El CIS refleja una mayoría favorable al control fronterizo y a la cooperación con Marruecos, pero no pregunta por acogida ni derechos humanos

La migración no encabeza las preocupaciones personales de la ciudadanía, pero la crisis de Ceuta sí ha dejado una posición muy definida sobre su gestión: más control fronterizo, más entendimiento con Marruecos y una mayor implicación europea. El estudio, sin embargo, no pregunta por acogida, derechos humanos ni respuesta humanitaria
El Barómetro de septiembre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) muestra que la crisis vivida este verano en Ceuta ha tenido un seguimiento prácticamente generalizado entre la ciudadanía. El 97,1% de las personas entrevistadas afirma estar informado sobre lo ocurrido con motivo del cruce de la frontera por varios miles de personas.
A partir de ese conocimiento, el organismo público recoge un respaldo muy amplio al refuerzo del control fronterizo. El 82,2% considera necesario reforzar las fronteras para evitar entradas masivas de personas en ciudades como Ceuta y Melilla, frente al 13,3% que cree que no sería necesario.
Pero el estudio no dibuja únicamente una demanda de mayor control. El mismo bloque muestra que la ciudadanía concede también una importancia muy elevada al entendimiento con Marruecos. El 63,4% cree que ese entendimiento tiene “mucha importancia” para garantizar la seguridad de las fronteras y otro 22,9% le atribuye “bastante importancia”. En conjunto, un 86,3% vincula la gestión fronteriza a la cooperación bilateral.
La demanda de colaboración se extiende además a la Unión Europea. El 89,4% considera que la UE debería colaborar más con España en la gestión de la situación de Ceuta, mientras solo el 7,2% cree que la cooperación actual resulta suficiente.
El resultado introduce así un matiz relevante: el apoyo al control fronterizo convive con un respaldo todavía mayor a una gestión compartida con Marruecos y con las instituciones europeas.
Seguridad fronteriza, soberanía y buena vecindad
El cuestionario profundiza también en la percepción sobre Ceuta y Melilla. El 77,1% considera que ambas ciudades son “territorios tan españoles como cualquier otro territorio de la península”. Un 14,3%, en cambio, cree que tienen una situación “ambigua y especial” que debería ser objeto de acuerdos y entendimiento con Marruecos. Otro 6,3% ofrece respuestas distintas.
Junto a esa afirmación de soberanía aparece, de nuevo, una valoración ampliamente favorable a mantener buenas relaciones con el país vecino. El 45,6% atribuye “mucha importancia” a una política de amistad y buena vecindad entre España y Marruecos y otro 28%, “bastante importancia”. En conjunto, el 73,6% respalda esa orientación. Frente a ellos, un 10% le concede poca importancia y un 11,9%, ninguna.
El barómetro refleja, por tanto, una posición que combina varios elementos a la vez: afirmación de la soberanía española, refuerzo fronterizo, cooperación con Marruecos y mayor participación europea.
No son respuestas necesariamente contradictorias. Más bien apuntan a una ciudadanía que reclama control de las fronteras, pero que al mismo tiempo considera que la situación no puede gestionarse solo desde una lógica unilateral.
Dos de cada tres ven intereses internacionales detrás de la tensión
El CIS introduce después una pregunta de carácter claramente geopolítico. El 67,7% cree que existen países, líderes o actores mundiales que están intentando generar problemas o malentendidos capaces de afectar a las relaciones entre España y Marruecos. El 24,5% no comparte esa percepción y el 7,1% responde que no sabe o no dispone de información suficiente.
A quienes responden afirmativamente se les pregunta qué actores creen que están fomentando esa tensión. Al tratarse de una pregunta multirrespuesta, una misma persona podía mencionar más de uno.
El 49,1% señala a Estados Unidos o algunos sectores de ese país; el 38,1%, a Marruecos o sectores de la sociedad marroquí; el 35,4%, a Israel; y el 33,4%, a Donald Trump. A mayor distancia aparecen Netanyahu, con el 15,2%; Rusia, con el 10,8%; sectores de la Unión Europea, con el 10,1%; y Giorgia Meloni, con el 6,1%.
El propio estudio obliga aquí a extremar la cautela. Estos porcentajes no se calculan sobre el conjunto de las 4.042 personas entrevistadas, sino exclusivamente sobre quienes previamente creen que existen actores interesados en alimentar la tensión (2.736 personas). Además, algunas respuestas como la derecha o ultraderecha internacional, sectores de España, Pedro Sánchez, Mohamed VI, Putin o sectores de la derecha y ultraderecha española no fueron leídas por los entrevistadores, sino mencionadas espontáneamente.
Por eso, estos datos sirven para conocer a quiénes atribuyen responsabilidades quienes perciben una interferencia exterior, pero no para afirmar que el conjunto de la ciudadanía responsabilice a estos de la crisis.
Ceuta gana presencia en la agenda, pero no desplaza las preocupaciones materiales
La lectura del bloque sobre Ceuta cambia cuando se pone en relación con las preguntas espontáneas del mismo barómetro.
Cuando el CIS pregunta cuáles son los principales problemas de España, la categoría específica “Crisis con Marruecos. Fronteras de Ceuta y Melilla” alcanza el 4,8%: un 1,3% la menciona como primer problema, un 1,8% como segundo y un 1,7% como tercero.
Tiene, por tanto, una presencia apreciable tras un verano marcado por la crisis fronteriza, pero queda muy lejos de las cuestiones que encabezan la agenda social: la vivienda alcanza el 37,5%; los problemas económicos, el 21,6%; la inmigración, el 19,7%; los problemas relacionados con el Gobierno o políticos concretos, el 18,8%; la calidad del empleo, el 13,7%; el paro, el 11,5%; y la sanidad, el 11,1%.
La distancia se agranda cuando el ente demoscópico pregunta por aquello que afecta personalmente a cada entrevistado. En ese caso, la crisis con Marruecos y las fronteras de Ceuta y Melilla cae hasta el 2,4%.
Este dato enlaza directamente con la primera pieza sobre el barómetro: la enorme presencia pública de un asunto no significa necesariamente que ocupe el mismo lugar entre las preocupaciones cotidianas.
La migración tiene un peso personal mayor, pero tampoco encabeza esa lista. Se sitúa por detrás de la economía, la vivienda, la sanidad y la calidad del empleo.
Lo que el CIS pregunta y lo que deja fuera
El bloque específico sobre Ceuta está construido casi enteramente desde una perspectiva de seguridad fronteriza, soberanía, relaciones con Marruecos, cooperación europea y geopolítica internacional.
El organismo pregunta si deben reforzarse las fronteras, por la importancia del entendimiento con Marruecos, por la colaboración de la UE, por el estatus de Ceuta y Melilla, por la buena vecindad y por la posible actuación de terceros países o dirigentes.
Pero no pregunta por acogida, atención humanitaria, protección de menores, derechos humanos, condiciones de recepción, acceso a servicios básicos ni por el trato que deberían recibir las personas migrantes que ya han cruzado la frontera.
Esa ausencia es relevante porque limita el alcance de las conclusiones. El CIS permite afirmar que existe un apoyo muy amplio al refuerzo fronterizo. Permite también comprobar que existe un respaldo todavía mayor a la cooperación con Marruecos y a una mayor implicación de la Unión Europea. Pero no permite saber qué piensa esa misma ciudadanía sobre la acogida y protección de quienes consiguen entrar en territorio español.
La encuesta ofrece así una radiografía bastante detallada de cómo se percibe la frontera. Mucho menos de cómo debería responderse ante las personas que la atraviesan.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



