Más de 158.000 trabajadoras del hogar se acercan a la jubilación sin garantías de una pensión digna

Las trabajadoras del hogar y los cuidados afrontan la recta final de su vida laboral en condiciones de enorme precariedad y con serias dudas sobre su futuro económico
Un informe de Oxfam Intermón alerta de que más de 158.000 empleadas del sector mayores de 55 años podrían llegar a la jubilación sin acceso suficiente a una pensión contributiva, después de décadas marcadas por la informalidad, los bajos salarios y la falta de reconocimiento pleno de derechos laborales.
El estudio, titulado Toda una vida cuidando. El derecho a una jubilación digna para las trabajadoras de hogar y cuidados, estima que solo el 45,9% de estas trabajadoras logrará acceder a una pensión contributiva. Además, un 14% se jubilará sin ningún tipo de prestación, porcentaje que asciende hasta el 25,4% entre las trabajadoras migrantes.
“No estamos ante trayectorias laborales individuales fallidas”, sostiene Nerea Boneta, investigadora y autora del informe. “Es el resultado de desigualdades acumuladas a lo largo de la vida laboral en un sector feminizado, precarizado y racializado”.
El informe describe un sector especialmente envejecido. El 30% de las trabajadoras del hogar tiene 55 años o más, frente al 21% del conjunto de la población ocupada. Desde 2012, el número de afiliadas mayores de 55 años se ha duplicado y el de mayores de 65 años se ha multiplicado por seis.
Una vida laboral marcada por salarios bajos y pobreza
La investigación retrata una realidad atravesada por la inseguridad económica incluso antes de la jubilación. Las trabajadoras mayores de 55 años encuestadas perciben unos ingresos medios de 940 euros mensuales, por debajo del salario mínimo (SMI) y del umbral de pobreza.
La vivienda se convierte además en uno de los principales factores de vulnerabilidad. El 64,8% vive de alquiler y destina una media de 380 euros mensuales al pago de la vivienda, más del 40% de sus ingresos. Entre quienes tienen alquiler o hipoteca, un 42% asegura haber retrasado pagos durante el último año.
El estudio denuncia también una profunda desigualdad entre trabajadoras españolas o comunitarias y las de origen extracomunitario. Mientras casi la mitad de las primeras dispone de vivienda en propiedad, esa posibilidad apenas alcanza al 6,37% de las migrantes extracomunitarias.
La precariedad económica se extiende también a la jubilación. Las mujeres ya retiradas apenas perciben 710 euros mensuales, aproximadamente la mitad de la pensión media del resto de la población jubilada.
“La mayoría de las personas que trabajamos sabemos que dispondremos de una pensión suficiente que nos permitirá descansar. Para ellas, este es un sueño imposible”, lamenta Boneta.
El informe relaciona esta situación con las trayectorias laborales fragmentadas, la parcialidad involuntaria, el empleo informal y las lagunas de cotización que arrastra el sector. A ello se suma el peso de la irregularidad administrativa en muchas trabajadoras migrantes.
El deterioro de la salud y el desgaste invisibilizado
El estudio pone también el foco en el deterioro físico y emocional que sufren estas trabajadoras después de décadas realizando tareas intensivas de limpieza, atención y cuidados.
El 72% asegura sufrir dolores de espalda; el 65,6%, estrés; y cerca del 60%, ansiedad. Además, el uso continuado de productos químicos provoca problemas de piel al 32% de las encuestadas.
“Estamos quemadas porque el cuerpo duele mucho”, explica Brenda, trabajadora colombiana de 67 años recogida en el informe. “Es un trabajo físico de estar limpiando todo el día (…) Tengo artrosis, mírame los dedos, y me duelen a morir”.
La investigación denuncia además dinámicas de “autoexplotación forzosa”. Dos de cada tres trabajadoras admiten haber acudido a trabajar estando enfermas y ocho de cada diez reconocen tomar medicación para soportar la jornada laboral. Cerca de una de cada diez asegura haber sido despedida tras coger una baja médica.
“Tuve una lumbociática”, relata Edurne, trabajadora de Bilbao de 66 años. “Me tuve que quedar en casa 5 días y me despidieron”.
Para Oxfam Intermón, esta situación refleja el escaso reconocimiento social y político de los trabajos de cuidados, a pesar de tratarse de una actividad esencial para sostener la vida cotidiana y el sistema de atención.
La organización reclama medidas estructurales que incluyan el reconocimiento de la penosidad y las enfermedades profesionales del sector, coeficientes reductores que permitan adelantar la jubilación, pensiones mínimas suficientes, acceso a vivienda digna y la equiparación plena de derechos laborales con el Régimen General.
También pide reforzar la prevención de riesgos laborales, aumentar las inspecciones de trabajo y culminar la reforma de la Ley de Dependencia para avanzar hacia un sistema público de cuidados más sólido y profesionalizado.
“El escaso reconocimiento social hacia los cuidados sostiene su precarización material y simbólica”, denuncia Boneta. “Reconocer este trabajo como esencial exige un cambio profundo en las percepciones sociales, rompiendo con el edadismo y el racismo que atraviesan el sector”, concluye.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



