Descienden ligeramente las muertes en el trabajo aunque siguen siendo inasumibles

Hasta abril de 2026, 231 personas trabajadoras han perdido la vida en accidentes laborales en España. Son cinco muertes menos que en el mismo periodo del año anterior, una ligera bajada de los siniestros mortales que no consuela a las familias que pierden o ven enfermar irremediablemente a un ser querido.
Los datos provisionales del Ministerio de Trabajo y Economía Social reflejan que entre enero y abril fallecieron 231 trabajadores y trabajadoras en accidentes laborales, reflejan la reducción estadística que, sin embargo, no puede ocultar la gravedad de una realidad que sigue golpeando al mundo del trabajo.
De las personas fallecidas, 190 perdieron la vida durante la jornada laboral un 1,6% menos que en igual periodo del año anterior y otras 41 murieron en accidentes in itinere, es decir, mientras se desplazaban desde o hacia su lugar de trabajo, un 4,7%, menos.
Las principales causas de estos siniestros mortales fueron los infartos y derrames cerebrales, las caídas y los accidentes de tráfico. Cada una de ellas plantea interrogantes sobre las condiciones laborales, la prevención de riesgos, la organización del trabajo y los niveles de estrés y fatiga que soportan miles de trabajadores y trabajadoras.
El sector servicios concentró el mayor número de fallecimientos durante la jornada de trabajo, con 95 muertes hasta abril, lo que supone un incremento del del 3,3% en comparación con los cuatro primeros meses del año pasado.
Le siguieron la construcción, con 53 personas fallecidas, una muerte menos que hasta abril del año pasado; y la industria con 25 fallecimientos, un 19,4% menos. En el sector agrario, donde se registraron 17 accidentes mortales, uno más que en los cuatro primeros meses de 2025..
La mayoría de las víctimas mortales eran personas asalariadas. En concreto, 211 trabajadores por cuenta ajena perdieron la vida, frente a 20 trabajadores autónomos.
Siniestralidad laboral
La estadística también recoge casi 194.000 accidentes laborales con baja entre enero y abril, un 2,2 % más que un año antes.
De ellos, 165.495 tuvieron lugar durante la jornada de trabajo, mientras que 28.451 fueron accidentes in itinere, ocurridos durante los desplazamientos entre el domicilio y el centro de trabajo. Especialmente significativo resulta el aumento del 5,6% de estos últimos, una realidad que pone de manifiesto que los riesgos laborales no terminan al salir del centro de trabajo.
Aunque los accidentes graves descendieron un 4,7% durante la jornada laboral, hasta situarse en 1.101 casos, la cifra sigue reflejando el elevado coste humano que la actividad laboral continúa teniendo para miles de personas trabajadoras.
Por su parte, los accidentes graves in itinere se mantuvieron en 263 casos, sin variaciones respecto al año anterior.
Los accidentes leves también aumentaron. En los centros de trabajo alcanzaron los 164.204 casos, un 1,7% más, mientras que los accidentes leves in itinere crecieron un 5,6%, hasta los 28.147.
Las 231 personas fallecidas hasta abril son el rostro más dramático de una realidad mucho más amplia. Son hombres y mujeres que salieron de casa para ganarse la vida y nunca regresaron. Pero junto a ellas hay también cientos de miles de trabajadores y trabajadoras que han sufrido lesiones, algunas de ellas de gravedad, recordándonos que el derecho a un trabajo seguro sigue siendo una tarea pendiente para la sociedad, las empresas y las administraciones públicas.
Ninguna persona debería perder la vida por el hecho de trabajar. Cada muerte laboral es una tragedia que interpela a toda la sociedad.
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Redactor jefe de Noticias Obreras

