León XIV afirma que no se pueden aceptar las estructuras que perpetúan la injusticia

León XIV afirma que no se pueden aceptar las estructuras que perpetúan la injusticia
FOTO | Vatican Media
El Papa reclama una Iglesia “injertada” en el mundo, comprometida con la justicia y el bien común, y sitúa el mundo del trabajo entre los principales ámbitos de misión del laicado

León XIV ha afirmado que la persona creyente “no puede aceptar” ni la opresión de las personas pobres ni “aquellas estructuras injustas que perpetúan las condiciones de dependencia y de injusticia”, y ha situado el mundo del trabajo entre los principales espacios en los que el laicado está llamado a hacer visible la coherencia entre la fe y la vida cotidiana.

El Papa realizó esta reflexión este miércoles, durante la audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro, en la quinta catequesis dedicada a la constitución pastoral Gaudium et spes, dentro del ciclo sobre los documentos del Concilio Vaticano II.

León XIV comenzó rechazando una comprensión de la Iglesia como una realidad separada de la sociedad. La Iglesia, explicó, no está “por encima de” ni “junto” al mundo, sino “injertada en él” y comparte con la humanidad “la fragilidad y la belleza” de la historia.

De esa presencia en el mundo deriva también una responsabilidad respecto de la realidad social. Citando su encíclica Magnifica humanitas, señaló que el entrelazamiento de la vida de la Iglesia con los pueblos y las culturas permite comprender que su misión “tiene un alcance histórico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las relaciones sociales”.

Rechazo a las estructuras que perpetúan la injusticia

En este sentido, el Papa sostuvo que la misión de la Iglesia incluye contribuir a la “construcción de la ciudad terrenal”, aunque sus métodos y su finalidad no sean principalmente políticos. Esa presencia debe expresarse, señaló, mediante “el testimonio de la fe y de la caridad, junto con el compromiso por la justicia, la paz, la fraternidad”.

Así, “el creyente no puede aceptar la opresión de los pequeños y de los pobres, ni tampoco aquellas estructuras injustas que perpetúan las condiciones de dependencia y de injusticia”, afirmó.

León XIV sitúa el compromiso cristiano más allá de la ayuda individual o asistencial y lo vincula también con las condiciones sociales que generan y reproducen situaciones de desigualdad y dependencia.

En ese marco, el Papa volvió a señalar la Doctrina Social de la Iglesia como orientación para la acción de los cristianos y las cristianas y para su colaboración “con todas las personas de buena voluntad” en la promoción del bien común.

La Iglesia desea desarrollar su misión “en servicio de todos”, dentro de cualquier régimen político que reconozca los derechos fundamentales de las personas y de las familias y los imperativos del bien común.

La lógica del beneficio a toda costa

El Papa incorporó además una crítica directa a una forma de organización social orientada exclusivamente por criterios económicos.

“La lógica del beneficio a toda costa y la manipulación de la información”, advirtió, pueden ejercer una presión indebida sobre las personas para que se adapten a un estilo de vida centrado en el consumo de bienes materiales.

Consecuentemente, León XIV situó la misión de la Iglesia en la defensa de la dignidad humana, la justicia y la fraternidad.

Su planteamiento enlaza así con una de las cuestiones recurrentes de las anteriores catequesis dedicadas a Gaudium et spes: la necesidad de medir el progreso no solo por sus avances económicos, científicos o tecnológicos, sino por sus consecuencias sobre la dignidad de las personas y sobre la vida social.

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La fe se juega también en el mundo del trabajo

León XIV dedicó una parte específica de su intervención a la responsabilidad del laicado y recuperó una de las afirmaciones más exigentes del Concilio Vaticano II sobre la relación entre fe y vida.

La separación entre la fe que se profesa y la vida cotidiana, recordó citando Gaudium et spes, “debe ser considerada como uno de los más graves errores de nuestra época”.

Por eso, la misión cristiana no puede quedar reducida a los espacios específicamente religiosos.

El laicado, explicó el Papa siguiendo el texto conciliar, está llamado desde el bautismo a “animar el mundo con el espíritu cristiano y la visión del Evangelio”.

Y señaló expresamente dos ámbitos principales para esa tarea: “la familia y la actividad laboral”, aunque recordó que este compromiso debe extenderse a todos los espacios de la vida.

La referencia al trabajo adquiere así un lugar específico dentro de la catequesis. No aparece solo como una cuestión económica o como objeto de la Doctrina Social de la Iglesia, sino como uno de los ámbitos fundamentales en los que el laicado está llamado a vivir de forma coherente su fe.

Una Iglesia atenta a lo que ocurre en la sociedad

En la última parte de la audiencia, León XIV insistió en que la Iglesia debe permanecer atenta a “lo que en la sociedad sucede y se desarrolla”.

Todo el Pueblo de Dios y, especialmente, los pastores y los teólogos tienen la responsabilidad de discernir las transformaciones culturales de cada época.

Ese discernimiento, precisó, exige una actitud capaz de mirar positivamente el mundo sin quedar sometida a las modas culturales ni renunciar a la integridad del mensaje cristiano.

“No es diluyendo los contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo”, afirmó recuperando unas palabras pronunciadas en mayo ante el Dicasterio para la Evangelización.

La Iglesia “solo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la salvación de toda la humanidad”, concluyó.

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