El Parlamento Europeo da el primer gran paso hacia el euro digital, previsto para 2029

El euro digital da un paso decisivo hacia su implantación, prevista para 2029. El Parlamento Europeo ha iniciado la negociación de una nueva forma de dinero público electrónico que convivirá con el efectivo y que pretende garantizar pagos seguros, privacidad e inclusión financiera
El Parlamento Europeo ha dado un paso decisivo para la creación del euro digital. La Eurocámara autorizó este jueves la apertura de las negociaciones interinstitucionales con el Consejo de la Unión Europea sobre la propuesta legislativa que regulará una nueva forma electrónica de dinero emitida por el Banco Central Europeo (BCE), concebida para complementar al efectivo y reforzar la autonomía europea en los sistemas de pago. Como resume la propia institución, el objetivo es “garantizar pagos seguros y con menos dependencia de proveedores de fuera de la UE”.
La decisión salió adelante con 416 votos a favor, 169 en contra y 22 abstenciones, después de rechazar las impugnaciones presentadas por los grupos Patriotas por Europa (al que pertenece VOX), Conservadores y Reformistas Europeos y Europa de las Naciones Soberanas a la posición aprobada previamente por la comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento.
El eurodiputado español Fernando Navarrete Rojas (PPE), ponente de los tres expedientes legislativos relacionados con el euro digital y el curso legal del efectivo, encabezará el equipo negociador de la Eurocámara en las conversaciones con la presidencia irlandesa del Consejo.
Una versión digital del dinero en efectivo
El euro digital no será una criptomoneda ni sustituirá a las cuentas bancarias o a los actuales medios de pago electrónicos. Se trata de una nueva modalidad de dinero público emitido por el BCE que funcionará como el efectivo, pero en formato digital.
Como explicaba en Noticias Obreras el profesor de Economía Enrique Lluch, “el euro digital es un proyecto del BCE que quiere emitir un efectivo digital que realice la misma función que las monedas y los billetes”. A diferencia de otros medios de pago electrónicos, su finalidad es reproducir en el entorno digital algunas de las características del efectivo, incluida la posibilidad de realizar determinadas operaciones sin conexión a internet.
Su objetivo es permitir pagos y transferencias entre personas de manera sencilla, incluso sin conexión a internet, manteniendo un elevado nivel de privacidad y sin depender exclusivamente de las infraestructuras de pago desarrolladas por empresas de fuera de la Unión Europea.
Esta apuesta responde también a una preocupación creciente por la autonomía estratégica europea. La Comisión, el BCE y el Parlamento consideran necesario que la Unión disponga de una infraestructura propia para los pagos digitales, reduciendo la dependencia de proveedores internacionales en un contexto de creciente competencia tecnológica y geopolítica.
En este sentido, Lluch sostenía que “igual que tenemos un euro propio, contar con un sistema que sea nuestro y que dependa solo de nosotros, parece muy aconsejable”, una reflexión que cobra especial actualidad en un momento en que la Unión Europea busca reforzar su soberanía tecnológica y financiera.
Privacidad, gratuidad y acceso universal
La posición negociadora del Parlamento incorpora diversas garantías para la ciudadanía. Entre ellas figura la protección de la privacidad. Según recoge el texto aprobado, “las transacciones se verificarían sin revelar datos personales”, que solo se tratarán en la medida estrictamente necesaria para el funcionamiento del sistema.
Además, el euro digital podrá utilizarse tanto conectado a internet como sin conexión, acercando la experiencia de uso a la del dinero en efectivo.
Los servicios básicos (como la apertura y mantenimiento de la billetera digital, la gestión de fondos y el acceso a un instrumento de pago) serán gratuitos para la ciudadanía.
Para preservar la estabilidad financiera, el reglamento prevé establecer un límite máximo a la cantidad de euros digitales que cada persona podrá mantener en su billetera electrónica, evitando así una transferencia masiva de depósitos desde los bancos hacia el nuevo sistema.
La mayoría de los comercios deberán aceptar pagos en euros digitales, aunque quedarían exentos los trabajadores por cuenta propia y las pequeñas empresas y microempresas que actualmente no admitan otros medios de pago electrónicos.
El efectivo seguirá siendo un derecho
Uno de los aspectos más relevantes de la posición del Parlamento es que el euro digital no sustituirá al dinero en efectivo.
De forma paralela, la Eurocámara ha autorizado también el inicio de las negociaciones sobre el reglamento relativo al curso legal de los billetes y monedas en euros. La propuesta obliga a los Estados miembros de la zona euro a garantizar el acceso al efectivo y a supervisar periódicamente su disponibilidad, prestando especial atención a colectivos vulnerables, como las personas mayores, las personas con bajos ingresos o quienes no tienen acceso al sistema bancario tradicional.
Asimismo, las empresas no podrán prohibir el pago en efectivo, reforzando así el derecho de la ciudadanía a seguir utilizando billetes y monedas en una economía cada vez más digitalizada.
Un proyecto con ventajas y desafíos
La creación del euro digital pretende responder a la creciente digitalización de los pagos sin renunciar al carácter público del dinero. Frente a sistemas como las tarjetas bancarias, Bizum u otras aplicaciones de pago, el euro digital aspira a ofrecer un medio de pago universal, gratuito para sus funciones esenciales y respaldado directamente por el Banco Central Europeo.
Junto a estas ventajas, diversos especialistas subrayan que el éxito del proyecto dependerá también de que nadie quede excluido de esta transformación. En una tribuna publicada en Noticias Obreras, la profesora de Finanzas de la Universitat de Barcelona Débora González advertía de que “se hace necesario garantizar que la versión digital del euro sea inclusiva y accesible”, mediante un diseño que permita su funcionamiento sin conexión a la red, pueda utilizarse en dispositivos de gama baja y responda a criterios de accesibilidad.
El proyecto mantiene, además, algunos interrogantes abiertos. Entre ellos figuran el coste que supondrá su implantación para las entidades financieras, la necesidad de garantizar la ciberseguridad de la nueva infraestructura y el reto de evitar que la digitalización del dinero genere nuevas formas de exclusión financiera.
Tras el respaldo del Parlamento Europeo, las negociaciones con el Consejo deberán concretar ahora el diseño definitivo de un proyecto que aspira a convertirse en una nueva herramienta de pago para la ciudadanía europea sin reemplazar al efectivo, sino complementándolo en una economía cada vez más digital.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



