“Empresas esmeralda” para un trabajo digno

El próximo 26 de abril se celebra en las diócesis de Bilbao la Jornada por el Trabajo Digno (precisamente el nº 8 de los Objetivos 2030 de la ONU). Coincide con la conmemoración del 111 aniversario del nacimiento de Arizmendiarrieta el 22 del mismo mes. Persona que se preocupó durante toda su vida por la dignificación del trabajo humano mediante la promoción de empresas cooperativas y al que le hemos añadido el apelativo de “Apóstol de la Empresa Humanista” para recordarlo.
Desde la diócesis de Bilbao se indica que con la celebración de esa Jornada se quiere subrayar la trascendencia que tiene el trabajo para el desarrollo de todas las personas ya que “el trabajo humano es más que el empleo y tiene un valor mayor que el salario percibido por realizarlo. El trabajo configura nuestras relaciones y contribuye al desarrollo de la sociedad; nos da identidad y reconocimiento social. Cuando nos vemos obligados a realizar trabajos en condiciones indignas, es nuestra dignidad la que sufre”.
En esa misma línea el papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti subraya que “el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo”.
El trabajo sería, por tanto, base del desarrollo personal y colectivo y tendría una dimensión de autorrealización, solidaridad y construcción social.
Es obvio, por otra parte, que la situación ideal consistiría en que lo que entendamos por “trabajo digno” esté inscrito en los valores, cultura y sistemas de gestión de las empresas, que son las que ofrecen la mayor parte de los empleos por cuenta ajena. No se trataría, por tanto, de una reivindicación retórica, que obviamente tiene distinta concreción práctica en términos de salario, participación y justicia en las relaciones laborales en el tiempo y en el espacio, sino de trabajar para que las empresas asuman valores humanistas … y los apliquen en sistemas de gestión coherentes con los mismos.
Es claro, en ese sentido, que es más fácil encontrarlos (aunque no siempre sea así) en las cooperativas y en las empresas de la economía social, que tienen unas convicciones básicas alineadas con dichos valores.
Empresas esmeralda
Pero también es posible avanzar en su aplicación en empresas mercantiles convencionales. Como ejemplo, recogemos aquí la propuesta de las llamadas “empresas esmeralda” término acuñado por Frederic Leloux, autor del libro Reinventar las organizaciones, que fue aclamado por Tony Schwartz, analista editorial del New York Times, como el libro de negocios más importante e inspirador que ha leído nunca. En él propone una nueva manera de funcionar en las empresas basada en la autogestión de los grupos de trabajo, la plenitud/integridad de las personas y la estrategia/propósito evolutivo de la empresa, destacando que es posible evolucionar hacia modelos organizativos que generen un mayor bienestar a las personas y que, a la vez, aseguren la sostenibilidad económica de las organizaciones.
Subraya que la supervivencia de las empresas, sistemas y hasta de la propia especie humana depende de nuestra capacidad de alcanzar niveles de conciencia más elevados que nos permitan encontrar nuevas formas de colaborar y de relacionarnos con el mundo circundante.
Según dicho autor las empresas esmeralda deben ser un ejemplo de comportamientos asociados a los tres avances que califica de revolucionarios: autogestión, plenitud y propósito, que se concretarían en los siguientes rasgos culturales:
1.- Autogestión, basada en la confianza, que entiende es la forma natural de relacionarnos las personas y teniendo en cuenta que la libertad y la responsabilidad son las dos caras de la misma moneda; la información transparente y la toma de decisiones compartida, recordando el poder de la inteligencia colectiva, ya que nadie es tan inteligente como el conjunto; y la responsabilidad y el compromiso, fomentando el contrastar nuestro compromisos con los de los demás y estimulando no limitar el ámbito de preocupación al área específica de nuestras funciones.
2.- Plenitud, que se concreta en recordar que todos tenemos el mismo valor como personas y que la comunidad empresarial se enriquece fomentando que todos sus miembros puedan contribuir desde perspectivas diferentes en lo que se refiere a funciones, educación, habilidades, puntos de vista…; estimular un clima de trabajo seguro y amable, creando entornos emocionalmente seguros en los que cada uno pueda comportarse de manera auténtica; dignificar todas las partes que nos constituyen como personas: la cognitiva, la física, la emocional , la espiritual…; dar permanentemente oportunidades de aprender; y gestionar las relaciones y los conflictos buscando la responsabilización de cada uno de sus palabras y acciones y la resolución de los desacuerdos de forma personal.
3.- Propósito, considerando que la organización tiene un alma y un propósito colectivo propio; cada uno de nosotros tiene una vocación personal que sería conveniente alinear con el propósito colectivo,; es inútil controlar y predecir el futuro; y no se debe subordinar el propósito a los beneficios a corto plazo ya que si nos centramos en el propósito los beneficios llegarán de forma natural. En ese sentido, recalca que “el dinero es como el combustible del cohete. Lo que quiero realmente es llegar a alguna parte, no acumular combustible”.
Para avanzar hacia una empresa esmeralda el autor advierte que si la organización no tiene un propósito claro o si ese propósito no resulta inspirador debe ser el primer aspecto a abordar. Otro aspecto crítico es que la gente debe confiar en el líder: para que los trabajadores se impliquen en prácticas de autogestión deben percibir que las intenciones de los directivos “son de fiar”. Sin olvidar, por otro lado, que el principal problema para adoptar prácticas de autogestión y el mayor desafío para el cambio suele ser la resistencia de los mandos intermedios, para resolver el cual cada empresa tiene que buscar su propio camino.
Ayudaría, por fin, alinear la autenticidad de las personas con el propósito general, ya que todos anhelamos un propósito en el mundo, por lo que es posible que la mayor parte de las personas trabajadoras terminen acogiendo con entusiasmo aquellas prácticas que ponen el propósito en el centro de la toma de decisiones.
Aspectos todos ellos que ligarían una oferta de “trabajo digno” con la propuesta de empresas esmeralda que tan positivamente ha impresionado al crítico del New York Times citado. Y que, por otro lado, tiene notables convergencias con la propuesta de “empresa humanista” que estamos promoviendo desde HumaniSare, Club Arizmendiarrieta de la Empresa Humanista.

Presidente de Arizmendiarrieta Kristau Fundazioa



