Mario R., profesor interino: «Vivimos en una incertidumbre constante que hace muy difícil hacer planes de futuro»

Mario R., profesor interino de Griego y Latín en la educación pública, comparte en esta conversación su experiencia personal para dar visibilidad a la realidad que viven miles de docentes interinos en todo el país al finalizar cada curso.
¿Qué significa quedarse sin trabajo cada verano?
Significa convivir con la incertidumbre. Cuando termina el curso no solo dejo de trabajar y de cobrar, sino que tampoco sé cómo será mi vida a partir de septiembre u octubre. No sé cuándo volveré a incorporarme, en qué centro estaré o incluso en qué localidad trabajaré.
Vivimos en una incertidumbre constante que hace muy difícil desconectar o hacer planes de futuro. Mientras mucha gente asocia el verano con el descanso, para los docentes interinos es una etapa marcada por la preocupación y por la espera de una adjudicación que determine cómo será el curso siguiente.
¿Cómo vive el momento del cese?
Siento una mezcla de tristeza e incertidumbre. Después de todo un curso implicado con mi alumnado, preparando clases, corrigiendo y formando parte de la vida del centro, de un día para otro todo termina. Sabes que, por ser interino, ese momento llegará, pero eso no hace que sea más fácil. Lo más duro no es solo despedirme del alumnado y de mis compañeras y compañeros, sino volver a preguntarme cuándo y dónde podré ejercer de nuevo la profesión que tanto me gusta.
¿Cómo le afecta la interinidad a su economía y su salud?
Intento ahorrar porque sé que llegarán dos meses o más sin ingresos. Vives con la sensación de que no puedes gastar con tranquilidad, porque tienes que reservar dinero para poder afrontar el verano. Es una situación que condiciona todo el año.
Debería estar pensando en independizarme o en construir un proyecto de vida con cierta estabilidad. Sin embargo, la realidad es que me toca aplazar muchas decisiones importantes.
No puedo comprometerme con muchas cosas cuando ni siquiera sé dónde viviré o trabajaré el curso que viene, ya que podría estar a cientos de kilómetros de casa. Eso termina desgastándonos.
Esta situación genera ansiedad y mucho desgaste emocional. Es difícil desconectar después de un curso intenso cuando sé que en pocas semanas tendré que estar pendiente de listas, adjudicaciones y trámites. En lugar de descansar, muchas veces estoy pensando en cómo será mi vida después del verano.
¿Qué sensación tiene cuando vuelve a trabajar en septiembre?
Vuelvo con ilusión porque enseñar es lo que realmente me gusta hacer. Pero también vuelvo sabiendo que esa ilusión tiene fecha de caducidad y que, si nada cambia, en junio volveré a enfrentarme a la misma situación.
Hacemos exactamente el mismo trabajo que el funcionariado de carrera. Tenemos las mismas responsabilidades, el mismo horario y compromiso con nuestro alumnado. No resta mérito a quienes, con mucho esfuerzo, estudio y sacrificio, han conseguido una plaza estable mediante oposición. Los docentes interinos tenemos unas condiciones laborales mucho más precarias simplemente por nuestra situación administrativa.
¿Cuál ha sido el verano más difícil que ha vivido como interino?
Este, porque es cuando realmente he tomado conciencia de lo que significa esta situación. Después de un curso de mucho trabajo esperaba poder descansar con tranquilidad, pero la realidad es que me preocupa cómo afrontar estos meses sin ingresos y con tantas incógnitas sobre el próximo curso, especialmente viendo los recortes que está habiendo en el ámbito de la educación.
¿Se siente valorado por la Administración?
Me siento muy valorado por mi alumnado, mi jefa de departamento de este curso y muchas compañeras y compañeros, pero cuesta sentirse reconocido cuando la propia Administración prescinde de ti cada verano. Precisamente, esa sensación fue una de las razones por las que este año tantos docentes participamos en la huelga educativa en la Comunidad Valenciana. No era solo una cuestión económica; era una forma de reclamar mejores condiciones laborales y un mejor entorno para nuestro alumnado.
¿Qué te hace seguir en la enseñanza pese a todo?
Lo que me hace seguir en la enseñanza, a pesar de esta situación, es mi vocación. Me apasiona enseñar latín y griego. Me encanta demostrar que las lenguas y la cultura clásica no solo hablan del pasado, sino que también ayudan a comprender el presente. Cuando el alumnado descubre ese valor, recuerdo por qué elegí esta profesión.
¿Cómo se puede solucionar esta situación?
Lo primero es reconocer que no se trata de un problema individual, sino de una situación estructural. Si cada curso hacen falta miles de docentes interinos para que funcione la educación pública, es evidente que esa necesidad no es puntual, sino permanente. Por eso, la Administración debería ofrecer una mayor estabilidad y evitar que tantos profesionales se queden sin empleo ni salario cada verano. Además, sería necesario revisar y mejorar el sistema de oposiciones para que quienes llevamos años sosteniendo el sistema educativo tengamos oportunidades reales y periódicas de acceder a una plaza estable.
¿Sientes la solidaridad del resto de compañeros? ¿Hay posibilidades de organizarse colectivamente?
Sí. Este año el curso académico ha estado marcado por una huelga educativa indefinida en la Comunidad Valenciana que se ha prolongado durante un mes. En ella, el profesorado interino y de carrera nos hemos unido para defender una educación pública, de calidad y en valenciano.
Durante el conflicto, muchos docentes tuvimos la sensación de que la Administración intentó presentar nuestras reivindicaciones como contrarias a los intereses de las familias, cuando precisamente defendíamos una educación pública de mayor calidad para toda la sociedad.
Cuando se dignifican
las condiciones laborales del profesorado,
también se fortalece la calidad
de la enseñanza
A pesar de las dificultades y de que los avances conseguidos han sido limitados, la movilización ha servido para visibilizar los problemas que arrastra el sistema educativo y para demostrar que estas reivindicaciones no benefician únicamente al profesorado, sino a toda la comunidad educativa. Cuando se dignifican las condiciones laborales del profesorado, también se fortalece la calidad de la enseñanza.
Tengo 24 años y he conseguido dedicarme a la profesión que realmente me apasiona. Sin embargo, paradójicamente, no sé si dentro de tres meses tendré trabajo ni cómo será mi vida. Es difícil pedir a los futuros docentes que apuesten por la educación pública cuando esta es la realidad con la que nos encontramos al comenzar nuestra carrera profesional. •
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Militante de la HOAC de Valencia



