Jesús de Nazaret y los crucificados

Para hablar de Jesús de Nazaret habría que hablar de esos grandes momentos de su existencia y que, desde un punto de vista de la fe, estarían integrados, como es que durante toda su vida anunció y vivió el reino de Dios, ese reino de amor, misericordia, compasión, justicia, paz y reconciliación. Como consecuencia de este proyecto entró en conflicto con los poderosos económicos, militares, políticos y religiosos, lo que le llevó a su pasión y muerte y cuando todo parecía acabado y de nuevo los poderosos, los que se consideran dueños de la vida y de la muerte, creían que habían triunfado, el Dios Padre/Madre de la vida lo resucita y de nuevo brota la esperanza y la humanidad. Hacer un pequeño inciso de que en Semana Santa se pone casi todo el acento en la pasión y muerte y se minimiza su vida, el reino de Dios, y la resurrección y no sé por qué.
Jesús murió crucificado, pero antes sufrió el proceso de la detención de alguien considerado un subversivo, un revolucionario, un blasfemo para las autoridades, encarcelado, torturado y condenado a muerte. Jesús fue crucificado y unió con él a todos los crucificados de la humanidad.
En este artículo quiero reflejar a esos crucificados de la historia pasada y del presente, que se unen al grito de dolor de Jesús.
El grito de Jesús se une al grito de los millones de personas que sufren las guerras en todos los rincones del mundo; sufren la muerte, las heridas y el deseo de morir por las condiciones de los grandes ejércitos que impiden la ayuda humanitaria y sanitaria y que los condena a una vida sin vida.
El grito de Jesús se une al grito de los pueblos que sufren los crímenes de guerra, los crímenes de lesa humanidad y los genocidios. Es el grito que se une a los que sufren la limpieza étnica y saquean sus recursos naturales.
El grito de Jesús se une a los defensores y defensoras de la justicia social, la libertad y la fraternidad que sufren represión, encarcelamiento, torturas y desapariciones. Es el grito de tantas personas que defienden los derechos humanos, el derecho internacional y el derecho humanitario y que quieren acallar su voz y sus vidas.
El grito de Jesús se une a tantas mujeres que sufren explotación sexual, laboral, violencia y pobreza. Es el grito que se une a esas mujeres que ven cómo sus hijos e hijas mueren por las guerras y la miseria.
El grito de Jesús se une al grito de esos millones de personas que son perseguidas, castigadas y violentadas por su orientación sexual. Es el grito de esas personas que solo quieren vivir como sienten.
El grito de Jesús se une a los millones de personas que tienen que migrar y huir de la muerte segura para encontrar algo de vida. Es el grito que se une al grito de las personas desplazadas, de las personas refugiadas y migrantes. Es el grito que se une a esas personas que se hunden en el mar porque sus pateras y sus embarcaciones deterioradas no aguantan.
El grito de Jesús se une al grito de los millones de niños y niñas que sufren la hambruna, que los tienen que operar sin anestesia y que los destellos de luz que ven no son las estrellas, sino las bombas y los misiles.
El grito de Jesús se une al grito de la creación que sufre su devastación, su degradación y su destrucción. Es el grito de una naturaleza que se apaga por el ruido de las máquinas y las ganancias en las bolsas.
El grito de Jesús se une al grito de millones de personas que les roban sus tierras, sus ríos, sus viviendas y el trabajo digno. Es el grito de millones de personas que son despojadas de su dignidad en el nombre del progreso y el acaparamiento.
Podríamos seguir con ese inmenso coro de la humanidad que exclama y grita un sufrimiento que nos atraviesa el corazón, y que los verdugos quieren acallar, justificar y legitimar. Esos verdugos que crucificaron a Jesús, que crucifican a millones de personas van cambiando de nombre y de instituciones, pero siempre son los que controlan la economía y la política y solo buscan el poder absoluto y acaparar toda la riqueza del mundo. En el nombre de su avaricia, de su codicia y su ambición desolan el mundo.
Nuestra misión es bajar de la cruz a los crucificados, personas, pueblos y colectivos, para que tengan vida y vida en abundancia.

Consiliario de la HOAC de Murcia. Militante de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y de la Asociación Amigos de Ritsona de apoyo a personas refugiadas. Autor del blog Sembrando sueños, construyendo humanidad



