Alfonso, viudo de una trabajadora fallecida en accidente laboral: “Hace falta más fuerza sindical, más leyes y más conciencia”

Alfonso, viudo de una trabajadora fallecida en accidente laboral: “Hace falta más fuerza sindical, más leyes y más conciencia”
A sus 64 años, Alfonso Redondo, vecino de Córdoba, trabajador y delegado sindical, colabora con la Asociación de Víctimas de Accidentes y Enfermedades Laborales de Andalucía (AVAELA), para que las instituciones y la ciudadanía tomen conciencia de las tragedias, incomprensiblemente silenciadas, que provoca la siniestralidad laboral en España.

Su vida dio un vuelco en septiembre de 2022, cuando su esposa, Araceli, de 61 años, también delegada sindical de UGT y trabajadora de la empresa municipal de limpieza viaria SADECO, perdió la vida en un accidente laboral.

Era una mujer comprometida con la prevención de riesgos, conocida por su empeño en que sus compañeros dispusieran de ropa adecuada en verano, horarios más tempranos en los días de calor extremo y medidas de seguridad reales, no solo sobre el papel.

“Fue un trauma para la familia. Pensábamos en lo que haríamos cuando nos jubilásemos. Todo lo vas posponiendo y luego te das cuenta de que el futuro no existe”, recuerda Alfonso.

La muerte de Araceli no solo quebró un proyecto de vida compartido; también fracturó la unidad de una familia muy unida, con dos hijas, que tuvo que enfrentarse a un proceso lleno de silencios, opacidades y desamparo institucional.

Según relata, la empresa levantó un cortafuego para evitar que la responsabilidad alcanzara a la gerencia y al Gobierno municipal. En aquellos primeros meses, la familia no quería saber nada indemnizaciones.

“Solo queríamos saber qué había pasado y que se identificaran las responsabilidades. Lo único que queríamos era volver a ser una familia”. Pero ese camino se vio obstaculizado por la falta de apoyo. “Nos sentimos desamparados por la empresa, por las instituciones y, siento decirlo, también por el sindicato. No recibimos el apoyo que merecíamos”.

La situación no mejoró cuando el bufete privado al que recurrieron les aconsejó retirar la demanda. Les advirtieron de que, en un juicio, “iban a crucificar a Araceli”. La familia no quería eso, precisamente.

“Lo último que queríamos era que la memoria de mi mujer, que había hecho tanto por los demás, acabara por los suelos”, asevera.

La renuncia al proceso judicial dejó a la familia sin respuestas.

En medio de ese vacío, llegó el encuentro con AVAELA. A los pocos días del fallecimiento, durante una concentración ante la Confederación de Empresarios de Córdoba, varios miembros de la asociación se acercaron a presentarse.

Desde entonces, Alfonso no ha dejado de colaborar. “Son un gran apoyo a las víctimas y hacen una labor ejemplar. Conocer a otras personas que han pasado por lo mismo ya es un paso. Con la ayuda de la asociación vas saliendo un poco del foso; te hacen ver que hay luz al final del túnel”.

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Como delegado sindical, insiste en que el movimiento obrero debe reforzar su papel en la lucha contra la siniestralidad: “Hace falta más fuerza sindical para exigir más inspectores de trabajo, mejores leyes que de verdad nos protejan. Hay que darle una vuelta de tuerca a todo hasta conseguir que la ciudadanía se implique”.

El sindicato UGT de Córdoba está valorando poner el nombre de su mujer a una de sus sedes en la ciudad, en recuerdo de su compromiso y de quienes han perdido la vida en sus puestos de trabajo. “Es de agradecer que lo estén pensando”, apunta Alfonso, quien reconoce avances, pero también la necesidad de una mayor determinación colectiva.

A pesar de seguir trabajando y de que su tiempo es limitado, Alfonso siente que recibe “más de lo que da”.

Confía en poder devolver a AVAELA parte del apoyo recibido cuando llegue la jubilación.

Mientras tanto, continúa denunciando la falta de acompañamiento que sufren muchas familias tras un accidente laboral: “Nos encontramos desamparados, sin apoyo psicológico, ni jurídico, ni información. A la familia nos cambió la vida. Incluso con ayuda cuesta un mundo rehacerla, y ya nada es lo mismo”.

Hoy, su testimonio es también una forma de reparación. Habla por Araceli, por su familia y por todas las víctimas invisibilizadas de una realidad que empieza a cambiar cuando alguien rompe el silencio.

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