La inteligencia artificial también es una cuestión de democracia

La inteligencia artificial también es una cuestión de democracia
La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en una cuestión política. No porque las máquinas hayan conquistado una autonomía propia, sino porque los sistemas de IA están entrando en espacios donde se decide sobre nuestra vida: el trabajo, la educación, la salud, la información, el acceso a derechos o la seguridad.

Por eso resulta significativo que algunos de los principales responsables de las grandes compañías tecnológicas reclamen ahora ralentizar el desarrollo de los modelos más avanzados y establecer mayores controles. Que reconozcan los riesgos es importante. Pero hay una pregunta anterior: ¿desde cuándo corresponde a quienes poseen una tecnología decidir cuándo, cómo y por quién deben ser vigilados?

Las empresas pueden aportar conocimiento, experiencia y recursos. Lo que no pueden hacer es reservarse la última palabra.

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