“Sacerdotes contra el genocidio” porque la esperanza vence a la muerte

El martes 22 de septiembre estábamos convocados en Roma con el lema de “Sacerdotes contra el Genocidio” en Gaza, incluyendo la destrucción en el Líbano y la expulsión de los palestinos de sus hogares y de sus tierras en Cisjordania, causando masacres y asesinatos.
Fuimos con cierta preocupación porque se nos indicó que en el momento de la marcha no entráramos en provocaciones y las hubo. También había incertidumbre por el desarrollo de la jornada y también esperanza por contribuir a exclamar “basta ya” con este genocidio. Al ser la primera vez que íbamos no sabíamos con certeza cómo sería el desarrollo.
Allí acudimos unos 200 sacerdotes y algunos obispos para expresar nuestro rechazo al genocidio sobre el pueblo palestino por el gobierno de Israel. Había una pregunta inicial que flotaba en el ambiente y era cómo la comunidad internacional o era indiferente o apoyaba a Israel ante un genocidio televisado cada día con la vanagloria del presidente de Israel Netanyahu. Subrayo la idea que se expresó de que hay que llamarlo genocidio porque hay un proceso de “hackeo del pensamiento” para llamarlo conflicto, guerra o decir que siempre se ha producido este conflicto. Hay una manipulación ideológica y las redes sociales controladas juegan un papel decisivo.
El planteamiento era evangélico, era un grito desgarrador para exigir la paz, el respeto a la vida y el respeto a que los palestinos tengan su tierra y puedan volver a sus hogares a los que durante tantos años le han sido arrebatado, incluido el agua. Nuestros hermanos y hermanas mueren cada día; los niños y niñas llaman a sus padres y madres y se encuentran con el silencio. Los padres y madres miran alrededor y sus hijos e hijas no están, se encuentran en una tumba improvisada entre escombros. ¿Cómo es posible que se produzca este genocidio en el siglo XXI? ¿Cómo es posible planificar tanto dolor?
En tiempo de genocidio, de limpieza étnica y desplazamientos forzosos no podemos callar porque seríamos cómplices y romperíamos con nuestra fidelidad con el reino de Dios basado en el amor, la misericordia y la compasión. La fe en el Dios de la vida nos debe llevar a intentar parar este genocidio y reparar todo lo destruido desde la justicia y la fraternidad.
Es terrible escuchar cómo el ministro Ben Gvir presentó, el 4 de septiembre, el plan “Disengagement 710” para deportar de Gaza a los casi dos millones de gazatíes en siete años a otros países, que pagarían poniendo un precio por cada palestino acogido. Sin duda alguna la humanidad en Gaza está muriendo porque ha muerto antes en Israel y en ese mundo que guarda silencio, indiferencia o apoya este genocidio. El plan es que se vayan al desierto o mueran todos antes.
Se dejó claro que el judaísmo no era el sionismo, porque este último es supremacista y entiende que la paz es la guerra permanente. Profundo respeto y valoración al judaísmo y rechazo al sionismo. Los antisemitas son los que justifican y legitiman al genocidio.
Ante esto, hay una pregunta que me hago y es qué futuro le espera a la humanidad cuando contempla un genocidio y no hay una respuesta contundente de los gobiernos y ni de la ciudadanía. Cuando deshumanizamos entramos de lleno en la barbarie y la crueldad y la aplaudimos y se ataca a quienes claman por la humanización y denuncian a esos poderes de muerte.
Dentro de la jornada había una marcha hacia la empresa Leonardo, que es una empresa italiana que vende armamento a Israel para denunciar esta venta y pedir que se suspenda de inmediato. Fue llamativo la cara de desconcierto de sus ejecutivos cuando llegamos a la sede y vieron enfrente sacerdotes con clériman, hábitos de religiosos protestando y rezando. Hay que indicar que hubieron paradas para rezar en la Plaza de San pedro, en las embajadas de Palestina y el Líbano.
Esa marcha la abría un sudario con 291 nombre de niños y niñas palestinas asesinadas entre octubre del 2025 a septiembre del 2026, periodo llamado de cese el fuego, ¡Cuánto cinismo, Dios mío! Cada sacerdote teníamos que escribir unos cinco nombres con la edad. Cuando lo estaba escribiendo sentí un desgarro, aunque no les ponía rostro, pero sí una mirada lejana de dolor, de tristeza y una mirada que pregunta ¿por qué nos matan? Éramos conscientes de que necesitaríamos un sudario enorme para escribir todos los nombres de los niños y niñas palestinas asesinadas.
Lo que sorprende es la esperanza de este pueblo, esa esperanza que vence al miedo y la propia muerte y que no se van a ir de su tierra. Que siguen hacia adelante entre los escombros y los bombardeos continuos y el bloqueo de alimentos y medicinas. Dios ha escuchado su dolor y nosotros y nosotras tenemos que perseverar en acompañarlos en la distancia para romper una y otra vez el silencio, la indiferencia y la complicidad.
Quiero terminar esta crónica, se han quedado muchas cosas en el tintero, con el poema de la poeta palestina Batool Abu Akleen titulado ¿Lo has oído mar?
Al no encontrar mortaja para su hijo
se fue al mar.
Las olas eran altas.
Lo envolvió en una y dijo al mar:
Mar, mar
que los tiburones no se lo coman.
Mi hijo es alimento para peces pequeños;
para peces pequeños solamente.
¿Lo has oído, mar?
Apoya y cuida Noticias ObrerasTu aportación hace posible un periodismo comprometido con la dignidad del trabajo, la justicia social y la esperanza. Puedes colaborar también a través de Bizum al 13744. Cualquier aportación, por pequeña que sea, suma y nos ayuda a seguir construyendo, día a día, esta mirada compartida al servicio del bien común

Consiliario de la HOAC de Murcia. Militante de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y de la Asociación Amigos de Ritsona de apoyo a personas refugiadas. Autor del blog Sembrando sueños, construyendo humanidad














