Gaza, la herida que desnuda a Europa

Hace unos días leí, casi distraídamente, una afirmación contundente de Josep Borrell, uno de los dirigentes históricos del PSOE y considerado, al menos años atrás, una de sus voces más radicales:
“Europa ha enterrado entre los escombros de Gaza sus valores fundamentales”.
Esta expresión, que suena a una condena sin matices, despertó en mí un “sueño” que he mantenido durante todo este tiempo: pensar que nuestro continente europeo podía seguir siendo un “reducto”, una especie de “reserva” para el resto de un mundo más o menos civilizado.
Pero, a la vista de este silencio tenaz y persistente de nuestros dirigentes políticos ante el genocidio perpetrado en Gaza, he caído en la cuenta de que algo fundamental está fallando en nuestro imaginario colectivo.
Es cierto que ha habido denuncias internacionales por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, y que la Corte Penal Internacional ha emitido una orden de arresto contra Benjamin Netanyahu. También algunos países han elevado su voz y reclamado responsabilidades.
Pero de poco parece haber servido.
Netanyahu sigue matando personas en una Palestina devastada hasta casi hacerla desaparecer del mapa.
Y Europa sigue guardando silencio.
La pregunta de fondo es: ¿por qué este largo silencio? Mi conciencia no me permite responder a ello si no es diciendo que es por miedo y por seguir manteniendo unos intereses de Estado que, en caso de un claro enfrentamiento, correrían el riesgo de salir perjudicados.
Esto quiere decir que nuestra conciencia colectiva ha sido comprada y silenciada.
La pregunta siguiente es: ¿dónde están los valores humanos y, por qué no decirlo, los valores cristianos de una Europa en silencio?
Ante este silencio, que debería ser insoportable, los demás problemas reales que padecemos –el cambio climático, la crisis de la vivienda, las migraciones masivas, los problemas derivados de la inteligencia artificial– pasan a un segundo plano.
Porque una sociedad humana y civilizada no puede soportar en silencio la masacre de miles de niños y niñas, de personas mayores, de simples ciudadanos y ciudadanas, con las consecuencias que esta tremenda herida humana va a tener en el futuro próximo y también en el lejano.
Creo muy sinceramente que, si no somos capaces de reaccionar de alguna manera ante este grave silencio, tal vez todo vaya a ser posible de ahora en adelante.
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Cura obrero jubilado. Consiliario de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC-GOAC) de la diócesis de Barcelona-Sant Feliu



