Hacer memoria para continuar la práctica de Francisco

Hacer memoria para continuar la práctica de Francisco

Recordar es volver a pasar por el corazón. Hoy celebramos el aniversario de la muerte de Francisco y es un momento para dar gracias por su vida y su acción. Está resucitado no solo en el seno del Dios trinitario, sino en las transformaciones sociales de aquellas personas y organizaciones que se alumbraron con su persona y sus prácticas.

El Comité Político de los Encuentros Mundiales de Movimientos Populares, hace también ahora un año, publicó una declaración en la que decía: “Hoy Francisco parte, pero no se va. Se queda en nuestras luchas, en nuestras asambleas, en cada puesto de trabajo, en cada comedor comunitario, en cada huerta popular, en cada barrio, en cada resistencia y en cada creación solidaria. Su fe se hizo esperanza concreta. Su palabra se hizo comunidad. Su corazón, hogar para todas las personas y pueblos. En nombre de los excluidos que lo abrazaron como propio: ¡Gracias, Francisco!”

Los “excluidos que lo abrazaron como propio”: aquí está la clave de su vida y de su significado para millones de empobrecidos, de humillados y ofendidos, de luchadores sociales, sindicales, políticos, vecinales. La autenticidad de su forma de ser y de su praxis creó la credibilidad que nace de la autenticidad, no de la doctrina. Contemplar la vida de Francisco para aprender de él es la mejor forma de rendirle homenaje. Voy a exponer algunos aprendizajes que podemos hacer

En las fronteras y en las periferias sociales. Gritar el Evangelio con la propia vida

Francisco fue un hombre de periferias sociales, de fronteras y de diálogo. No fue una persona encerrada en los muros intraeclesiales. Siempre animaba a estar fuera, “en salida”. Él decía: “hay que estar en las trincheras sociales, debemos ir a las fronteras […] no hay que llevarse la frontera a casa para domesticarla, sino vivir en la frontera y ser audaces”.

La cuestión de la credibilidad que generaba Francisco sin hacer proselitismo eclesiástico –algo que rechazaba profundamente- fue determinante para que sectores muy significativos del mundo ateo volvieran su mirada hacia este peculiar Papa, a su estilo de vida y a sus mensajes religiosos y sociales.

Javier Cercas, nuestro destacado novelista que se define como ateo y anticlerical, ha expresado muy bien lo que acabo de afirmar: “Bergoglio dijo que su proyecto consistía en sacar a Jesucristo de la sacristía  y colocarlo en el centro de la Iglesia, en el centro del mundo; es decir, su proyecto consistía en volver al cristianismo de Cristo, en que la Iglesia católica volviera a él (…) o la Iglesia católica vuelve al cristianismo de Cristo -siguiendo la dirección que señala Francisco- o va hacia la más absoluta irrelevancia”.

La práctica de Francisco es una lección para eso que se llama ahora “primer anuncio” y que desgraciadamente no ha aprendido que el testimonio en las fronteras y en las periferias es la imprescindible y mejor forma de iniciarlo.

Francisco veía la vida desde los de abajo, está fusionado con ellos, se había “acuerpado” con quienes vivían en las villas miseria, con las prostitutas (“que os precederán en el reino de los cielos”, dice el Evangelio) que sufrían la trata, con los cartoneros, con los sindicalistas que padecían pobreza. Sentía el dolor y el sufrimiento de los otros como algo propio y esta era la clave de algo que carece nuestro mundo hipertecnologizado: la sabiduría. En una Carta a los movimientos populares del mundo les decía que eran portadores de “una sabiduría que se amasa con la levadura de sentir el dolor de los otros como propio”. Esta visión de la vida fue compatible con un gran sentido del humor y una alegría muy profunda.

Hay un momento de su vida que ejemplifica muy bien su talante. Me refiero al día que decidió, vestido de civil, acompañar a los cartoneros de Buenos Aires durante la noche mientras recogían basuras de la ciudad y con ellas luego las procesaban en actividades propias de la economía popular. ¡Un arzobispo conociendo la ciudad profunda con los de abajo, con los empobrecidos! Esto cambió su forma de ver la realidad y marcó su práctica eclesial. Le encantaba estar en las villas miseria sin las prisas de las típicas visitas pastorales de los jerarcas. Decía que en ellas obtenía el oxígeno que necesitaba para seguir adelante.

La parresía (valentía evangélica): una virtud esencial para el profetismo cristiano en el siglo XXI

Francisco fue un hombre valiente y audaz, por eso espantaba y sigue espantando a los timoratos eclesiásticos de mitra alta y a los tibios curas que practican el clericalismo que, según él, es “la principal enfermedad del sacerdocio”.

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No conozco ninguna personalidad internacional en las primeras décadas del siglo XXI que haya fustigado y criticado al capitalismo con tanta contundencia como él. Fue un anticapitalista radical y, por eso, los movimientos populares de los empobrecidos lo reconocieron “como uno de los nuestros”. Fue durísimamente criticado por los representantes del poder económico y financiero, por los periodistas mercenarios al servicio del capital y del poder de las derechas políticas, por los imperialistas, por los partidarios de las guerras como formas de dominación, por las extremas derechas xenófobas que odian a los migrantes, por las empresas transnacionales que destruyen el medio ambiente y se vieron deslegitimadas por sus planteamientos de ecología integral.

El “amor político”: la clave esencial para la acción contra la pobreza y la injusticia

Francisco planteó que las cristianas y cristianos tenemos que hacer política con P mayúscula en la sociedad civil y en la transformación del Estado. Fue una persona que propuso el “amor político” como la clave de quienes quieren asumir la realidad del empobrecimiento y la injusticia y luchar contra las causas que lo producen. Por eso, no se movió desde la lógica de las ONG (una práctica muy propia de la Iglesia), sino desde la de los movimientos sociales populares. Recordemos algunas frases suyas significativas: “No conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos (…) los pobres no solo padecen la injusticia, sino que también luchan contra ella”.

¡Cuánto tienen que aprender de esta perspectiva franciscana todas las ONG de la Iglesia, especialmente nuestra muy admirada y querida Cáritas que tiene como reto pendiente empaparse de los discursos de Francisco a los movimientos populares, tan desconocidos y tan poco incorporados a la praxis eclesial en España!

Desde esta perspectiva, considero que una de las mejores formas de activar el legado de Francisco es dar a conocer y difundir sus proféticas enseñanzas sociales y articular en las iglesias locales de España encuentros entre organizaciones cristianas y movimientos sociales populares. Explícitamente expresó este deseo. Para esta finalidad, Desclée de Brouwer acaba de editar el libro Francisco, con los movimientos populares del mundo

La oración y la esperanza

Francisco fue una persona profundamente mística, espiritual, contemplativa. Todo su ser y hacer estaba claramente enraizado en el amor a Jesucristo. Sus mensajes sociales derivaban de este enraizamiento. Quienes desconectan lo religioso y lo social no conocen la lógica de Jesús de Nazaret, el Cristo.

Este arraigo en Jesús era la fuente de la esperanza, a la que permanentemente aludía en un mundo marcado por la injusticia, las guerras, la destrucción ecológica. Por eso, son tan significativa las frases con las que siempre terminaba sus mensajes a los movimientos populares: “Sigan con su lucha y cuídense como hermanos. Rezo por ustedes, rezo con ustedes y quiero pedirle a Dios que los bendiga, los colme de su amor y los defienda en el camino dándoles esa fuerza que nos mantiene en pie y no defrauda: la esperanza. Por favor, recen por mí que también lo necesito. Y si alguno de ustedes no puede rezar, lo respeto, pero a menos me mande buenas ondas, por favor. Muchas gracias”.

Oremos con él, contemplemos su vida y su mensaje. Recemos por él. Pidamos a nuestras compañeras y compañeros activistas y militantes que son ateos que le manden buenas hondas, inspirados en el buen humor que siempre tuvo Francisco en medio de las muchas adversidades que tuvo que atravesar.