Emilce Cuda propone una teología que escuche al pueblo, acompañe su organización y sostenga la esperanza

Emilce Cuda propone una teología que escuche al pueblo, acompañe su organización y sostenga la esperanza
FOTO | cristianismeijusticia.net
La secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina reclama escuchar la realidad, defender la dignidad humana y dar razones de la fraternidad ante las transformaciones sociales y tecnológicas

La teóloga argentina Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL) y miembro de la Curia romana, ha propuesto una teología que acompañe la organización comunitaria y sostenga la esperanza de quienes afrontan la exclusión, la pérdida de derechos y la incertidumbre sobre el futuro. En la ponencia inaugural del curso 2026-2027 de Cristianisme i Justícia, celebrada el 30 de septiembre en Barcelona, ha situado la escucha de la realidad y el compromiso con la dignidad humana entre las tareas fundamentales de la reflexión cristiana.

Cuda ha desempeñado la responsabilidad en la PCAL durante el pontificado de Francisco y continúa ejerciéndola con León XIV, con quien trabajó en la propia Comisión antes de su elección como Papa. Desde esa experiencia y su perspectiva latinoamericana, ha abordado las claves de una teología capaz de comprender las transformaciones actuales y contribuir a afrontarlas desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia.

“Son organizadores comunitarios de esperanza”, ha afirmado al describir el papel de los teólogos en un contexto de profundas transformaciones económicas, políticas y tecnológicas. Su propuesta vincula el pensamiento teológico con las condiciones concretas de vida de las personas y con su capacidad de actuar juntas: “Si no hay esperanza, no hay organización y si no hay fraternidad, no hay cultura de la negociación posible”.

Con el título Claves para una teología de nuestro tiempo, Cuda ha articulado su intervención siguiendo el método de ver, juzgar y actuar. A partir de su lectura del pensamiento de Francisco y León XIV, ha defendido una orientación que reclama escuchar la realidad, discernir comunitariamente y abrir caminos de acción.

Escuchar la realidad y estar con el pueblo

Cuda ha situado el punto de partida de la tarea teológica en la cercanía a las personas y en la comprensión de sus experiencias. Al explicar la orientación que reconoce en Francisco, ha utilizado una imagen: “El teólogo es un auscultor, no un escultor”.

La comparación remite a la escucha de los latidos del corazón. Para Cuda, hacer teología exige atender a lo que sucede en las comunidades, comprender sus sufrimientos y reconocer sus códigos culturales. Ha cuestionado una reflexión que juzga desde la distancia y después pretende ajustar la vida a esquemas elaborados previamente.

“El teólogo es el que está con el pueblo”, ha señalado. Esa presencia permite escuchar la realidad actual y discernir qué reclama de la comunidad cristiana. Cuda ha recuperado en este sentido una pregunta que acompañaba a su amigo y maestro, el teólogo argentino Juan Carlos Scannone: “¿Qué nos dice Dios hoy?”.

Desde esa perspectiva, ha vinculado el testimonio cristiano con el respeto a la dignidad humana, el acceso universal a los bienes, la solidaridad, la subsidiariedad y la lucha contra la injusticia social. Son compromisos que, según ha explicado, implican al conjunto del pueblo de Dios y desbordan el ámbito de quienes poseen una titulación académica en teología.

También ha situado la reconciliación entre los objetivos de esta tarea: buscar la unidad en la diferencia, sin anularla, y favorecer unas relaciones que permitan reconocer al otro como interlocutor.

Comprender el cambio de época

La teóloga ha trazado un diagnóstico de las transformaciones que atraviesan las sociedades actuales: la expansión de la economía de plataformas, el poder de los algoritmos, el extractivismo, la movilidad humana vinculada a los desastres naturales y el retroceso de las luchas por derechos hacia situaciones de supervivencia.

Su exposición ha planteado si la reflexión cristiana está atendiendo a esos cambios o continúa respondiendo a los problemas y categorías del siglo pasado. Comprender la inteligencia artificial, las nuevas formas de poder económico y las consecuencias sociales de la tecnología requiere, a su juicio, ampliar el diálogo con otros saberes.

“La calle está hablando de inteligencia artificial, está hablando de algoritmos, está hablando de libertarianismo”, ha advertido. Por eso, una teología que aspire a hablar el lenguaje de la calle necesita conocer esas realidades y sus efectos sobre la vida de las personas.

También puedes leer —  Trabajadoras y trabajadores cristianos de Jaén proponen llevar la Doctrina Social de la Iglesia de los textos a la vida

Cuda ha defendido el diálogo con las ciencias y con otras disciplinas, manteniendo a Jesucristo en el centro de la reflexión. También ha cuestionado las espiritualidades desencarnadas y las lecturas religiosas que dejan en segundo plano las condiciones materiales de la existencia.

En ese contexto, ha alertado sobre la confusión entre teología e ideología y sobre la reinterpretación de principios de la Doctrina Social de la Iglesia, como la justicia social, el destino universal de los bienes o la subsidiariedad.

En este sentido, ha atribuido a la teología la responsabilidad de elaborar criterios de discernimiento que ayuden a las comunidades a reconocer la injusticia y evitar el engaño. Ha mencionado, como ejemplo, la circulación de discursos falsos atribuidos al Papa mediante inteligencia artificial.

Dar razones para organizarse y dialogar

El tramo final de la ponencia ha concentrado su propuesta en la necesidad de pasar de la comprensión de la realidad a la acción. Cuda ha reclamado “un movimiento de reflexión y acción”, arraigado en las condiciones de vida de las personas y capaz de favorecer una cultura de la negociación.

En esa tarea, ha distinguido la aportación específica de la teología: dar razones de la esperanza y de la fraternidad. La primera sostiene la capacidad de organizarse de quienes carecen de recursos y garantías. La segunda permite reconocer al otro y abrir caminos de diálogo.

Cuda ha puesto como ejemplo a las personas que, aun después de haberlo perdido todo y sin certezas sobre su futuro, emprenden un camino y se organizan para conquistar derechos. Esa esperanza, ha explicado, exige una reflexión que ayude a comprender su fuerza y acompañe a quienes la sostienen.

La fraternidad también tiene consecuencias concretas. Para que exista diálogo social es necesario reconocer a la otra persona como un interlocutor válido. La teóloga ha vinculado esta responsabilidad con la construcción de puentes y la búsqueda de respuestas compartidas ante los conflictos.

Finalmente, ha animado a acudir al magisterio y al trabajo de diálogo que desarrolla la Iglesia con especialistas de distintas disciplinas. Ha insistido en que la salud mental, la inteligencia artificial o el cambio climático forman parte de las preocupaciones que deben entrar en la reflexión teológica.

Desde su experiencia en la Santa Sede, ha destacado el valor de los documentos elaborados mediante la colaboración de personas de distintos países, culturas y ámbitos de conocimiento. “Lo que hacemos es organizar, facilitar, es poner la mesa”, ha explicado al describir esa labor al servicio del diálogo.

Apoya y cuida Noticias Obreras
Tu aportación hace posible un periodismo comprometido con la dignidad del trabajo, la justicia social y la esperanza. Puedes colaborar también a través de Bizum al 13744. Cualquier aportación, por pequeña que sea, suma y nos ayuda a seguir construyendo, día a día, esta mirada compartida al servicio del bien común