Cristianas y cristianos comprometidos con la justicia social ante las declaraciones de Feijóo sobre las bajas laborales

Cristianas y cristianos comprometidos con la justicia social ante las declaraciones de Feijóo sobre las bajas laborales

Ante las declaraciones de Alberto Núñez Feijóo, en las que ha defendido que las personas trabajadoras de baja cobren menos y ha calificado el aumento de la incapacidad temporal como “un cáncer”, cristianas y cristianos de la diócesis de Orihuela-Alicante expresamos nuestra profunda indignación y rechazo.

Nos parece una barbaridad moral, política y humana convertir la enfermedad en sospecha y tratar a quienes están de baja médica como culpables. Una baja laboral no es un privilegio ni una trampa: es una situación de vulnerabilidad reconocida por profesionales sanitarios y protegida por derechos conquistados durante décadas de lucha obrera y sindical.

Cuando Feijóo habla así, parece querer devolvernos al siglo XIX, cuando enfermar significaba miseria y los derechos laborales eran prácticamente inexistentes. Olvida que conquistas como la jornada laboral, el descanso, las vacaciones, la negociación colectiva, la prevención de riesgos laborales o la protección durante la enfermedad no fueron regalos, sino fruto de la organización del mundo del trabajo y de los sindicatos.

Desde nuestra fe cristiana afirmamos que la persona está por encima del beneficio, que la salud no puede subordinarse a la productividad y que una sociedad decente se mide por cómo cuida a quienes atraviesan momentos de fragilidad. El Evangelio no se puso nunca del lado de quienes cargan más peso sobre los débiles, sino de quienes sufren, trabajan, enferman y necesitan protección.

Resulta especialmente preocupante que Feijóo plantee actuar “con o sin acuerdo” sindical. La negociación colectiva y el diálogo social no son obstáculos, sino conquistas democráticas. Deslegitimar a los sindicatos es debilitar la defensa de millones de personas trabajadoras frente a quienes tienen más poder en la relación laboral.

Ese discurso no busca mejorar la salud laboral ni reforzar la sanidad pública. Busca disciplinar a la clase trabajadora mediante el miedo: miedo a enfermar, a perder salario, a reclamar derechos o a no llegar a fin de mes si la salud falla. Es una lógica injusta y contraria a la dignidad humana.

Además, muchas bajas que hoy figuran como enfermedad común deberían reconocerse como contingencias profesionales. Muchas personas enferman por ritmos abusivos, sobrecargas, estrés, precariedad, falta de prevención, lesiones musculoesqueléticas o deterioro de la salud mental. Criminalizar las bajas oculta que, demasiadas veces, es el propio modelo laboral el que enferma a la gente.

La incapacidad temporal ha aumentado por causas complejas: envejecimiento de la población trabajadora, listas de espera, saturación de la atención primaria, problemas de salud mental y condiciones laborales cada vez más duras. Reducir todo eso a “absentismo” y responder con recortes desprecia el sufrimiento real de millones de trabajadores y trabajadoras.

Como cristianas y cristianos comprometidos con la justicia social, el mundo del trabajo y el bien común, recordamos que el trabajo digno no consiste solo en tener empleo, sino en poder vivir, descansar, cuidar, enfermar y recuperarse sin ser castigado. La Doctrina Social de la Iglesia defiende que la economía debe estar al servicio de la persona, no la persona al servicio de la economía.

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Feijóo ya afirmó que “las vacaciones están sobrevaloradas” y ahora pretende que enfermar también salga caro. El hilo conductor es evidente: una concepción clasista del trabajo, donde el descanso, la salud y la protección social dejan de ser derechos y vuelven a presentarse como privilegios sospechosos.

Frente a quienes quieren convertir la enfermedad en culpa y el derecho en privilegio, afirmamos que cuidar a las personas trabajadoras es una obligación democrática, social y cristiana. Lo que necesita nuestro país no es recortar prestaciones, sino reforzar la sanidad pública, mejorar la prevención de riesgos laborales, reconocer las enfermedades vinculadas al trabajo, reducir cargas laborales, combatir la precariedad y garantizar que toda persona pueda recuperarse con dignidad.

Desde el compromiso cristiano con los pobres, con la clase trabajadora y con el bien común, decimos claramente: la salud no se castiga, la enfermedad no se criminaliza, los sindicatos forman parte de la defensa de la dignidad del trabajo y los derechos laborales no se recortan. Se respetan, se amplían y se defienden.

Firmantes

  • Adela González Escudero, maestra de Religión en Infantil y Primaria
  • Josep Xavier Carmona, jubilado y militante de la HOAC
  • Miguel Ángel Moll Juan, profesor de Secundaria y cristiano de a pie
  • Luis Ortega Castillo, militante de la HOAC
  • María González Escudero, maestra jubilada
  • Fco. Javier Esquembre Menor, médico, exalcalde de Villena
  • Francisco Javier Montesinos López, jubilado y militante de la HOAC
  • Manolo Copé, concejal de Esquerra Unida en el Ayuntamiento de Alicante
  • Francisco Hernández Marín, Asamblea Verde de Villena y militante de la HOAC
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