La Iglesia africana reclama afrontar las causas de la migración para impedir que el Atlántico siga siendo un “cementerio” de jóvenes

El Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española difunde una reflexión que reclama responsabilidades compartidas a los gobiernos africanos, Europa, la Iglesia y la sociedad para impedir que la migración siga siendo “una decisión fruto de la desesperación”
La Iglesia africana reclama un cambio de rumbo ante la tragedia permanente de la ruta migratoria atlántica. Ante las respuestas centradas en la emergencia o el control de fronteras, sostiene que las muertes en el mar solo dejarán de repetirse cuando se afronten las causas que obligan a miles de jóvenes a abandonar sus países.
“Esta no es solo una crisis humanitaria; es también una crisis moral”, afirma el sacerdote Peter Alpha Leo Konteh, presidente de la Unión Regional de Sacerdotes de África Occidental (URPAO/RUPWA), en una reflexión difundida por el Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española (CEE).
El texto, que la CEE presenta en continuidad con el llamamiento realizado por el papa León XIV durante su reciente visita a Canarias para que “el sufrimiento y la muerte de miles de personas no caigan en la indiferencia”, parte de la tragedia ocurrida –al menos 144 migrantes africanos habrían muerto o desaparecido– frente a las costas de Mauritania para denunciar que las rutas migratorias del Atlántico y del Mediterráneo “se han convertido en cementerios silenciosos para miles de nuestros jóvenes, cuyo único delito fue soñar con un futuro mejor”.
“No es simplemente otro titular”, advierte el sacerdote. “Detrás de cada estadística hay un rostro, un nombre, un sueño y una familia sumida en un dolor inimaginable”. Y plantea: “¿Cuántos jóvenes africanos más deben morir antes de que dejemos de considerar estas tragedias como algo normal?”.
La falta de trabajo y oportunidades empuja a migrar
Leo Konteh sitúa el foco en la ausencia de empleo y de oportunidades como una de las principales causas de la migración forzada.
“Muchos gobiernos africanos han fracasado en proporcionar las oportunidades que permitirían a los jóvenes soñar y prosperar en sus propios países”, denuncia.
La falta de trabajo, el desempleo de personas cualificadas, las dificultades para acceder a una educación de calidad o a financiación para emprender terminan expulsando a una generación que pierde la esperanza en construir su futuro allí donde nació.
“La migración, con frecuencia, no es una elección nacida del lujo; es una decisión fruto de la desesperación”, sostiene Konteh, quien reprocha a los gobiernos que continúen celebrando el crecimiento económico mientras “miles de sus jóvenes ciudadanos creen que su única posibilidad de supervivencia consiste en arriesgar la vida en el mar”.
El responsable eclesial también interpela a Europa, reclamando políticas migratorias que no empujen a las personas hacia las redes de trata. “Cuando la migración legal se vuelve casi imposible, las redes criminales de tráfico de personas se vuelven más atractivas”, advierte.
Por ello, reclama ampliar las vías seguras y legales de migración, facilitar oportunidades de estudio y empleo y establecer procedimientos de visado que reduzcan el recurso a las travesías irregulares.
La reflexión incorpora además una autocrítica dirigida a las propias comunidades africanas. Según Konteh, muchas personas que han prosperado en Europa proyectan una imagen idealizada de la emigración mostrando únicamente el éxito alcanzado, mientras permanecen ocultos “los años de dificultades, soledad, discriminación, trabajo agotador, problemas legales y sacrificios”. “Debemos a nuestros jóvenes la verdad, no una versión editada del éxito”, afirma.
“África no puede seguir exportando su mayor riqueza al fondo del mar”
El sacerdote también plantea si “la esclavitud ha desaparecido realmente o simplemente ha cambiado de forma”.
En este sentido, denuncia que numerosos jóvenes abandonan sus hogares buscando libertad y terminan atrapados en la explotación, la trata de personas, el trabajo indocumentado o la dependencia. “Ningún ser humano debería correr el riesgo de convertirse en víctima de una esclavitud moderna simplemente por buscar una vida digna”, sostiene.
Ante esta realidad, reclama una implicación decidida de la Iglesia. “La Iglesia tiene la responsabilidad de acompañar a nuestros jóvenes con esperanza, verdad y apoyo práctico. Debemos seguir formando las conciencias, promoviendo la educación, alentando el emprendimiento, apoyando la formación profesional y recordando a cada joven que su dignidad no depende de llegar a Europa”.
“El silencio ya no es una opción”, recuerda a toda la sociedad.
La reflexión concluye proponiendo cinco líneas de actuación: una mayor inversión de los gobiernos africanos en educación, empleo y emprendimiento; la apertura de vías legales y seguras de migración por parte de los países desarrollados; una información honesta sobre las dificultades de emigrar; la implicación de las comunidades religiosas, las escuelas y los medios de comunicación en la sensibilización; y el compromiso de la juventud con la construcción del futuro del continente.
“África no puede seguir exportando su mayor riqueza –su juventud– al fondo del mar. Nuestros jóvenes merecen oportunidades, no tumbas”, concluye.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



