La revolución digital abre una nueva cuestión social: quién gobierna el poder de la inteligencia artificial

La revolución digital abre una nueva cuestión social: quién gobierna el poder de la inteligencia artificial
FOTO | Unai Sordo (i), Antonio Garamendi, Jesús Avezuela, Luis Argüello y Carme Artigas
La primera encíclica de León XIV sitúa la inteligencia artificial como una de las grandes transformaciones históricas de nuestro tiempo y plantea un desafío que supera el ámbito tecnológico: quién controla las nuevas estructuras de poder digital y cómo garantizar que estén al servicio de la persona

La presentación en España de Magnifica humanitas, organizada por la Fundación Pablo VI, reunió a Iglesia, sindicatos, empresa y especialistas en inteligencia artificial en un diálogo sobre el futuro del trabajo, la democracia y la gobernanza de una revolución que ya está cambiando la sociedad.

El encuentro contó con la participación de monseñor Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE); Unai Sordo, secretario general de CCOO; Carme Artigas, copresidenta del Consejo Asesor de Inteligencia Artificial de Naciones Unidas, y Antonio Garamendi, presidente de CEOE. También intervino mediante un mensaje en vídeo Alessandra Smerilli, secretaria del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. El diálogo estuvo moderado por Jesús Avezuela, director general de la Fundación.

La presentación mostró una amplia coincidencia en torno a una de las intuiciones centrales de la encíclica: la inteligencia artificial no es únicamente una herramienta tecnológica, sino una nueva cuestión social que afecta a la organización del trabajo, a las relaciones de poder y al futuro de la democracia.

En su intervención inicial, Smerilli explicó que Magnifica humanitas responde a la pregunta sobre “qué significa salvaguardar a la persona humana en la era de la inteligencia artificial” y destacó la imagen bíblica de Nehemías elegida por León XIV frente a la lógica de Babel.

“Ante los nuevos asuntos de nuestro tiempo, la encíclica nos sugiere a Nehemías como paradigma”, señaló la responsable vaticana, porque escucha el dolor de una ciudad herida, discierne y reconstruye “con el pueblo” desde el cuidado de lo humano y del bien común.

Para Smerilli, el texto plantea dos grandes llamadas: “la necesidad de trabajar juntos” y “la necesidad de actuar de inmediato”, porque la inteligencia artificial “no solo concierne a nuestro futuro, sino también a nuestro presente”.

Un nuevo impulso de la Doctrina Social ante la revolución digital

Luis Argüello situó Magnifica humanitas dentro de la tradición iniciada por Rerum novarum, la encíclica con la que León XIII respondió a las transformaciones sociales provocadas por la revolución industrial.

El presidente de la CEE interpretó el documento de León XIV como un nuevo impulso de la Doctrina Social de la Iglesia ante una pregunta permanente: “Cómo ser católico en este tiempo, siendo fieles a las grandes intuiciones que surgen del Evangelio y aplicándolas a la novedad de esta época, marcada por la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica”.

Argüello recordó que permanecen los grandes fundamentos de la enseñanza social cristiana: “la dignidad humana como fundamento de todo, la búsqueda del bien común, el protagonismo desde abajo expresado con el principio de subsidiariedad, la justicia social, la solidaridad, el grito de los pobres”.

Panel de cinco personas sentadas en un escenario con fondo azul; título en español sobre construcción y servicio, entre ellos tres hombres y dos mujeres discuten en sillones y una mesa central.

Pero esos principios deben aplicarse a un escenario histórico nuevo, donde la cuestión social adquiere dimensiones inéditas. “El conflicto de Rerum novarum, que era entre empresarios y trabajadores, adquiere una dimensión nueva”, afirmó.

En su opinión, el “empresario indirecto” del que habló Juan Pablo II en Laborem exercens aparece hoy vinculado al poder de las grandes plataformas digitales, capaces de influir en la organización del trabajo, la economía y la vida social.

Argüello alertó además de nuevas formas de control que puede generar la tecnología aplicada al trabajo y destacó la preocupación de la encíclica por las nuevas esclavitudes.

Para el presidente de la CEE, la alternativa planteada por León XIV no consiste únicamente en regular herramientas, sino en reconstruir una visión de la persona. En este sentido, subrayó una diferencia que considera clave: “La promoción de las personas parece que es lo mismo que empoderamiento, pero no es lo mismo”.

Frente a la lógica de Babel, asociada al dominio y a un poder que pretende imponerse, defendió la propuesta de Nehemías que atraviesa la encíclica: reconstruir vínculos, cuidar lo común y levantar una convivencia más humana “ladrillo a ladrillo”.

Desde la mirada tecnológica, Carme Artigas coincidió en que la encíclica llega en un momento decisivo. La copresidenta del Consejo Asesor de Inteligencia Artificial de Naciones Unidas, que participa en distintos espacios internacionales de reflexión sobre inteligencia artificial, aseguró que el texto supone un respaldo a quienes llevan años reclamando una gobernanza ética de estas tecnologías.

“Se hace no desde un análisis tecnológico únicamente, sino desde una autoridad moral que solo el Papa puede tener, para católicos y para no católicos”, afirmó.

Para Artigas, uno de los grandes aciertos de León XIV es situar correctamente el debate: “La inteligencia artificial no es solamente una tecnología, sino una infraestructura de poder”.

En su opinión, el interrogante decisivo ya no es solo qué puede hacer la inteligencia artificial, sino quién tiene capacidad para decidir sus usos, establecer sus límites y beneficiarse de su desarrollo. La concentración de datos, capacidad tecnológica y recursos económicos en un reducido número de corporaciones convierte la gobernanza democrática de la IA en una cuestión central.

Artigas recordó que esta revolución es diferente a las anteriores porque afecta a todos los sectores económicos, transforma conceptos como la verdad y la libertad, y plantea una novedad histórica: es “la única tecnología creada por el hombre que puede seguir evolucionando sin intervención humana”.

Por ello defendió que la sociedad no puede asumir el desarrollo tecnológico como algo inevitable decidido por otros: “El ser humano tiene que dejar de estar narcotizado por la tecnología y bajando los brazos y tomar acción”.

Trabajo, algoritmos y el poder de decidir sobre el futuro

El secretario general de CCOO, Unai Sordo, realizó la lectura más centrada en las consecuencias laborales y democráticas de Magnifica humanitas. A su juicio, la encíclica ofrece “una visión profundamente humanista” con un contenido “ético y moral, pero con un profundo contenido político, no programático”.

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Sordo valoró especialmente que León XIV sitúe la inteligencia artificial dentro de los conflictos sociales reales y no como una cuestión meramente técnica: “La encíclica hace una cosa muy importante y es no tecnocratizar el debate. Sino vincularlo a las relaciones de poder y a las relaciones de organización social, que en el mundo del trabajo es clave”.

El dirigente sindical destacó que el desafío no se limita a cuántos empleos desaparecerán o se crearán. La gestión algorítmica afecta ya a la organización del trabajo existente: selección de personal, despidos, intensidad laboral, salarios o condiciones de empleo.

“La gobernanza de ese uso de los algoritmos es fundamental”, señaló, advirtiendo de que decisiones presentadas como neutrales pueden reproducir desigualdades y discriminaciones.

En este sentido, defendió avanzar en transparencia algorítmica y en la capacidad de intervención colectiva sobre sistemas que “van a tomar decisiones sobre su trabajo y, por tanto, sobre su vida”.

Para Sordo, Magnifica humanitas también advierte de un cambio profundo en la estructura del poder mundial. Pequeños grupos con enorme capacidad tecnológica pueden orientar la información, condicionar procesos democráticos e influir en las dinámicas económicas en beneficio propio.

El secretario general de CCOO señaló que uno de los retos actuales es evitar una concentración de poder que ya no procede únicamente de los Estados, sino de corporaciones capaces de controlar infraestructuras digitales esenciales.

Por ello destacó otra aportación de la encíclica: “La necesidad de los espacios de mediación democrática”, desde los que sindicatos, organizaciones sociales e instituciones puedan intervenir en la orientación de estas transformaciones.

Antonio Garamendi coincidió en que la encíclica no plantea un rechazo de la tecnología, sino una llamada a gobernarla: “No se está condenando la tecnología, lo que se está diciendo es cómo vamos a gestionarlo”.

El presidente de CEOE defendió la necesidad de “un nuevo contrato social, una nueva forma de trabajar” y reivindicó el diálogo social como herramienta para afrontar estos cambios.

En la parte final del encuentro, los participantes abordaron otra expresión central de León XIV: la llamada a “desarmar” la inteligencia artificial y también las palabras.

“Cuando el Papa habla de desarmar las palabras, parte de una premisa, y es que están armadas”, afirmó Sordo, que vinculó esta cuestión con la pérdida de espacios compartidos de deliberación democrática.

Artigas coincidió en que la disputa tecnológica es también cultural: “En este momento la palabra es un arma. Todo lo que estamos viendo es una batalla por la narrativa”, advirtiendo además de la urgencia de actuar ante la transformación del empleo: “Estamos ante el final de una era industrial. Todo nuestro modelo económico productivo está basado en una época industrial que ya no existe”.

El cierre correspondió a Argüello, quien vinculó la respuesta propuesta por León XIV con la construcción de una “civilización del amor”, expresión heredada de Pablo VI.

El presidente de la CEE defendió que esa civilización exige educación, diálogo, formación de la conciencia y una cultura capaz de poner la técnica al servicio de las personas: “Un riesgo de la educación actual es que sea meramente funcional, que ayude a manejar las máquinas, que hay que hacerlo, pero sobre todo hay un desafío de una educación de la conciencia”.

Una llamada que resume el núcleo de Magnifica humanitas: ante una revolución tecnológica capaz de acumular un poder sin precedentes, la tarea común es construir una sociedad donde la inteligencia artificial esté al servicio de la dignidad humana, el trabajo y el bien común.

El diálogo suscitado por la primera encíclica de León XIV generó una amplia expectación, con un numeroso público que siguió la presentación organizada por la Fundación Pablo VI tanto presencialmente como a través de la retransmisión digital.

Entre las personas asistentes se encontraban también representantes de movimientos especializados de Acción Católica y de la pastoral del trabajo de la Iglesia, entre ellos las presidencias de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y la Juventud Estudiante Católica (JEC), junto a integrantes de sus respectivos equipos y comisiones permanentes.

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