Ceuta y los cuatro jinetes del apocalisis

Los humoristas gráficos Gallego & Rey publicaban a principios de septiembre una viñeta titulada “Los cuatro jinetes del Apocalipsis de la crisis de Ceuta”. En ella aparecían la guerra, la muerte, el hambre y la peste, representadas, respectivamente, por Mohamed VI con mirada amenazante, señalando con el dedo y llevando un anillo con la bandera de EEUU; una mano de una persona que se ahogaba en el mar; una madre con una niña en brazos, ambas migrantes y desnutridas; y el líder de VOX en el momento de realizar el saludo fascista. Un conflicto de muchos rostros y aristas.
No podemos hablar de esta crisis sin hacerlo desde las víctimas, ya sabemos que la realidad siempre depende del dolor con el que se mira. Unas de las víctimas son las personas que viven en Ceuta y que han visto de manera repentina cómo su vida cotidiana ha sido interrumpida drásticamente por la llegada de miles de personas con necesidades extremas. A nadie se nos escapa la incertidumbre y el miedo que esta avalancha de personas y la falta de respuesta inmediata de las administraciones supone para cualquier población. Las otras víctimas son las que configuran ese “ejército” de personas desheredadas, muchas de ellas menores, que han cruzado la frontera ilegalmente buscando contra viento y marea un futuro donde simplemente poder vivir. Personas que llevan muchos días soportando unas condiciones infrahumanas en playas, montes y calles de la población ceutí. Tampoco se nos escapa la situación de sufrimiento, incertidumbre y miedo que ellas padecen y sienten.
La situación de Ceuta nos muestra el jinete de la guerra. Una guerra con muchos actores. El Gobierno de España nos dice que no hay pruebas certeras de que sus homólogos marroquíes hayan organizado esta avalancha de personas, aunque sí hay muchos indicios y testimonios de que la permitieron, utilizando a sus propios ciudadanos como moneda de cambio para presionar y seguir reivindicando los territorios de Ceuta y Melilla. Pero en esta guerra aparecen más rostros, como los gobiernos de EEUU e Israel. Posiblemente, además de un ataque al gobierno español, esto sea una embestida contra la Unión Europea, que es cada vez más débil en su resistencia al auge de un capitalismo profundamente autoritario. Esta crisis nos revela también la nueva configuración geopolítica internacional y las alianzas entre países para un mayor control de los territorios y de las rutas e intercambios comerciales. No podemos olvidar el escenario económico y bélico mundial en el que se está desarrollando.
La guerra igualmente tiene rostro europeo. Ante esta crisis, el avance de los gobiernos de extrema derecha y su bandera antimigratoria se ha dirigido contra el gobierno español y su política migratoria. Así nos lo muestran las críticas al débil control de la frontera africana, al proceso de regulación extraordinario y la reacción ante la supuesta amenaza del espacio Schengen. La guerra por implantar ese capitalismo autoritario ya está dentro de la propia Unión y la va ganando la extrema derecha, seduciendo a gobiernos liberales y socialdemócratas. Una batalla sin cuartel que también se está librando dentro de nuestras fronteras. La crisis de Ceuta está alimentando una polarización y enfrentamiento descarnado entre oposición y gobierno; medios de comunicación afines; poder judicial y poder ejecutivo; etc. “El que pueda hacer que haga”.
Sobre este conflicto también cabalga el jinete de la muerte. Esta situación ha dejado más de 141 personas fallecidas, según algunas estimaciones. Estas muertes nos hablan de la tragedia de las migraciones: tan solo en lo que llevamos de 2026, han perdido la vida cerca de 1.000 personas en el Mediterráneo, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
El tercer jinete es el hambre. Hambre física y también de justicia. Jugarse la vida miles de personas cada año solo nos evidencia una escandalosa realidad, el apartheid global que provoca una profunda desigualdad y la división sistemática entre los países ricos y los países pobres del mundo. Entre los epulones y los lázaros de la Tierra. Un apartheid económico, tecnológico y climático que se alimenta con conflictos bélicos para seguir engordando la cuenta de resultados de las élites económicas. ¿Realmente alguien piensa que se le pueden poner fronteras a las personas hambrientas? Parecería más lógico redistribuir la riqueza para frenar las migraciones forzosas.
Y el cuarto jinete es el de la victoria. Los humoristas gráficos lo han representado como la peste que está suponiendo el auge de la extrema derecha. Esta crisis, con la desafortunada gestión por parte del gobierno español y la actitud insolidaria de las comunidades autónomas gobernadas por PP y VOX, está dejado en manos de la ideología de extrema derecha el relato antimigratorio y belicista. Hablan de invasión y de expulsión inmediata de todas las personas, incluidos menores, saltándose las leyes españolas y los tratados internacionales de protección de las personas migrantes. Y, al mismo tiempo, retener a miles de personas en Ceuta para su identificación y triaje sin repartirlos por el resto del territorio español, aumenta la posibilidad de conflictos en la convivencia y hace que este relato esté calando en la población, extendiéndose como una mancha de aceite.
Esta crisis humanitaria y migratoria es solo la punta del iceberg de la crisis ecosocial que estamos padeciendo. Mientras hay voces, entre ellas la de la Iglesia, que están haciendo un llamamiento para frenarla, las élites económicas y los gobiernos de las grandes potencias siguen en una carrera irresponsable hacia el abismo. Si no somos capaces de revertir esta situación, la guerra, la muerte y el hambre que ya sufren millones de personas, se seguirá extendiendo. No habrá fronteras que detengan a sus víctimas. La peste que representa la ideología de extrema derecha campará a sus anchas. No es tiempo para mirar hacia otro lado, solo nos quedan dos caminos: normalizar la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y construir muros que nos protejan o elegir rescatar la dignidad y la empatía hacia las víctimas como los únicos pilares capaces de sostener el futuro. Hay que tomar partido: barbarie o humanidad.
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Militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC). Director del Secretariado Diocesano de Pastoral del Trabajo de Córdoba



