Trabajar en un convento

Trabajar en un convento

Una de las manifestaciones de que hay que adaptarse al signo de los tiempos es el camino que han recorrido las Hermanas Carmelitas de Toro desde 2023.

Desde su vida dedicada a la contemplación y a la oración por todos nosotros, llevan ya tres años transmitiendo su fe a través de un itinerario anual que sigue el libro del Castillo Interior o Las Siete Moradas, de Santa Teresa de Jesús.

No se trata del análisis o la disección del libro desde un punto de vista erudito, ni siquiera místico, sino de una vivencia, de una fe viva y encarnada que te marca para el resto de tu vida. Durante casi un año, los moradores tienen la gracia de poder compartir este camino con ellas.

No hay palabras para describir lo que uno siente al final de este itinerario. La capacidad de las Hermanas para transmitir ese amor por Jesús, con la sonrisa permanente en sus labios y una alegría desbordante, te queda grabada en tu corazón y no puedes dejar de darles las gracias.

Durante ese año, pasas un fin de semana al mes avanzando morada a morada de la mano de las Hermanas, conviviendo con ellas y compartiendo espacios de trabajo, oración, conversación y contemplación. Las Hermanas te van guiando en ese camino personal de encuentro con Dios, al que vas “descubriendo” dentro de tus propias moradas, dentro de tu alma.

Entre morada y morada, más que interiorizar lo aprendido, vas descubriendo cómo lo sentido en esos fines de semana va calando en el fondo de tu alma. Y te maravillas al comprobar cómo ocurre poco a poco, paso a paso y como tu relación con Dios va cambiando.

En esos fines de semana compruebas cómo trabajan las Hermanas, cómo su día a día se parece mucho al de una trabajadora cualquiera, con sus quehaceres diarios, sus momentos de descanso y de oración, pero, sobre todo, te sorprende la alegría con la que afrontan cada una de las etapas laborales del día. Compartes con ellas su vida laboral cuando la imagen que tienes de un convento es la de la oración casi permanente y la vida contemplativa.

Todo esto, claro está, forma parte de sus vidas, pero disfrutas con ellas también de esos espacios de trabajo, en los que vuelves a comprobar que también el trabajo puede vivirse, de su mano, desde una actitud contemplativa y de recogimiento interior que va a terminar acompañándote para siempre más allá de los muros del convento.

Como decía el papa Francisco, han sabido interpretar muy bien, a su manera, lo que nos pidió: que fuéramos una Iglesia en salida. Y el testimonio que dan las Hermanas Carmelitas de Toro es un testimonio de fe viva y alegre, de servicio permanente a los demás.

Quizá eso sea también una Iglesia en salida, una Iglesia que abre sus puertas, comparte su vida y te enseña que es posible encontrar a Dios también en el trabajo cotidiano. Esta es nuestra Iglesia.

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