Imágenes de un desahucio

Imágenes de un desahucio

Sales de tu casa en dirección a un domicilio donde una familia te espera porque tiene ese día su desahucio y no tienen adónde ir, no tienen una alternativa habitacional y ni siquiera saben qué hacer con sus muebles, no tienen ningún lugar donde llevarlos. A primera hora te llaman con voz temblorosa para preguntarnos si vamos a ir, ¿pero vais a venir? Aunque le dijimos que estaríamos en su casa necesitan la confirmación.

Cuando llegamos, lo primero que te preguntan, con total desesperación, si se parará el desahucio, dónde irán si los echan a la calle, dónde pueden llevar sus pertenencias. Toda una vida rota y a la hora señalada del desahucio llega el momento de caer en el vacío. Es la imagen del miedo, de la desesperación, del fracaso, de la autoculpabilización porque tomaron algunas decisiones que en ese momento pensaron que eran buenas, que no tendrían consecuencias negativas, que la vida les sonreía. Te dicen que no han hecho nada malo en la vida para que los dejen en la calle. Sienten la soledad porque sienten el abandono de la sociedad y de la Administración pública.

Llegas a esa casa y ves los rostros de miradas vacías, de no entender nada, de que no es posible que el juzgado los eche a la calle apoyados por las fuerzas de orden público. Hay una sentencia de desahucio porque una entidad financiera o un fondo de inversión, llamados “buitres”, tocaron el botón de la demanda y todo se pone en marcha, sabiendo que el final es inhumano, si no hay un acuerdo razonable.

A veces, nos llaman cuando el desahucio se ha producido y cuando llegas a la puerta de lo que un día fue la entrada a su hogar, los ves con lágrimas en los ojos, sentados en un banco y cuando les dices, sin herirlos, por qué no nos han llamado antes, nos dicen que pensaban que cuando llegaran los del juzgado, les explicarían su situación y lo retrasarían, pero la respuesta es que no puede haber más demora y que les dejan un poco de tiempo para sacar lo imprescindible. Es la imagen de la mirada de las dos personas de la comisión judicial que luchan por controlar esos sentimientos que te dicen” esto no está bien” y lo intentan controlar con ese muro de que ellos cumplen una orden de un juez o jueza y que la orden es tajante: se tienen que ir sí o sí.

Ves las imágenes de ese dolor, de no saber qué hacer, de preguntarnos si conocemos algún sitio para ir y de golpe empieza una carrera frenética llamando en primer lugar a servicios sociales o cualquier otro lugar para salir del paso. Es la mirada de la derrota, de evadir la mirada a sus hijos e hijas porque le han llevado a una situación de vergüenza e impotencia, ¿qué le van a decir a los compañeros de clase? ¿Dónde van a estudiar? Mientras tanto el sonido del taladro del cerrajero y el ruido de los que ponen una puerta de seguridad. Los miras y solo ves la imagen del silencio; es la imagen de la mirada que te dice que no queremos hacerlo, pero es nuestro trabajo.

Es la imagen de esa mirada de que todo el esfuerzo y sacrifico no han servido para nada, que solo han encontrado en la Administración pública la respuesta de encogimiento de hombros: “No tenemos viviendas”. O esa peregrinación de inmobiliaria en inmobiliaria donde encuentran la misma respuesta: “No hay vivienda de alquiler”. Ellos intuyen que la respuesta sería que no hay una vivienda de alquiler para ellos.

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Es la imagen de la mirada cansada de intentar con los propietarios llegar a un acuerdo, a un alquiler y siempre la respuesta es que se tienen que ir de la casa y que de lo contrario el juez mandará a la policía a echarlos y los chantajean diciéndoles que si quieren que sus hijos vean ese espectáculo. Utilizan la presión, la coacción y la mentira. No importan las personas, no importan las familias, solo la especulación y el gran negocio de la vivienda.

Es la imagen de las cosas que les da tiempo a sacar en el pasillo, en la calle; es la imagen de una sociedad que sigue su marcha sin saber o no quererse enterar de que una familia se ha quedado en la calle sin alternativa habitacional.

Cuando nos vamos los que hemos intentado frenarlo y volvemos a nuestros trabajos, a nuestras casas, no sabemos qué sentir. Miras a tu alrededor y sientes que no pasa nada, que no hay reacciones y si pones la radio del coche y anuncian una fiesta o un espectáculo te das cuenta que el dolor de los demás no importa y que tú tienes que sacar fuerzas de algún sitio para parar otro desahucio que una familia te ha comunicado.

Cierras los ojos y ves las imágenes, recreas esas imágenes con impotencia y con indignación de un desahucio que has vivido y te preguntas con angustia, con rabia y dolor dónde estará esa familia esa noche y las siguientes, mientras tú duermes en tu cama y en tu casa. Un horror.

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