El obispo García Cadiñanos llama a la Iglesia a organizarse y promover procesos de transformación social

El obispo García Cadiñanos llama a la Iglesia a organizarse y promover procesos de transformación social
FOTO | Diócesis Mondoñedo-Ferrol
El obispo de Mondoñedo-Ferrol defiende que la Doctrina Social de la Iglesia “pertenece al núcleo de la enseñanza y de la vivencia de la fe” y reclama revisar las propias prácticas eclesiales. Advierte también de los riesgos de la inteligencia artificial para el trabajo y la dignidad humana

El obispo de Mondoñedo-Ferrol, Fernando García Cadiñanos, ha animado a las comunidades cristianas a superar una comprensión meramente teórica de la Doctrina Social de la Iglesia y a comprometerse con la transformación de las realidades que vulneran la dignidad humana.

“Yo creo que es muy interesante que como Iglesia seamos capaces también de provocar o de animar procesos transformadores frente a estas cuestiones”, afirmó durante la presentación de Magnifica humanitas, celebrada el 6 de octubre en Burgos, en la conferencia de apertura del curso del Aula de Doctrina Social de la Iglesia que dedicará a la primera encíclica de León XIV.

Ante las profundas transformaciones sociales, económicas y culturales provocadas por la digitalización y la inteligencia artificial, García Cadiñanos reivindicó una Iglesia comprometida con las preocupaciones de la humanidad, capaz de interpretar los cambios históricos desde el Evangelio y contribuir a construir una sociedad más justa.

“La Doctrina Social de la Iglesia pertenece al núcleo de la enseñanza y de la vivencia de la fe”, subrayó. No constituye una materia secundaria ni un conjunto de orientaciones reservado a especialistas. Su finalidad es ayudar a las comunidades cristianas a conocer la realidad, discernir sus implicaciones éticas y actuar en consecuencia.

Una Iglesia que examine también sus propias prácticas

Una de las reflexiones más significativas de García Cadiñanos estuvo dirigida hacia el interior de la comunidad eclesial. Al comentar los principios de Magnifica humanitas, destacó la invitación a examinar si la dignidad humana, el bien común, la solidaridad y la justicia social están presentes en la organización y las prácticas de la Iglesia.

“Revisemos en nuestra Iglesia si estos principios están configurando o no nuestra vivencia de Iglesia”, planteó. La doctrina social no puede servir únicamente para evaluar las actuaciones de empresarios, representantes políticos, sindicatos o instituciones económicas. También debe orientar la vida de las parroquias, las decisiones pastorales y el ejercicio de las responsabilidades eclesiales.

Durante el coloquio posterior defendió “una imagen de Iglesia implicada, que se complica”, que ilumina, discierne y camina junto a la humanidad. En este sentido, reivindicó la orientación del Concilio Vaticano II y una presencia eclesial comprometida con las preocupaciones y necesidades de las personas.

La justicia social, principio para transformar las estructuras

García Cadiñanos destacó como una de las aportaciones de la encíclica la presentación de la justicia social como principio estructurador de la convivencia, y no únicamente como virtud personal.

La justicia social, debe entenderse “no solo como una virtud de que yo tengo que ser justo, sino un clima social que se tiene que construir en las sociedades para que todos realmente tengan cumplidos sus derechos”, explicó.

Esta perspectiva permite trasladar la reflexión moral desde los comportamientos individuales hacia las estructuras económicas, políticas y sociales que condicionan la vida de las personas.

El obispo recordó también la vigencia del destino universal de los bienes, el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad como criterios para discernir las decisiones colectivas.

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Durante el coloquio extendió esta reflexión al ámbito digital. Los datos, la información y los algoritmos, señaló, deben contemplarse también desde su dimensión social y utilizarse “para beneficio de todos, no solo para el beneficio de unos”, frente a la concentración del poder económico y tecnológico.

La inteligencia artificial y la dignidad del trabajo

La conferencia abordó las consecuencias de la inteligencia artificial para las personas trabajadoras y el mundo del trabajo.

García Cadiñanos advirtió de la precarización, la sustitución de determinados puestos de trabajo y la velocidad con la que las personas trabajadoras se ven obligadas a adaptarse a los cambios tecnológicos.

“El tema del trabajo se ve afectado no solo en sus formas, sino en su propio ser”, afirmó. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, recordó, el trabajo constituye una dimensión fundamental del desarrollo humano, porque permite a las personas formarse, crecer y participar en la construcción de la sociedad.

También alertó de la exclusión provocada por la brecha digital y de las condiciones indignas de trabajo que pueden esconderse detrás de los sistemas de obtención y procesamiento de datos.

“La técnica y la inteligencia artificial no es neutral, sino que refleja valores y decisiones”, explicó al advertir de la falsa objetividad de estas herramientas y de la concentración del poder tecnológico.

“Nos deshumanizamos cuando la decisión se la dejamos hacer a una máquina”, expresó. Aunque reconoció las posibilidades positivas de estas tecnologías, insistió en que deben permanecer al servicio de las personas y no sustituir su capacidad de decisión.

García Cadiñanos concluyó su reflexión reivindicando una Iglesia capaz de conocer la realidad, acompañar a quienes sufren sus consecuencias y promover respuestas colectivas desde la justicia, el diálogo y la fraternidad.

Una responsabilidad que, insistió, depende también de la voluntad de los cristianos de comprometerse y organizarse para impulsar procesos transformadores.

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