Presupuesto de la Unión Europea: otro error de Alemania

Presupuesto de la Unión Europea: otro error de Alemania
FOTO | Vía MikeDotta, Shutterstock

1. Anemia presupuestaria

El 1% del PIB europeo es el presupuesto –en intensa discusión– del que puede disponer la Unión Europea para hacer frente a los desafíos abiertos en la economía mundial. Retos que van desde la configuración de nuevos procesos de industrialización, la transición energética, la lucha contra el cambio climático, los impactos de las guerras de Ucrania y la de Irán, la desigualdad y las tensiones demográficas.

Mientras Estados Unidos dedica el 25% del PIB al presupuesto federal, Europa persiste en una apuesta famélica, insuficiente a todas luces para encarar los envites a los que se enfrenta. Todo en un marco de cambios geopolíticos sacudidos por la posición de la administración Trump, la orientación expansiva de Rusia y el avance de China.

Estamos ante una conformación de bloques orwellianos, con la utilización de guerras híbridas y rearmes generalizados que abrazan la desinformación y la tergiversación como uno de sus ejes prioritarios.

En este contexto, la soledad europea se confirma con la ceguera de determinados países –Austria, Países Bajos, Finlandia–, encabezados por Alemania, en una nueva cruzada de austeridad. Esta se concreta: recortes de más de 400 mil millones de euros. La desnudez presupuestaria frente a las agresivas apuestas –políticas, militares, económicas– de los otros bloques.

Para Europa urge invertir en defensa, en los dilemas ecológicos, en las transformaciones energéticas, en los envites de la inteligencia artificial. Pero esto no parece alterar los preceptos del ordocapitalismo: además, se confirma una negativa explícita a otro vehículo transcendental en política económica, la emisión de eurobonos.

Sorprende esta falta de visión, cuando existen experiencias tangibles en las que la extensión del gasto público y la mutualización de la deuda comunitaria dieron buenos resultados.

La lucha contra la pandemia de la covid fue una prueba ilustrativa. La historia económica enseña; el tema está en si se aprende de ella. Parecía que se había entrado en razón. Pero no.

El ascenso de la ultraderecha en Europa, motivado en una parte sustancial por las políticas recesivas de contracción de la demanda agregada (esto proviene de la política económica que se consolidó con la Gran Recesión: la austeridad expansiva), no inquieta a los próceres germánicos, que, curiosamente, tienen a los neonazis resoplando en el cogote. Alemania ya está pagando su ortodoxia económica.

Pero esa factura puede crecer todavía más si no es capaz de arrinconar definitivamente los preceptos que se impusieron con la austeridad económica. Una austeridad que, acordémonos, tenía en la reducción del gasto social uno de sus ejes vertebradores.

2. La defensa de los eurobonos

La propuesta del vicepresidente español Carlos Cuerpo va en una línea contraria, más ajustada a la realidad política y económica de la Unión Europea. Esto debe resaltarse (se ha publicado y comentado positivamente en el Financial Times, febrero de 2026; Reuters; Euronews, julio de 2026; e informaciones de Claudi Pérez en El País, setiembre de 2026).

La tesis –en la que por ahora parece estar solo– se sustenta sobre la reestructuración de los intereses de las partidas del Next Generation, que liberaría 70 mil millones de euros, que podrían consagrarse a enfrentar los desafíos enunciados antes. Además, la opción por los eurobonos –que también defiende el ministro español– facilitaría la consolidación de una política crediticia favorable a todos los países.

Esto lo han destacado en diferentes trabajos académicos economistas del nivel de Olivier Blanchard, Ángel Ubide, Barry Eichengreen y Paul De Grauwe (Olivier Blanchard-Ángel Ubide, “Now is the time for Eurobonds: A specific proposal”, Peterson Institute for International Economics, 30 mayo 2025; “Eurobonds: Despite objections, they are more needed than ever”, Peterson Institute for International Economics, 7 mayo 2026; Barry Eichengreen-Charles Wyplosz, “Minimal Conditions for the Survival of the Euro”, en How to Fix Europe’s Monetary Union: Views of Leading Economists, CEPR Press, 2016; Barry Eichengreen- Asmaa El-Ganainy-Rui Esteves-Kris Mitchener, In Defense of Public Debt, Oxford University Press, 2021. Ver también: Paul De Grauwe-Wim Moesen, “Gains for All: A Proposal for a Common euro Bond”, Intereconomics, 2009).

Eichengreen –cuyos análisis de historia económica sobre las deudas nacionales tras la guerra de 1914 son, además, un referente esencial: es un gran conocedor de la economía financiera– defiende que una mayor emisión de deuda común permitiría crear un activo seguro en euros; a su vez, considera muy relevante utilizar deuda común para bienes públicos europeos, cuyos beneficios son favorables para la Unión Europea.

Blanchard y Ubide han planteado que Europa debería crear un mercado de eurobonos de gran tamaño: el 25% del PIB, reduciendo la fragmentación financiera de Europa. Cada país reservaría ingresos fiscales para asegurar el servicio de los eurobonos, que los emitiría la Unión Europea y, con el dinero obtenido, compraría una parte de la deuda nacional de cada nación.

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Así, se incrementaría el volumen común de la deuda, pero no se convertiría toda la deuda nacional en mutualizada. Es, en definitiva, la autonomía estratégica y financiera de Europa. Y aquí Alemania –opositora a esto– no perdería, toda vez que tendría cuatro elementos claramente favorables, tal y como sugiere De Grauwe: un enorme mercado de deuda europea, un activo seguro en euros, una mayor liquidez y presencia internacional del euro.

La derivada básica es: quién o quiénes deben aportar recursos adicionales si se incrementa el gasto de la Unión Europea con un presupuesto expansivo. Esto se centra, entonces, en tres componentes: un aumento en la contribución de cada país, la creación de nuevos impuestos europeos y la deuda mutualizada.

Porque lo que es evidente es que trabajar con solo el 1% del PIB (o poco más), defendiendo además recortes en partidas, no significa, en absoluto, que estemos ante un estímulo fiscal equivalente a ese 1%, habida cuenta que una parte de las asignaciones ya se hallan comprometidas –en agricultura, sobre todo, pero también en otros renglones–.

Ese 1% no consagra estabilizadores automáticos; es decir, la entrada de una recesión global en Europa que tirara el PIB hacia abajo, no se podría atajar con ese raquitismo fiscal derivado del presupuesto. Esta es una diferencia capital con Estados Unidos que, con un presupuesto federal muy grande, tiene capacidades para redistribuir recursos cuando un Estado vive una crisis.

3. Más presupuesto y eurobonos

La conexión entre el presupuesto de la Unión Europea y la posible mutualización de deuda se dibuja entonces con nitidez. Aquí, Eichengreen, Blanchard, Ubide y De Grauwe abogan per un incremento presupuestario mayor y por la creación paralela de un activo financiero seguro, los eurobonos.

En tal sentido, la posición alemana y de otros países llamados “frugales” a todo esto se enfrenta de manera directa, incluso, a las tesis de los informes Draghi y Letta, elogiados de forma protocolaria, pero que, si nos atenemos a lo que se discute sobre la elaboración del presupuesto de la Unión Europea y el rechazo a la adopción de eurobonos, no se tienen en el horizonte inmediato por parte de esa Europa del norte.

Draghi plantea una inversión adicional europea hasta 2030 del orden de 800 mil millones de euros, de carácter anual, con participación privada (80%) y pública (20%). La iniciativa pública es básica en el escenario que dibuja el mandatario italiano, y debería materializarse, precisamente, con las emisiones de deudas mutualizadas: los eurobonos (véase al marco financiero plurianual vigente, 2021-2027). Es el sector público el que debe mover la maquinaria –como lo hizo con la pandemia–, y arrastrar, en el mejor sentido de la acepción, a las empresas. En suma: los Estados emprendedores.

Sin un presupuesto más ambicioso y sin mecanismos de financiación más audaces, que funcionaron en su momento –es decir, no son experimentos espurios–, la posición europea se debilita ante los lances que la Unión Europea, el mayor bloque consumidor del mundo, tiene ante sí.

Porque, a parte de esos desafíos políticos, sociales y económicos que requieren de capacidades inequívocas de inversiones, una espada de Damocles pende sobre una Unión Europea que molesta, que se busca debilitar, que se quiere en retroceso: el empuje de la ultraderecha.

 

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Artículo publicado en Economistas frente a la crisis.