La presencia de la HOAC en Orihuela-Alicante cumple 75 años

La presencia de la HOAC en Orihuela-Alicante cumple 75 años
«La historia de las personas es la historia de sus encuentros», como los que jalonan el recorrido de este movimiento de trabajadores cristianos en esta diócesis. Su caminar ha dejado huellas de su mística y testimonios que inspiran a la militancia actual para seguir siendo fieles a la Iglesia y al mundo del trabajo.

Como cada día, seguimos orando a Jesús obrero para que su reino sea un hecho en todos los ámbitos de la vida en los que se juega la dignidad de las personas y le pedimos a María, Madre de los pobres, su intercesión.

Sigue brillando la antorcha que nos legaron esos hombres y mujeres que nos precedieron, un legado que expresa lo que fuimos y somos, hombres y mujeres que intentamos vivir la triple comunión, con Cristo, su Iglesia y el mundo obrero empobrecido.

Fue el 16 de diciembre de 1951, cuando se constituyó la primera Comisión Diocesana de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y el primer centro en Elche. El entonces coadjutor de la parroquia del Salvador, Antonio Rodríguez, fue su primer consiliario diocesano y José Sánchez, de Elda, su presidente.

El sacerdote vasco Jesús Aldanondo había llegado previamente, en 1949, a la diócesis, en calidad de vicario parroquial con la misión de crear la HOAC y de la Juventud Obrera Cristiana (JOC).

Cinco años antes había nacido la HOAC como encargo de los obispos españoles a Guillermo Robirosa Albert, para impulsar un movimiento especializado de Acción Católica orientado a la evangelización del mundo obrero.

La organización se extendió y se afianzó por los principales núcleos de la provincia: Alicante, Elda, Novelda, Petrer, Villena, Aspe, Orihuela, Callosa… Logró hacerse presente en el seminario diocesano de la mano de su director espiritual, Diego Hernández, creándose la Academia Jesús Obrero. Se creó la rama femenina, la HOACF, que participaba ya en las Semanas Nacionales y que acabaría integrándose en una única organización.

El «Cursillo nocturno de iniciación al método de encuesta», con el que se difundió la pedagogía del Ver, Juzgar y Actuar, ayudó a construir un clima de amistad entre los asistentes y desmontar prejuicios.

Cuando la celebración del 1º de Mayo, que el papa Pío XII había consagrado a san José Artesano, la HOAC diocesana comenzó a adquirir un carácter más reivindicativo en línea con la tradición obrera, se hizo habitual la presencia de la policía en los actos convocados, previa autorización del gobernador.

La presencia de militantes en las huelgas de Uniroyal de Elche, en una de las primeras Comisiones Obreras provinciales, en el Movimiento Asambleario del Calzado, tensionaron las relaciones con la Iglesia. En 1973, el obispo Barrachina publicó la carta pastoral «Fe y opción temporal», contra el comunismo marxista, causando un fuerte desagrado en grupos de cristianos progresistas, seglares y clérigos que colaboraban con comunistas y socialistas.

Quizás el legado más importante
sea el proyecto de evangelización del trabajo,
con el que hacer cada
vez más presente el Evangelio
especialmente entre las personas
más empobrecidas y excluidas

En 1975, las Comisiones Diocesanas de JOC, HOAC y HOAC-F publicaron en el diario La Verdad un manifiesto titulado «Los movimientos apostólicos obreros ante el 1º de Mayo», en el que denunciaban las desigualdades e injusticias que afectaban a los trabajadores y reivindicaban las libertades civiles, la autogestión obrera en la empresa y en los barrios.

El 22 de junio de ese mismo año, la policía detuvo durante una asamblea de zona a 48 personas. La llegada de Francisco Álvarez Martínez a la diócesis sirvió para restablecer las relaciones de la Iglesia diocesana con las centrales sindicales y el apoyo a nuestro papel como laicos en la Iglesia.

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Quizás el legado más importante sea el proyecto de evangelización del trabajo, de plena humanización, con el que hacer cada vez más presente el Evangelio especialmente entre las personas más empobrecidas y excluidas, desde la convicción de que el trabajo es lugar privilegiado de encuentro con Dios y de compromiso cristiano.

La misión llama a seguir anunciando a Jesucristo, con la vida y la Palabra, como buena noticia para quienes sufren explotación, precariedad o exclusión; a cultivar, mediante la formación una mirada crítica, una nueva cultura y espacios de comunión; y alentar la presencia transformadora en mediaciones sindicales, políticas, sociales y culturales.

En definitiva, hoy como ayer, hacer posible y visible una Iglesia cercana y comprometida con la justicia social, como promesa ya en marcha del reino de Dios en el mundo obrero y del trabajo.

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