Tica Font: “Las guerras tienen implícitas la codicia y el enriquecimiento”

Tica Font Gregori, investigadora voluntaria del Centro Delàs de Estudios por la Paz, dará, este martes 26, una conferencia sobre La guerra, un desastre para todos, un negocio para algunos en la Escuela de Formación Sociopolítica y Fe Cristiana. Será a las 19 horas, en la parroquia de La Vega de San José y se puede seguir por Zoom. Para la ponente, “los consensos que estábamos construyendo en los últimos 80 años después de la Segunda Guerra Mundial se nos están desmoronando”
¿Cuáles serían las ideas centrales de tu ponencia?
Primero situarnos. Venimos de una posguerra fría en la cual Estados Unidos era la única potencia mundial en términos económicos, tecnológicos y militares. Desde más o menos 2010, China le está compitiendo por ser la primera potencia mundial. Desbancar la hegemonía de Estados Unidos es el objetivo de China, y esto está provocando que la confrontación entre los dos países desarrolle tensiones de carácter mundial. En estos momentos, todas las tensiones tienen implícita la codicia y el enriquecimiento. Trump no se involucra en ninguna guerra de la cual no pueda conseguir, mediante el uso de la fuerza militar, ingresos para su economía. No digo para la población, sino que las personas más ricas van a enriquecerse y obtener ventajas. Se intentará como sea que Estados Unidos mantenga un crecimiento económico superior al de China, y esto va a marcar todo el escenario. Europa se está situando en el plan de rearmarse porque Estados Unidos desplaza sus intereses hacia China. En Europa se está justificando que debemos tener ejércitos más fuertes, creando un enemigo que nos va a invadir, que es Rusia, y ante el cual nos tenemos que preparar. En esos escenarios es donde la población nos podemos replantear cómo nos vamos a situar.
¿Qué posiciones plantea?
Mantener criterios de carácter humanitario; todos tenemos experiencias de lo que supuso la Guerra Civil en España. Creo que en todas las familias hay recuerdo de lo que supuso la guerra en cuanto a dificultades, hambre, necesidades y privaciones. Se rompieron las relaciones sociales, barriales y a veces incluso familiares; se desorganizó la sociedad. Acudir a esos recuerdos para decir que no queremos volver a vivir una guerra, ni que nuestros hijos ni nietos la vivan, es fundamental. No nos hacen falta criterios geopolíticos complejos, simplemente queremos optar por vivir y no por morir, sabiendo que los que sacarán beneficio de una guerra y de un plan de rearme nunca somos la población; siempre hay otros que son los que se van a enriquecer mediante la guerra.
“Si el gobierno duplica o triplica el gasto del Ministerio de Defensa, tendrá que reducir –como ya ha establecido la OTAN para los países de la Unión Europea– el gasto en pensiones, sanidad y prestaciones sociales (…) Ese modelo de sociedad que hemos tardado 80 años en construir, con seguridad social y prestaciones, lo iremos perdiendo lentamente”
¿Puedes añadir algo más a ese aspecto?
En general, tanto en las guerras internas de un país como en las internacionales, se disputan los recursos económicos. Disponer de la riqueza te da ventaja política, y ese es un elemento que se encuentra en todas las guerras. Siempre se organizan porque la gente se agrupa por nacionalidad, etnia o religión, pero la causa no es ni la etnia ni la religión; las causas siempre son de índole económica. Siempre se disputan recursos económicos, y a menudo se necesita mitología para que los grupos que van a formar parte de esa división se enfrenten, haciendo creer que el otro te ha menospreciado o se ha enriquecido a tu costa. Fíjate como Trump dice que los europeos hemos sido unos aprovechados y que es hora de que pasemos el dinero de nuestras riquezas a Estados Unidos. Simplemente es dinero. Dinero, petróleo, minerales o recursos naturales; siempre en el fondo son riquezas y el control del territorio donde están asociadas. En el fondo, es codicia.
¿Cuáles son las consecuencias de las guerras, invasión y el genocidio?
Estamos observando que las reglas que habíamos establecido en los últimos años se están desmoronando. Hemos construido estados que ayudan y defienden a las personas más débiles, pero hay una corriente política que cuestiona el estado: dicen que hace falta estado, sí, pero para beneficiar al capital y al proyecto económico de los más ricos. El estado que protege a los más débiles sobra, y eso lo vemos en la acción política de Trump, Milei u Orbán. También vemos cómo se desmorona el cumplimiento del derecho. Estos gobernantes no están dispuestos a respetar las legislaciones nacionales ni internacionales. Hay un menosprecio hacia la institucionalidad internacional; ni Netanyahu ni Trump dan valor a la ONU, consideran que está acabada. La democracia no les es interesante a las personas ricas; prefieren gobernantes que simplemente gobiernen para enriquecerse ellos y a sus familias, intentando diluir la democracia y optando por autocracias. Los consensos que estábamos construyendo en los últimos 80 años después de la Segunda Guerra Mundial se nos están desmoronando.
¿Cómo valoras los movimientos pacifistas ante esta realidad?
El movimiento pacifista sigue aquí, pero está más menguado. A diferencia de los años 80 o de 2003, la sociedad ha atomizado los movimientos sociales. Hay un movimiento fuerte por la vivienda, otro por la sanidad pública, otro de jubilados por las pensiones, el movimiento feminista… La sociedad se ha dividido en movimientos específicos. Antes movilizábamos a toda la población de forma temporal; ahora estamos mucho más atomizados. Por eso el movimiento pacifista sigue, pero es mucho más pequeño.
¿A qué invitas a la sociedad?
A que se oponga a cualquier forma de guerra, alegando que va en contra de la vida. También abogaré a que se opongan al plan de rearme, tal y como se está haciendo en Europa, porque eso va a comportar reequilibrar los presupuestos públicos. Si el gobierno duplica o triplica el gasto del Ministerio de Defensa, tendrá que reducir —como ya ha establecido la OTAN para los países de la Unión Europea— el gasto en pensiones, sanidad y prestaciones sociales. Si los ciudadanos dejamos que nuestros gobernantes hagan eso, es evidente que aceptamos empobrecernos más, perder esperanza de vida y que, ante cualquier catástrofe natural, la norma del estado sea que cada uno se arregle como pueda porque no hay dinero para ayudar. Ese modelo de sociedad que hemos tardado 80 años en construir, con seguridad social y prestaciones, lo iremos perdiendo lentamente.
Apoya y cuida Noticias ObrerasTu aportación hace posible un periodismo comprometido con la dignidad del trabajo, la justicia social y la esperanza. Puedes colaborar también a través de Bizum al 13744. Cualquier aportación, por pequeña que sea, suma y nos ayuda a seguir construyendo, día a día, esta mirada compartida al servicio del bien común

Periodista y militante de la HOAC de Canarias



