Una gran alianza cristiana exige que las petroleras paguen la factura de la crisis climática

Una gran alianza cristiana exige que las petroleras paguen la factura de la crisis climática
Más de 170 organizaciones de inspiración cristiana reclaman a la Unión Europea aprovechar la presidencia irlandesa para abandonar los combustibles fósiles, gravar los beneficios extraordinarios de las grandes petroleras y situar la justicia social en el centro de la transición ecológica

La histórica ola de calor que golpea Europa ha provocado una de las mayores movilizaciones del cristianismo organizado en favor de la justicia climática. Más de 170 organizaciones religiosas de veinte países europeos, que afirman representar a 33,1 millones de personas, han lanzado un llamamiento a las instituciones comunitarias para que dejen de aplazar la transición energética y obliguen a los grandes contaminadores a asumir el coste de la crisis climática.

La iniciativa, impulsada por el Movimiento Laudato si’, reúne a algunas de las principales expresiones del compromiso social de las Iglesias europeas. Entre sus apoyos figuran Caritas Europa, CIDSE, Justicia y Paz Europa, Pax Christi International, JESC, Trócaire y Christian Aid Ireland, junto a la Alianza Europea de Organizaciones Femeninas Católicas (Andante), que representa a 1,5 millones de mujeres, el Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK), que agrupa a 19,2 millones de católicos, además de cientos de congregaciones religiosas presentes en toda Europa.

La campaña coincide con el inicio de la presidencia irlandesa del Consejo de la Unión Europea y sitúa el debate climático en el centro de la agenda política europea. La coalición sostiene que la seguridad, la competitividad y la estabilidad económica de la Unión –prioridades del semestre–  seguirán siendo frágiles mientras Europa continúe dependiendo de los combustibles fósiles y advierte del riesgo de que los denominados “paquetes ómnibus de simplificación” acaben convirtiéndose en un mecanismo de desregulación ambiental y social. Ante esto, reclama reforzar la inversión en eficiencia energética, electrificación y energías renovables.

La iniciativa presenta la crisis climática como una cuestión de justicia social, responsabilidad política y defensa del bien común. Apoyándose en la encíclica Magnifica humanitas, recuerda que León XIV ha advertido de que la crisis ambiental “no es un problema aislado, sino más bien el aspecto ecológico de la crisis socioeconómica contemporánea”. Desde esa convicción, reclama políticas capaces de proteger simultáneamente a las personas trabajadoras, a las comunidades más vulnerables y a la creación.

La denuncia adquiere mayor fuerza al confrontar la emergencia climática con los beneficios empresariales. Mientras millones de europeos sufren temperaturas extremas y el aumento del coste de la energía, las seis mayores compañías europeas de petróleo y gas obtuvieron 22.000 millones de dólares de beneficios solo durante el primer trimestre de 2026, la cifra trimestral más elevada desde 2022.

Por ello, las organizaciones reclaman un impuesto permanente sobre esos beneficios extraordinarios para financiar la transición energética y proteger a los hogares más vulnerables. Al mismo tiempo, exigen multiplicar la inversión pública en eficiencia energética, electrificación y energías renovables, así como acelerar una salida jurídicamente vinculante del carbón, el gas y el petróleo.

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En este sentido, la directora del Movimiento Laudato si’, Lorna Gold, sostiene que “los grandes contaminadores deben rendir cuentas por los daños climáticos que causan” y pide que Irlanda convierta su presidencia europea en un punto de inflexión para abandonar los combustibles fósiles.

En la misma línea, Sean Farrell, director de Trócaire, advierte de que Europa tiene la obligación histórica de financiar una transición justa porque las comunidades que menos han contribuido a la crisis climática son las que ya están soportando sus consecuencias más devastadoras.

El llamamiento impulsado por las organizaciones cristianas coincide además con las recientes demandas formuladas por sindicatos europeos y organizaciones de justicia climática, que defienden una transición energética acompañada de fuertes condicionalidades sociales, salarios dignos y creación de empleo verde.

La convergencia entre estos actores refleja un consenso cada vez más amplio en torno a la necesidad de responder a la crisis climática sin dejar atrás a las personas trabajadoras ni a los hogares más vulnerables.

La declaración concluye emplazando a la Unión Europea a responder a una pregunta que considera tanto política como ética. Recuperando unas palabras de León XIV, plantea el interrogante que, a su juicio, debería orientar las decisiones de los dirigentes europeos: “Dios nos preguntará si hemos cultivado y cuidado el mundo que Él creó… ¿Cuál será nuestra respuesta?”.

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