha sufrido tormentas mortíferas que han destruido viviendas y provocado víctimas.
“Estos desastres en espiral son ahora la realidad vivida por miles de millones de personas en un mundo que se calienta rápidamente”, sostiene el responsable climático de Naciones Unidas.
Stiell rechaza que esta sucesión de fenómenos pueda explicarse únicamente por las variaciones naturales del clima y señala directamente a la utilización de combustibles fósiles. “Los costes de la adicción de la humanidad a la quema de carbón, petróleo y gas siguen aumentando”, denuncia.
La advertencia se apoya en el consenso científico sobre el calentamiento global de origen humano. Según recuerda Naciones Unidas, la evidencia sobre sus causas es “inequívoca”: la utilización masiva de combustibles fósiles está aumentando la temperatura del planeta y contribuyendo a que fenómenos como las olas de calor prolongadas, las inundaciones graves o las grandes tormentas sean más frecuentes, intensos y costosos.
La emergencia climática adquiere así una dimensión que trasciende la protección ambiental. Sus efectos alcanzan a la salud, la vivienda, el empleo, las actividades económicas y los servicios públicos, con una especial incidencia sobre las poblaciones y territorios que disponen de menos recursos para prevenir los daños y recuperarse posteriormente.
Acelerar la transición y proteger a las poblaciones vulnerables
Naciones Unidas considera que también existe suficiente claridad sobre las medidas necesarias. Stiell reclama acelerar el abandono del carbón, el petróleo y el gas, extender con mayor rapidez las energías renovables y reforzar las políticas de adaptación y protección de las poblaciones que ya están soportando las consecuencias más graves del calentamiento.
La respuesta, además, plantea una cuestión de justicia entre países. Las naciones más vulnerables y expuestas a los efectos de la crisis climática no siempre cuentan con los recursos económicos, tecnológicos e institucionales necesarios para afrontar una transformación de esta magnitud.
“Muchos países vulnerables en la primera línea de esta crisis necesitan apoyo para moverse a la velocidad y escala que esta emergencia exige”, sostiene Stiell.
La advertencia llega en un momento en el que los fenómenos extremos están convirtiendo las previsiones científicas sobre el calentamiento global en consecuencias cada vez más visibles sobre la vida cotidiana de millones de personas.
Para Naciones Unidas, el margen para responder sigue existiendo, pero exige acelerar las decisiones. El abandono de los combustibles fósiles, la expansión de las energías limpias, la protección de los bosques y el apoyo a los territorios más vulnerables deben avanzar, sostiene Stiell, a una velocidad acorde con una emergencia cuyos efectos ya se están produciendo.
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Redacción de Noticias Obreras.



