Más de 66 millones de trabajadoras del hogar siguen en la economía informal

Más de 66 millones de trabajadoras del hogar siguen en la economía informal
Foto | Lucio Boschi (OIT Argentina)
Millones de trabajadoras del hogar siguen desempeñando una labor esencial para el sostenimiento de la vida sin disfrutar de derechos laborales y sociales equiparables a los del resto de la población asalariada, después de quince años de la aprobación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Un nuevo estudio, presentado bajo el título La situación del trabajo doméstico en 2025: 15 años después del Convenio núm. 189, estima que  actualmente trabajan en el sector doméstico unos 80 millones de personas mayores de 15 años, frente a los 75,6 millones contabilizados en 2019. Sin embargo, el peso relativo de esta actividad apenas ha variado y representa el 2,2% del empleo mundial y el 4,4% del empleo asalariado.

Aunque la situación ha mejorado en numerosos países, la OIT destaca que la informalidad disminuyó o se mantuvo estable en 91 de los 140 países analizados, mientras que aumentó en los 49 restantes. El resultado global refleja especialmente la concentración creciente de empleo doméstico en regiones donde el trabajo informal continúa estando muy extendido.

“No podemos afirmar que valoramos los cuidados mientras seguimos infravalorando a quienes los prestan”, señaló Patrick Belser, responsable del departamento de trabajo informal de la OIT, al presentar el informe.

Un sector feminizado y peor remunerado

Las desigualdades laborales siguen siendo una característica estructural del trabajo doméstico. Las personas ocupadas en este sector perciben, de media, apenas el 53,3% del salario mensual de otros trabajadores asalariados. Entre quienes desarrollan su actividad de forma informal, el porcentaje se reduce al 48,7%.

La situación afecta especialmente a las mujeres, que representan el 77,2% de la fuerza laboral doméstica mundial. Según la OIT, sus salarios equivalen de media al 48% de los percibidos por el conjunto de trabajadores asalariados, mientras que en el caso de los hombres empleados en el sector alcanzan el 65,8%.

A la brecha salarial se suman jornadas laborales extensas. Más de un tercio de las personas trabajadoras domésticas realiza al menos 49 horas semanales y cerca del 15% supera las 60 horas de trabajo cada semana.

Asia y el Pacífico reúnen aproximadamente la mitad de las personas trabajadoras domésticas del planeta, con 40,2 millones de empleos. África registró el mayor crecimiento entre 2019 y 2025, con 4,2 millones de trabajadores adicionales.

La informalidad alcanza el 93,3% en el continente africano y es prácticamente universal en los Estados árabes. Por el contrario, Europa y Asia Central presentan las tasas más bajas, aunque más de un tercio de las personas empleadas en el hogar continúan trabajando sin plena cobertura laboral.

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Del reconocimiento legal a los derechos efectivos

Para la OIT, los datos muestran que los avances legislativos de los últimos años han sido insuficientes para garantizar condiciones de trabajo dignas.

El organismo internacional reclama reforzar las políticas de formalización, ampliar la cobertura de protección social, asegurar salarios mínimos efectivos y avanzar hacia salarios vitales, además de fortalecer la inspección laboral y la negociación colectiva.

En concreto, reclama procedimientos de registro accesibles, inversión en empleos decentes en el sector de los cuidados, así como mayor cumplimiento y una aplicación más rigurosa de la legislación, sin olvidar la necesidad de impulsar el diálogo social y negociación colectiva.

La organización advierte de que el envejecimiento de la población, el aumento de las necesidades de cuidados y los procesos migratorios harán aún más relevante garantizar trabajo decente para quienes sostienen buena parte de las tareas de atención, limpieza y cuidado en los hogares.

La responsable de la OIT Patrick Belser reconoció, en la presentación del informe, que “queda mucho por hacer”, si bien, afirma, que “el cambio es posible”, como demuestran los avances registrados en algunos países del mundo.

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