La soledad adolescente se duplica y roza el 14% por el desplome del bienestar emocional

El bienestar emocional de los adolescentes ha registrado una “caída sin precedentes”, según advierte el último barómetro de UNICEF y la Universidad de Sevilla.
La cifra de menores que aseguran sentirse solos se ha duplicado desde 2018, afectando con mayor severidad a las chicas y a los hogares en situación de vulnerabilidad económica.
La salud mental de la adolescencia parece erosionarse. Los datos del Barómetro de Opinión de la Infancia y la Adolescencia 2024-2026 reflejan que el porcentaje de jóvenes de 12 a 16 años que declaran sentirse solos ha pasado del 7% en 2018 al 13,6% en 2022.
Quienes manifiestan sentir tristeza han aumentado del 11,9% al 19,5%.
Este deterioro también afecta al rendimiento y la atención en las aulas. En el mismo periodo de cinco años, la proporción de adolescentes que indican poder concentrarse siempre o casi siempre ha descendido drásticamente del 55% al 40,1%.
La responsable de Participación Infantil de UNICEF España, Silvia Casanovas, señala que “los niveles de bienestar han permanecido relativamente estables entre 2006 y 2018, pero entre 2018 y 2022 se observa una caída sin precedentes”.
Según la experta, “en todos los diez indicadores que estamos midiendo, hay un empeoramiento considerable”.
Brecha de género y desigualdad social
El informe apunta a los efectos de la pandemia y a la presión de las redes sociales por alcanzar “un físico perfecto” como factores determinantes.
Esta realidad impacta de forma desigual, castigando especialmente a las chicas, que sufren la mayor caída en los niveles de bienestar (0,41 puntos de descenso frente a los 0,14 de los chicos).
Además, la desigualdad y el nivel socioeconómico de las familias juegan un papel fundamental en la salud mental.
El alumnado perteneciente a hogares con menos recursos declaró en 2022 un bienestar significativamente más bajo (3,26 puntos) que aquellos jóvenes que viven en entornos de nivel medio (3,4) o alto (3,54), evidenciando que la vulnerabilidad económica agrava el sufrimiento emocional de los menores.
Una generación sin tabúes
Pese a estos datos, los jóvenes muestran una mayor apertura para abordar su salud mental.
Casanovas destaca que “a pesar de las dificultades que se encuentran, no consideran que en sus edades el tabú sea tan fuerte como en otras generaciones”.
Ante quienes los etiquetan de forma despectiva, la representante de UNICEF añade que “ellos comentan que tal vez son ‘generación de cristal’, pero porque también son más transparentes y tal vez no tienen tanta dificultad en comentar lo que les pasa”.
Para revertir la situación, la organización propone convertir los centros educativos en espacios “donde sea fácil pedir ayuda” y pide que familias y comunidad “escuchen, acompañen y den espacio” para el desarrollo adecuado.
La percepción de las personas adultas
En contraste con esta realidad, la encuesta del CIS sobre actitudes hacia la infancia revela una importante desconexión en la mirada adulta.
Solo el 2,9% de las personas encuestadas considera que la salud mental o la gestión emocional sea el principal problema de los adolescentes.
La mayoría de los adultos atribuye los problemas de la juventud a la “carencia de educación y valores” (17,7%), al “uso excesivo de redes sociales” (17%) o a la adicción a las pantallas (14,2%).
Además, el 70,4% de la sociedad española opina, con pesimismo, que los menores “vivirán peor” que sus padres.
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