La Iglesia en Cádiz alerta sobre la siniestralidad laboral y reclama trabajo decente

La Iglesia en Cádiz alerta sobre la siniestralidad laboral y reclama trabajo decente
“Hay un rostro y una familia que se encuentra desamparada”. El administrador apostólico dela diócesis, Ramón Valdivia, pone el foco en las muertes en el trabajo y llama a impulsar condiciones laborales dignas ante la exclusión

Con motivo de la memoria de san José Obrero, el administrador apostólico de Cádiz y Ceuta, Ramón Valdivia Jiménez, ha hecho pública la carta pastoral Ante la exclusión, trabajo decenteen sintonía con el manifiesto para el 1º de Mayo de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente–, en la que expresa su preocupación por el deterioro de las condiciones laborales y, de forma especial, por la siniestralidad laboral.

Valdivia aporta datos concretos de la diócesis que evidencian la gravedad del problema: siete personas trabajadoras fallecidas en accidente laboral durante el último año, tres en el primer trimestre del actual y 31 accidentes graves. Más allá de las cifras, subraya su impacto humano: “cada vez que reciban la triste noticia de un accidente o una muerte, sepan que hay un rostro y una familia que se encuentra desamparada”.

En su reflexión, reconoce además una toma de conciencia personal sobre esta realidad tras conocer de cerca las cifras y testimonios del mundo del trabajo, lo que le lleva a interpelar a toda la comunidad cristiana a no permanecer “impávidos o indolentes” ante esta “negra lista”.

Precariedad, migración y vivienda

La carta pastoral sitúa la siniestralidad en un contexto más amplio de precariedad laboral. Señala factores como la temporalidad, la dificultad de conciliación o la imposibilidad de acceso a una vivienda digna como elementos que degradan las condiciones de vida de las personas trabajadoras.

En este marco, advierte también sobre la situación de las personas migrantes, cuya aportación considera “imprescindible” pese a que, en muchos casos, trabajan sin seguridad jurídica ni derechos. Esta realidad provoca que su empleo sea “invisible” y que no puedan acceder a derechos básicos ni a prestaciones que les corresponderían.

El texto denuncia igualmente la existencia de personas trabajadoras pobres que, aun teniendo empleo, no pueden llegar a fin de mes, una situación que, según el administrador apostólico, impide “generar una cultura de la vida” debido a la inseguridad que generan unas condiciones laborales desfavorables.

Llamada a una cultura del cuidado y a condiciones dignas

Desde esta realidad, la carta plantea una llamada a la responsabilidad compartida. Por un lado, invita a mejorar las condiciones laborales y a reforzar la formación en prevención para garantizar la seguridad en el trabajo. Por otro, reclama cercanía y acompañamiento a las víctimas y sus familias.

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“La Iglesia tiene también la misión de alzar su voz, como los profetas, para pedir condiciones laborales dignas”, afirma, apelando directamente a quienes tienen responsabilidad en la organización del trabajo, esto es, a la patronal.

Valdivia insiste en la necesidad de promover una “cultura de los cuidados” que sitúe la dignidad de la persona en el centro y contribuya a generar confianza en el ámbito laboral. Una cultura que, en sus palabras, debe orientarse al bien común y a la construcción de una sociedad en la que el trabajo no sea causa de exclusión, sino de integración.

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