Hacer que la técnica crezca sin que se repliegue el corazón

Hacer que la técnica crezca sin que se repliegue el corazón
Foto | cadena SER
El principal desafío de la revolución tecnológica es qué humanidad queremos construir. Txetxu Ausín propone mirar la inteligencia artificial y el paradigma tecnocrático desde la dignidad humana, el trabajo, la vulnerabilidad, el cuidado y el bien común. Un texto para discernir cómo poner la tecnología al servicio de las personas y fortalecer comunidades capaces de transformar la realidad.

Convivir con la inteligencia artificial (IA)

El título principal de este texto está tomado del parágrafo 126 de la encíclica de León XIV Magnifica humanitas que, muy acertadamente, incluye como subtítulo «Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial».

Y es a ello a lo que voy a dedicar este análisis, tomando como hilo conductor dicha encíclica, pero sin dedicarme a realizar un comentario o reseña de la misma pues ya se ha escrito mucho y bien sobre la misma, también en estas páginas de Noticias Obreras. Sí que anotaremos, al hilo de la reflexión, pasajes de la encíclica que hagan referencia a las cuestiones abordadas.

Mi intención es incidir en el aspecto transformador del significado de lo humano y, por tanto, especialmente disruptivo, de la inteligencia artificial (IA), centrándome en la realidad cognitiva y afectiva de las personas. Como decía el papa Francisco en Laudato si’, nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma:

«Los descubrimientos científicos son un talento entregado a la humanidad para que lo haga fructificar (cf Mt 25, 14-30). La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En abstracto, esta, en sí misma, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí misma; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza» (Magnifica humanitas, 9).

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