El mayor incendio de la historia reactiva un Pacto de Estado frente a la emergencia climática que sigue bloqueado

El mayor incendio de la historia reactiva un Pacto de Estado frente a la emergencia climática que sigue bloqueado
La magnitud sin precedentes de los incendios forestales vuelve a situar sobre la mesa una propuesta que suma el respaldo de la Iglesia, la patronal, los sindicatos y las organizaciones ecologistas, pero que continúa sin el consenso político necesario para convertirse en una política de Estado

El mayor incendio forestal de la historia reciente de España ha vuelto a poner en evidencia la vulnerabilidad del país frente a los fenómenos climáticos extremos. Miles de personas evacuadas, cientos de miles de hectáreas calcinadas y un despliegue extraordinario de medios de extinción han reabierto un debate que permanece sin resolver desde hace casi un año: la necesidad de un Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática que permita reforzar la prevención, la adaptación del territorio y la capacidad de respuesta de las administraciones.

La propuesta, impulsada por el Gobierno tras la devastadora dana de 2024 y la sucesión de grandes incendios forestales, continúa bloqueada políticamente. El Partido Popular ha rechazado abrir una negociación con el Ejecutivo y ha cuestionado el planteamiento del Gobierno, alejando, por el momento, la posibilidad de un acuerdo transversal de la magnitud que requiere la situación climática.

Sin embargo, ese bloqueo político contrasta con el amplio respaldo que la iniciativa ha encontrado entre organizaciones empresariales, sindicales, ecologistas e incluso la propia Iglesia española.

Presentado en diciembre de 2025 tras un proceso participativo en el que intervinieron más de 1.300 personas expertas y representantes de administraciones públicas, organizaciones sociales, empresariales, sindicales y científicas, el documento propone una estrategia común articulada en quince ejes y ochenta medidas para adaptar España a una realidad climática cada vez más extrema.

Preparar un país cada vez más vulnerable

El documento parte de un diagnóstico difícil de rebatir, como es que España es uno de los países europeos más expuestos a los efectos del cambio climático. El incremento de las olas de calor, las sequías prolongadas, las lluvias torrenciales y los incendios de gran intensidad exige, según la propuesta, abandonar una política centrada exclusivamente en la gestión de las emergencias para avanzar hacia una estrategia permanente de prevención, adaptación y resiliencia.

Entre las medidas planteadas figuran la modernización de la gestión forestal, el fortalecimiento de los servicios públicos de emergencia, la mejora de las condiciones laborales del personal forestal y de extinción, la protección de las personas trabajadoras frente a los riesgos derivados del calor extremo, el impulso del empleo verde y la revitalización del medio rural, además de una mayor coordinación entre todas las Administraciones públicas.

Más que una respuesta coyuntural a cada gran incendio, el Pacto propone transformar la manera en que el Estado afronta unos riesgos que la evidencia científica considera ya estructurales.

Un consenso social mucho más amplio que el político

Mientras el acuerdo parlamentario permanece bloqueado, el respaldo social al Pacto ha ido ampliándose.

La CEOE ha incorporado expresamente el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática entre las prioridades de trabajo de su Comisión de Industria y Transición Ecológica para 2026, considerándolo un elemento estratégico para afrontar los riesgos que el cambio climático plantea a la economía y a la competitividad empresarial.

También la Iglesia española se mostró favorable cuando la iniciativa fue planteada por el Gobierno en septiembre de 2025. El director del Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española, Eduardo Agosta, calificó entonces la propuesta de “pertinente” y defendió abordar “con seriedad” tanto la mitigación del cambio climático como la preparación estratégica frente a unos fenómenos extremos que “vamos a seguir experimentando en el futuro cercano”, ya advirtió.

El también climatólogo reclamó reforzar la coordinación estatal, convencido de que “no podemos considerar que las autonomías son suficientes para un problema que afecta a todos por igual”. Incluso planteó la conveniencia de “despolitizar” este debate para favorecer acuerdos duraderos. “Bienvenido cualquier pacto o cualquier forma centralizada o coorganizada a nivel del Estado para dar una respuesta eficiente ante estas emergencias”, afirmó, recordando que sus consecuencias recaen especialmente sobre “la población más vulnerable”.

Por su parte, CCOO sostiene que incendios, olas de calor, sequías o DANA “han pasado de ser fenómenos ocasionales a convertirse en estructurales” y considera que el Pacto constituye “una buena herramienta” para responder a una realidad que ya afecta al empleo, la actividad económica y las condiciones de vida.

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El sindicato lamenta que la falta de consenso político haya supuesto “un año perdido” y reclama una gobernanza compartida entre administraciones, diálogo social y sociedad civil, con la transición justa como eje de las políticas climáticas.

Las organizaciones ecologistas mantienen una posición similar. Greenpeace insiste en que España necesita invertir el modelo actual, priorizando la prevención durante todo el año mediante una gestión forestal continua, la recuperación del medio rural y la estabilidad laboral del sector forestal, mientras reclama un Pacto de Estado y una alianza europea frente a los grandes incendios.

En la misma línea, Ecologistas en Acción recuerda que los incendios extremos responden a la combinación de crisis climática, transformación del territorio e igniciones de origen humano. Por ello reclama políticas públicas basadas en la evidencia científica, una gestión forestal adaptada a las nuevas condiciones climáticas y mejores condiciones laborales para quienes trabajan en la prevención y extinción.

Del combate al fuego a la prevención

Las distintas posiciones coinciden en una idea de fondo: España debe dejar de responder únicamente cuando el incendio ya se ha declarado y apostar decididamente por prevenirlo.

El documento del Pacto plantea extender la gestión activa de los montes, favorecer paisajes más resilientes al fuego, impulsar la ganadería extensiva y otros aprovechamientos forestales sostenibles, reforzar el empleo verde y mantener equipos estables dedicados a la prevención durante todo el año.

Al mismo tiempo, propone mejorar la coordinación institucional, consolidar los servicios públicos de emergencia y desarrollar mecanismos permanentes de adaptación climática capaces de reducir el impacto económico, social y ambiental de los fenómenos extremos.

El gran acuerdo pendiente

La gravedad de los incendios de este verano ha vuelto a demostrar que la emergencia climática ya no pertenece al terreno de las previsiones, sino al de las consecuencias.

Paradójicamente, el principal obstáculo para avanzar no parece encontrarse hoy entre los agentes económicos y sociales. La patronal, los sindicatos, las organizaciones ecologistas y la Iglesia española han expresado, desde perspectivas diferentes, la conveniencia de articular una respuesta estable, coordinada y sostenida en el tiempo.

El bloqueo se sitúa, sobre todo, en el ámbito político. El rechazo del PP a negociar el Pacto se produce en un contexto de fuerte confrontación con el Gobierno y coincide con el acercamiento de los populares a Vox en varias comunidades autónomas, donde ambas formaciones comparten responsabilidades de gobierno.

Ese escenario reduce, por ahora, las posibilidades de alcanzar un consenso transversal sobre una cuestión que afecta de manera creciente a la seguridad de la población, al futuro del medio rural, al trabajo y a la protección de los bienes comunes.

Una paradoja que resulta difícil de ignorar, ya que mientras la intensidad de la emergencia climática amplía el consenso entre quienes estudian, gestionan o sufren directamente sus consecuencias, el gran acuerdo político que reclama esa realidad continúa esperando.

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