Cuidar a las que nos cuidan, una cuestión de justicia

Es una evidencia que el trabajo del hogar y los cuidados personales es un sector intensamente feminizado. En cambio, las condiciones laborales de las mujeres que desempeñan estas tareas son más desconocidas. Por poco que nos informemos, descubriremos todo un mundo de invisibilidad, precariedad e injusticia. Quizás este sea el primer motivo de su opacidad: no nos gusta mirar aquellas realidades que no van bien y en las que, tal vez, tenemos alguna responsabilidad.
El pasado mes de mayo, la conocida organización Intermón Oxfam publicó el informe Toda una vida cuidando. El derecho a una jubilación digna para las trabajadoras de hogar y cuidados, que ofrece una radiografía inquietante de esta situación. El objetivo del documento es concienciar sobre la imperiosa necesidad de que las trabajadoras del hogar y de los cuidados dispongan de un contrato con Seguridad Social, pues solo así podrán acceder el día de mañana a una jubilación digna. Y si esta reivindicación resulta tan urgente es porque muchas, muchísimas trabajadoras del sector, trabajan sin contrato.
Y esto es solo la punta del iceberg. Según el informe, en España el 69% de las trabajadoras del hogar y de cuidados personales tiene nacionalidad extranjera o doble nacionalidad, y de estas, más del 87% es de origen extracomunitario. Una de cada cuatro se encuentra en situación administrativa irregular. Muchas son internas (viven en la misma casa donde trabajan) y llegan a realizar jornadas de hasta 60 horas semanales, sin una desconexión laboral decente. El 30% del sector supera los 55 años, y el salario medio en esta franja es de 940€, por debajo del salario mínimo interprofesional.
Hay muchos otros datos que completan un análisis preocupante y que, en su conjunto, abocan al diagnóstico principal que motiva el estudio de Intermón Oxfam: si esta es la situación mientras trabajan, su jubilación se convierte en una puerta abierta a la pobreza y la exclusión.
La Doctrina Social de la Iglesia lleva mucho tiempo poniendo el foco en la justicia dentro de los trabajos más precarios. Valora positivamente el trabajo como una actividad digna y dignificadora, y reconoce las tareas de cuidados como una forma de servicio y de amor, pero no oculta que se trata de una labor a menudo no reconocida. Muchas mujeres deben hacer compatible un empleo fuera de casa con las tareas del hogar, sin que exista una distribución equitativa de las cargas con los hombres que conviven en el mismo domicilio. Y si hablamos de las mujeres que se dedican profesionalmente a la limpieza de los hogares o al cuidado de personas, la desigualdad se dispara, convirtiendo este tipo de empleo en uno de los más vulnerables.
El papa Benedicto XVI advertía en su encíclica Caritas in veritate que la reducción global de la red de seguridad social ha generado nuevas formas de inseguridad y precariedad laboral, afectando a los trabajadores más vulnerables (núm. 25). Esto lo decía en el año 2009. ¿Ha cambiado mucho esta realidad para las trabajadoras del hogar y de los cuidados? Todo indica que ha empeorado en el caso de las trabajadoras migrantes, uno de los colectivos hacia los que el papa Francisco ha mostrado una atención preferente. Francisco ha denunciado la economía de la explotación y del descarte, y ha exigido a los cristianos que hagan prevalecer, por encima de cualquier consideración política, la inalienable dignidad de cada persona humana más allá de su origen, color o religión, así como la ley suprema del amor fraterno (Fratelli tutti, 39). Y el papa León XIV, en su primera encíclica dedica una atención específica a la necesidad de que el reconocimiento de la igualdad de las mujeres «se traduzca en decisiones concretas, en las leyes, en el acceso al trabajo, a la instrucción, a las responsabilidades sociales y políticas, y en el modo en que la sociedad escucha y valora la aportación de las mujeres» (Magnifica humanitas, 57).
¿Cómo nos interpelan estas enseñanzas respecto al trabajo de las mujeres en nuestro entorno? ¿Qué reparto hacemos en nuestra casa de las tareas del hogar entre hombres y mujeres? En nuestro ámbito familiar o cercano, ¿hay trabajadoras del hogar o dedicadas a la atención de una persona mayor o dependiente? ¿Están legalmente contratadas? ¿Les pagamos un salario justo y digno? ¿Conocemos sus circunstancias personales y necesidades? ¿Contribución a mejorar su vida o a mantener su situación de precariedad?
El estudio de Intermón Oxfam realiza una serie de propuestas para revertir la dinámica de desigualdad e injusticia que afecta a las trabajadoras del hogar y de los cuidados. La mayoría de las propuestas van dirigidas a las administraciones públicas y caminan en la línea de lo que propone la Doctrina Social de la Iglesia. Pero esta última va más allá de lo que corresponde a las instituciones: no nos exime de preguntarnos qué podemos hacer nosotros. Las informaciones que nos aporta Intermón Oxfam deben mover nuestra conciencia –porque detrás de cada cifra hay una persona–, conmovernos e impulsarnos a la conversión.
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Delegado diocesano de pastoral de trabajo de Menorca



