Ante el grito roto de tantas mujeres

Ante el grito roto de tantas mujeres

Esta semana el dolor vuelve a golpearnos. Una joven de 22 años ha muerto en Madrid en un caso investigado como posible violencia machista. En Agurain, un hombre ha ingresado en prisión tras secuestrar y agredir sexualmente a su expareja, quebrantando una orden de alejamiento. Mientras tanto, el V Encuentro Estatal sobre Violencia Vicaria y Violencia de Género Institucional, celebrado en Maracena (Granada), ha reunido a madres protectoras, profesionales y expertas reclamando una justicia más humana, protección real para mujeres e infancia, y el fin de la impunidad y de la violencia institucional. Ante esta realidad, compartimos esta oración-verso como clamor, denuncia y pequeña luz de esperanza y compromiso.

 

Ante el grito roto de tantas mujeres,
ante el cuerpo joven caído en la madrugada de Madrid,
ante el miedo secuestrado y herido en Agurain,
ante las criaturas que aprenden el temblor
antes que el juego,
antes que la canción,
nos quedamos en silencio…
pero no mudos.

Dios del dolor atravesado,
Tú que en San Juan de la Cruz
te hiciste noche, herida y búsqueda,
camina hoy entre las cicatrices
de quienes sobreviven al miedo.

Porque también ahí,
en la casa cerrada con llave,
en la denuncia ignorada,
en la orden de alejamiento quebrantada,
en la madre que protege a sus hijos
mientras el sistema duda de ella,
en la niña arrancada del abrazo seguro,
sigues pronunciando bajito:
“No estás sola”.

Haznos destello humilde, Señor.
No focos que ciegan,
sino pequeñas luces tercas
que acompañan de madrugada,
que sostienen procesos largos,
que creen a quien tiembla,
que nombran al mal por su nombre.

Que no llamemos “conflicto”
a lo que es violencia.
Que no llamemos “padre”
a quien destruye la vida.
Que no escondamos tras burocracias
el llanto de las víctimas.

Haz de nuestras comunidades,
de nuestras parroquias, sindicatos, escuelas y plazas,
lugares donde una mujer pueda respirar sin miedo,
donde la infancia sea sagrada,
donde la justicia tenga lenguaje humano
y corazón despierto.

Por las asesinadas de este 2026.
Por las que siguen vivas pero rotas por dentro.
Por Ruth, por Juana, por Irune
y por tantas madres protectoras
que sostienen el mundo con manos cansadas.
Por quienes denuncian la violencia vicaria
y la violencia institucional
aunque el precio sea la soledad.

Danos valentía para denunciar esta lacra
metida en la cultura,
en las bromas,
en el poder,
en los silencios aprendidos.

Y cuando la noche vuelva a parecer interminable,
recuérdanos, Dios de las entrañas,
que incluso en la grieta más honda
puede entrar la luz.

Amén.