Ofrezco algo de lo que yo he experimentado en la evangelización de los trabajadores

Lo primero de todo, el comienzo para dar algún paso en la evangelización es tomarme muy en serio mi fe en Jesús, mi unión con él, vivir todas las realidades que la vida me presenta como expresiones de mi fe en Jesús: la entrega a la familia es una entrega a Jesús, el amor a la familia es (ha de ser) una expresión del amor a Jesús. El trabajo no ha de ser solo una responsabilidad, un compromiso y una obligación, sino, ante todo, la expresión y manifestación de la entrega a Jesús, para construir su reino en este mundo. Lo importante no es solo trabajar, sino sobre todo el cómo se trabaja, qué nos mueve al trabajar. Es importante, absolutamente necesario, que si yo quiero evangelizar, esté muy lleno (a tope) de Jesús, para poder ofrecerlo a los demás. Hemos de conocer y comprender a Jesús, a través del Evangelio y a través de la vida. A través de las personas nos va diciendo Jesús, cómo es, qué necesita y qué quiere. Nadie da lo que no tiene.
He de estar muy convencido de que conocer y creer de verdad en Jesús es la necesidad más grande para mí y para toda la humanidad. Jesús es mi vida y la vida de la humanidad. Aunque la gente no lo sepa y a nosotros se nos olvide con frecuencia, Jesús es el único camino, la única verdad y la única vida. El creer en Jesús y el entregarle toda nuestra vida, el llenar nuestra vida de él y de su Espíritu Santo no nos hace fanáticos o personas cerradas, sino que nos abre a todas las personas, a todos los grupos y a todas las religiones, para escucharles y enriquecernos con los que Dios nos ofrece a través de ellos. Respetaremos a todos, escucharemos a todos, valoraremos a todos (esto es lo primero) y emprenderemos un proceso para caminar con personas y grupos y ofrecerles nuestra fe en Jesús, aceptando que crean o no crean. Hemos de actuar con la mayor gratuidad: ofrecer sin esperar nada a cambio, respetando al máximo la libertad y la vida de las personas.
Al bautizarme Dios,
me ha entregado el Espíritu Santo
y me ha hecho misionero.
Esta es la misión principal
de toda mi vida
Otro convencimiento muy importante es: ser consciente de que Dios me ha hecho a mí apóstol. Al bautizarme Dios, me ha entregado el Espíritu Santo y me ha hecho misionero. Esta es la misión principal de toda mi vida. Le daré mucha importancia a mi familia, a mi trabajo, a mi comunidad cristiana, a mis relaciones con las personas del pueblo, pero la finalidad de todas esas realidades que yo vivo es transmitir la buena noticia del Evangelio, la Gran Noticia y realidad del Amor de Dios a toda la humanidad, que quiere hacerla feliz y salvarla. Somos apóstoles desde que nos levantamos hasta que nos acostamos y, si puede ser, soñando también. Recordemos lo que nos dice Jesús: “vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo… Sois la levadura que ha de fermentar la masa… Id y haced discípulos de todos los pueblos… La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al dueño de la finca que envíe obreros a su mies… Recibiréis al Espíritu Santo y seréis mis testigos… en todo el mundo”. Ser cristiano, es ser apóstol, ser misionero, anunciar el Evangelio. Si no somos apóstoles, misioneros, dejamos de ser cristianos, perdemos nuestra fe, aunque continuemos siendo muy religiosos. Todos los días he de “poner a punto mi identidad misionera”.
No hemos de entender la misión, el anuncio del Evangelio como proselitismo, como adoctrinar, como colonizar, cómo conseguir que “sea de los nuestros”. Queremos ofrecer a las personas, más con nuestra vida que con nuestras palabras, el amor de Dios, que Dios los quiere, los acepta como son, les ofrece su vida y su amor y que quiere su felicidad más grande. Hemos de dar a entender, de la manera que las personas lo puedan entender, que Dios, Jesús (y a lo mejor sin nombrarlo), es lo que ellos, o él, han estado deseando toda su vida y que nunca había tenido la ocasión de encontrarlo. No se trata de ofrecer “cosas bonitas”, sino vivencias que llenen a las personas, respuesta a las necesidades y profundos que cada uno y cada una llevamos dentro, y , a veces, sin ser conscientes de lo que queremos.
Hace falta tener una gran capacidad de escuchar, dar tiempo al tiempo (sin perder el tiempo), de comprender al otro, de hacerse cargo de su vida, de su situación, de sus preocupaciones y necesidades, de dar confianza… Que la persona se sienta comprendida, aceptada, valorada y querida… Lo que Dios hace con cada uno de nosotros, es lo que nosotros hemos de hacer con cada una de las personas que nos encontremos. Con nuestra forma de tratar y de relacionarnos, comenzaremos a ofrecerle quién es Dios y cómo es Dios. Cuando tratamos a las personas de esta forma, entre la persona que tratamos y nosotros se crea un vínculo. La relación que evangeliza, más que una relación desde la razón es una relación desde el corazón, sin excluir la inteligencia y todos los medios que ella nos ofrece.
Hoy, si estamos atentos y si sabemos interpretar,
encontramos en la vida muchas cosas que Dios
nos ofrece para anunciar el Evangelio
Las relaciones con las personas han de ser muy agradables: el Evangelio, la buena noticia del Amor de Dios es la Gran Fiesta de la humanidad. Por eso, la evangelización tiene que ver mucho con la alegría, el buen humor, la esperanza, el situarse de forma positiva ante la vida, la empatía, el buen trato y los buenos detalles. Tendremos que escoger las maneras que gusten más a los que tratamos (sin hipocresía, ni por quedar bien, ni por conquistar a nadie). Recordemos que Jesús pasó 30 años de su vida aprendiendo de la gente con la que vivía, y solo tres años de su vida a anunciar el Evangelio. Jesús, para evangelizar, participaba mucho en comidas, cenas, bodas y fiestas que la gente celebraba. Y utilizaba mucho los cuentos, las comparaciones, los hechos que la vida le iba ofreciendo, el lenguaje que la gente podía entender, hablaba de las cosas del campo, de las semillas, de los problemas en la familia. Hoy, si estamos atentos y si sabemos interpretar, encontramos en la vida muchas cosas que Dios nos ofrece para anunciar el Evangelio.
Pueden ser medios para ofrecer el Evangelio: una pequeña convivencia, una pequeña fiesta, un sencillo viaje a un sitio agradable y cercano, un café, una merienda, una comida o cena, la invitación a un cumpleaños, un regalo, una sonrisa, un buen saludo desde el corazón, una felicitación, una revista agradable y no muy larga, un libro que ayude a descubrir valores, la ayuda para solucionar un problemas que tiene la otra persona, el interesarnos por la vida y la familia de la otra persona (su salud, sus hijos, su futuro… y todo lo relacionado con su vida). Tenemos que ver nuestras posibilidades, y las personas con las que podemos tener estos detalles y estas relaciones, si son dos, cuatro, o una.
Es importante que oremos por las personas a las que queremos ofrecerles el Evangelio, que las hagamos presentes en nuestra participación en la Eucaristía, que pidamos oraciones a otras personas por ellas. A veces, encargamos que la celebración de la Eucaristía se ofrezca por un difunto. Con más motivo y con mucha fe, hemos de ofrecer nuestras oraciones, nuestros sacrificios, la Adoración eucarística y la celebración de la eucaristía por las personas a las que ofrecemos en Evangelio y la fe. Todos los días hemos de orar por aquellos que el Señor ha puesto en nuestro camino para que les ofrezcamos la buena noticia, la noticia más importante de la vida que es el amor de Dios. Nos acordaremos de nuestra familia, pero, sobre todo, en la oración, haremos presentes a los que estamos ofreciendo el Evangelio.
Es posible que, pasando el tiempo, conozcamos a varias personas, y podamos organizar una reunión-charla-merienda-café para las personas con las que tenemos relación. Para la charla se puede invitar a darla a una persona que les haga pasar un buen rato, que les ofrezca cosas prácticas para la vida, cosas que les sirvan y que les deje contentos. Es muy importante la preparación de esta charla, las visitas y la forma de proponer lo qué se va a hacer. A lo mejor puede venir bien hacer algún pequeño papel con algún dibujo y pocas letras que dejen claro el tema, el lugar y la hora, además de decir algo sobre el por qué se hace esta reunión. Y después de la charla preparar algunos dulces y un poco de agua de cebada.
A lo mejor, con el tiempo, se puede formar un grupo de WhatsApp y ver qué se puede ofrecer para cultivar la vida, la fe y la amistad del grupo de personas que están dentro del grupo. Si llega a formarse un grupo es muy importante que se cree un ambiente de familia, de confianza y de alegría. Y que todos se responsabilicen de la marcha del grupo, aunque se nombre a una persona para que coordine la marcha y las cosas que se han de hacer. Es también importante que nadie se sienta más que nadie, que todos se sientan al mismo nivel y que cada miembro del grupo se sienta importante, con un papel para la marcha del grupo. Con el tiempo se verá el plan que ha de tener el grupo para crecer y solucionar las necesidades que se van presentando. Y también el grupo se reúna, con cierta frecuencia, para revisar su marcha, si vamos bien, o si vamos perdidos, lo que falta y lo que sobra.
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