La OIT llama a Gobiernos y agentes sociales a promover la formación permanente para afrontar la transformación del trabajo

La OIT llama a Gobiernos y agentes sociales a promover la formación permanente para afrontar la transformación del trabajo
La aceleración de la digitalización, el avance de la inteligencia artificial, la transición ecológica y los cambios demográficos están reconfigurando los mercados laborales en todo el mundo, por lo que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte de la necesidad de una inversión decidida para evitar que las desigualdades sigan ampliándose

El informe Aprendizaje permanente y competencias para el futuro, en el que la OIT ha desplegado un gran esfuerzo de investigación, análisis y prospectiva, parte de encuestas a trabajadores, análisis de millones de vacantes en línea, datos institucionales y una revisión de 174 estudios sobre políticas de formación.

Su conclusión es clara: el aprendizaje a lo largo de la vida debe convertirse en un pilar de la política económica y social, no solo como herramienta de empleabilidad, sino como condición para el trabajo decente, la innovación y la cohesión social. Este es el mensaje principal que lanza la OIT, con un amplio despliegue, a gobiernos, agentes sociales, instituciones y población trabajadora en general.

“El aprendizaje permanente es el puente entre los empleos de hoy y las oportunidades del mañana. No se trata solo de empleabilidad y productividad, sino también de apoyar el trabajo decente, impulsar la innovación genuina y construir sociedades resilientes”, afirmó el director general de la OIT, Gilbert F. Houngbo.

Sin medidas decididas, advierte la organización, las transformaciones que están configurando el futuro del trabajo corren el riesgo de dejar atrás a amplios sectores de la población trabajadora mundial.

Competencias en transformación y desigualdades persistentes

Los cambios tecnológicos y ecológicos están modificando profundamente las necesidades de competencias. La digitalización y la IA transforman tareas y procesos productivos, mientras que la transición hacia economías sostenibles reconfigura sectores enteros. A ello se suma el envejecimiento demográfico, que incrementa la demanda de cuidados y presiona especialmente a los trabajadores de mayor edad.

Pese a esta transformación, solo el 16 % de las personas entre 15 y 64 años participó en formación estructurada durante el último año, una cifra sorprendentemente baja y con escasas diferencias entre países.

Entre quienes tienen un empleo estable en empresas formales, la participación sube al 51 %, lo que revela una brecha profunda entre trabajadores formales e informales y entre distintos niveles educativos.

El informe muestra que los trabajadores con menor formación, en empleos informales o en pequeñas empresas, aprenden sobre todo “haciendo”, mientras que quienes ocupan posiciones más estables acceden con mayor facilidad a formación estructurada y aprendizaje entre iguales.

Para la OIT, esta realidad exige sistemas de aprendizaje que reconozcan y acompañen la diversidad de trayectorias laborales, especialmente en los segmentos más vulnerables.

Más allá de lo digital y lo verde

Aunque las competencias digitales y verdes son cada vez más demandadas, la OIT subraya que centrarse únicamente en habilidades técnicas es insuficiente.

Los empleadores buscan combinaciones de competencias: digitales, cognitivas básicas, socioemocionales, comunicativas y manuales.

En países como Brasil, Marruecos o Emiratos Árabes Unidos, más de la mitad de las competencias solicitadas en las vacantes son socioemocionales; en Egipto, Jordania, Sudáfrica o Uruguay superan el 40 %.

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Las competencias específicas en IA representan todavía una fracción pequeña de la demanda total. La mayoría de trabajadores utiliza herramientas de IA listas para usar, lo que hace aún más relevante la alfabetización digital, el pensamiento crítico y las habilidades sociales.

En paralelo, la transición ecológica abre nuevas oportunidades laborales, pero la OIT advierte que no garantiza empleos decentes por sí misma. Sin políticas adecuadas y sin la combinación correcta de competencias, estos empleos pueden reproducir la precariedad existente.

Lo mismo ocurre en el sector de los cuidados, donde la demanda global de trabajadores de larga duración pasará de 85 millones en 2023 a 158 millones en 2050, mientras las condiciones laborales siguen siendo deficientes y las competencias, infravaloradas.

El aprendizaje permanente como prioridad pública

El informe reclama un enfoque integral del aprendizaje permanente que abarque la educación formal, la formación en el trabajo y las oportunidades de aprendizaje comunitario. Sin embargo, muchos países mantienen sistemas fragmentados y crónicamente infrafinanciados. Incluso entre los países de ingresos altos, un 34 % destina menos del 1 % de su presupuesto educativo a la formación de personas adultas; en los de ingresos bajos, la cifra asciende al 63 %.

La OIT insiste en que los gobiernos, las organizaciones empresariales y los sindicatos deben asumir un papel activo para garantizar un acceso equitativo al aprendizaje, fortalecer los sistemas de formación y adaptar las políticas a las realidades de la vida laboral.

La gobernanza, la financiación y el diálogo social son elementos imprescindibles para que el aprendizaje permanente se convierta en una herramienta real de inclusión y justicia social.

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