León XIV concluye el consistorio con una llamada a impulsar la paz y la Doctrina Social de la Iglesia

León XIV concluye el consistorio con una llamada a impulsar la paz y la Doctrina Social de la Iglesia
FOTO | Vatican Media
El Papa presenta las principales conclusiones de dos días de discernimiento con el Colegio Cardenalicio, reafirma la aplicación del Sínodo y anuncia su intención de dar continuidad anual a estos encuentros

El papa León XIV clausuró el consistorio extraordinario con un discurso que sintetiza las principales conclusiones de dos días de reflexión compartida con el Colegio Cardenalicio y concreta las prioridades que, a su juicio, deberán orientar la misión de la Iglesia en el contexto actual.

Tras haber propuesto al inicio del encuentro un modo de gobierno basado en la comunión, la escucha y la corresponsabilidad, el pontífice situó ahora en el centro la construcción de la paz, la cultura del diálogo, el impulso de la Doctrina Social de la Iglesia y la aplicación del camino sinodal. Todo ello como respuesta a un mundo marcado por las guerras, la polarización, la pérdida de esperanza y el deterioro de las relaciones humanas.

Antes de iniciar su intervención, expresó la cercanía de toda la Iglesia al pueblo de Venezuela por el terremoto que ha sacudido al país en los últimos días y aseguró la oración por las víctimas, sus familias y quienes participan en las labores de rescate.

León XIV agradeció a los cardenales la libertad, la fraternidad y el sentido eclesial con los que se han desarrollado los trabajos del consistorio. Afirmó que, más allá del contenido de las reflexiones, se lleva consigo la experiencia de haber buscado juntos la voluntad del Señor, convencido de que es Cristo quien guía a su Iglesia y quien habla también a través de la escucha mutua.

La sinodalidad, un estilo espiritual para toda la Iglesia

Al hacer balance del consistorio, el Papa volvió a insistir en la necesidad de avanzar en la recepción del Sínodo, aunque precisó que la sinodalidad no puede reducirse a un procedimiento organizativo. “La sinodalidad no es un conjunto de reuniones ni un método de trabajo. Es un estilo espiritual”, afirmó.

En este sentido, pidió a los cardenales acompañar con decisión su aplicación en las Iglesias que sirven, favoreciendo una comprensión auténtica de este proceso y ayudando a las comunidades cristianas a crecer “en un estilo cada vez más evangélico”.

Según explicó, la pregunta decisiva para la Iglesia no es quién tiene el poder de decidir, sino “cómo custodiar juntos el don que el Señor ha confiado a su Iglesia”, una perspectiva desde la que cobran sentido la autoridad, la corresponsabilidad y el discernimiento comunitario.

Las heridas del mundo y la esperanza

El pontífice destacó que durante el consistorio los cardenales no se limitaron a describir las guerras, las violencias, la pobreza o las injusticias, sino que identificaron heridas más profundas, como la soledad, la crisis de las relaciones humanas, la pérdida de la esperanza y la dificultad para reconocerse como hermanas y hermanos.

Entre esas preocupaciones subrayó especialmente la situación de los jóvenes, cuya búsqueda de autenticidad y de sentido, junto al sufrimiento que en algunos casos desemboca en la desesperación, constituye una de las heridas más profundas del momento actual.

También recordó la importancia de sostener a las familias, al considerarlas una escuela de relaciones, solidaridad y esperanza. En este sentido, anunció un encuentro el próximo mes de octubre con los responsables de las Iglesias orientales y los presidentes de las conferencias episcopales para evaluar el camino recorrido tras Amoris laetitia, con la participación de familias que compartirán su experiencia.

Una cultura de la cooperación frente a la lógica de la guerra

León XIV retomó la cultura de la paz, una de las intuiciones centrales de Magnifica humanitas, para afirmar que la guerra no comienza únicamente cuando estalla un conflicto entre Estados, sino mucho antes, en una “cultura de la potencia” que impregna las relaciones humanas, la política, la economía, la tecnología e incluso la religión.

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Ante esta lógica, defendió la necesidad de reconstruir una cultura de la cooperación y del diálogo capaz de fortalecer el multilateralismo y favorecer la búsqueda compartida del bien común de toda la familia humana.

En ese camino, subrayó la responsabilidad del laicado comprometidos en la vida pública, llamados a ejercer la “caridad política”, así como la importancia del diálogo ecuménico e interreligioso como instrumentos al servicio de la paz.

No violencia y Doctrina Social

León XIV valoró también la reflexión realizada por los cardenales sobre la respuesta no violenta a los conflictos. Explicó que la no violencia no supone renunciar al conflicto ni adoptar una actitud pasiva, sino afrontar el mal sin reproducir su misma lógica, rechazando convertir al otro en un enemigo.

Asimismo, señaló que varios grupos propusieron seguir profundizando, con rigor teológico y pastoral, en la cuestión de la legítima defensa a la luz de las transformaciones experimentadas por los conflictos contemporáneos.

El Papa acogió igualmente la petición de reforzar la presencia de la Doctrina Social de la Iglesia en la vida de las comunidades cristianas, de manera que se convierta en un criterio habitual para la formación de las conciencias y el discernimiento pastoral. Explicó que no ofrece soluciones prefabricadas, sino que educa a la Iglesia “en un modo evangélico de habitar la realidad, interpretarla y orientar responsablemente la acción”.

En ese contexto recordó que el bien común no es únicamente un objetivo político, sino una realidad que necesita ser redescubierta colectivamente, y afirmó que las personas empobrecidas no son solo destinatarias de la acción de la Iglesia, sino protagonistas de la esperanza que Dios sigue suscitando en la historia.

Continuidad del consistorio

Finalmente, León XIV defendió que el consistorio no puede entenderse como un parlamento donde se enfrentan intereses u opiniones, sino como una experiencia de comunión al servicio de la misión de la Iglesia. Por ello anunció su deseo de dar continuidad anual a estos encuentros del Colegio Cardenalicio.

El pontífice concluyó haciendo suyo el llamamiento unánime surgido durante el consistorio a favor de la paz. “Dios desea la paz para cada nación y para cada pueblo”, afirmó, antes de advertir que “la violencia no tendrá la última palabra” y de animar a toda la Iglesia a recorrer con valentía los caminos de reconciliación y paz que Dios continúa abriendo en la historia.

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