La precariedad invisible del trabajo penitenciario

La precariedad invisible del trabajo penitenciario
Foto | Withgod (Dreamstime)
¿Y en nuestras cárceles? En el debate actual sobre la precariedad laboral hay un colectivo prácticamente ausente: las personas privadas de libertad que trabajan en prisión.

Su situación rara vez aparece en informes, tertulias o reivindicaciones sindicales, como si el hecho de estar cumpliendo condena suspendiera también su condición de personas trabajadoras.

Que tu reino sea un hecho
en las fábricas, en los talleres,
en las minas, en los campos, en el mar,
en las escuelas, en los despachos
y en nuestras casas
(Oración a Jesús Obrero)

Sin embargo, los análisis de la Fundación FOESSA (1) vienen mostrando con claridad que hoy tener empleo no garantiza salir de la exclusión social. Cada vez son más los trabajadores y trabajadoras pobres, personas que, aun teniendo ingresos, no logran sostener un proyecto de vida digno. Si esto ocurre en el mercado laboral ordinario, ¿qué sucede cuando el trabajo se desarrolla dentro de prisión, en condiciones mucho menos transparentes?

El trabajo penitenciario en España se articula principalmente a través de Trabajo Penitenciario y Formación para el Empleo, que organiza talleres productivos en los centros: manipulados industriales, textil, carpintería, montaje de piezas, entre otros. En muchos casos, empresas externas derivan parte de su producción a estos espacios.

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